Les voy a contar un secreto que incomoda mi consciencia desde hace años… voy a revelar el pedido de auxilio de una entidad que detalló un hecho con nombre y apellido. Nunca me animé a tomar acción por diferentes miedos, pero creo que la temática de este articulo me está brindando la oportunidad de cerrar un capitulo. Es la oportunidad de marcar con una tilde a una tarea inconclusa de mi vida.
Era el año 1.997, estábamos reunidos en casa con mis compañeros de la escuela secundaria. Recuerdo que estábamos escuchando "Flaca" de Andres Calamaro y tomábamos "Pronto Shake" en latitas, cuando apareció el primer bostezo. Esa fue la señal de que la noche comenzaba a pedir alguna actividad más entretenida. Yo esperaba ansioso la ocasión adecuada para sorprender a todos, en cualquier momento alguien se aburriría y diría “¡¡juguemos a algo!!” Y entonces si! en ese preciso instante les presentaría un juego que prometía dejar a todos con la boca abierta.
Unos días antes, estuve de visita por la casa de mi abuela. Se trata de una casa con más de 80 años que conserva la misma pintura y la misma decoración desde que tengo memoria, incluso tiene intactos todos los adornos, cuadros y posters de la habitación de mi mamá. Cada visita a ese cuarto es como un viaje al pasado. Esa tarde me aburrí de jugar al solitario con las cartas y le pregunté a mi abuela si tenía algún juego para que pudiera pasar la tarde. Fíjate en el cuarto de tu madre, seguro encuentras algo - Me dijo.
Abrí la puerta de un ropero viejo y se me iluminaron los ojos! había decenas de juguetes intactos! algunos casi más modernos que los que yo tenía. Claro! mi abuelo viajaba mucho y en cada regreso lo acompañaba un regalo para mi mamá. Encontré un “mecano” que me emocionó porque traía 500 piezas para armar, también había una mini batidora a pilas, y por el final debajo de una caja de muñecas articuladas algo me llamó la atención. Era una tabla de color marrón con todas las letras, los números y algunos símbolos como el sol y la luna, en la parte inferior del tablero se podía leer “Adiós”. Venia acompañada por una especie de triangulo con una lupa circular incrustada en el centro y al medio de la lupa traía un clavo de bronce.
Inmediatamente corrí a preguntarle a mi abuela de que se trataba ese extraño juego. Lo miró y dijo, ah eso? sirve para comunicarse con los espiiiiritus!! - intentó asustarme con una voz tenebrosa pero no pudo evitar reírse al final. Yo quedé fascinado, con una mezcla de temor y curiosidad. ¿y cómo se juega? solicité rápidamente. ¡Ah no sé! yo nunca jugué a esas cosas - dijo.
Bueno, ok no hay problema, voy a averiguar cómo funciona. Fui a sentarme en el patio e instintivamente coloqué la tabla sobre mis piernas y las yemas de mis dedos sobre el triángulo. De pronto sentí un escalofrío que me estremeció y me dio algo de miedo a lo desconocido. Levanté las manos en el acto. Que estoy haciendo? me pregunté (recordando las películas de exorcismos y posesiones) Dudé en continuar hasta que vi con más detenimiento la caja que la contenía. Se trataba de “un juguete” elaborado y distribuido por “Parker Brothers” una de las fabricas más reconocidas en la industria juguetera, incluso traía una leyenda que decía " +8 " indicando que recomendaban el juego a niños mayores de esa edad. Bastante bizarro ahora que lo pienso, pero si era fabricado en serie por una juguetería, entonces no había motivo para asustarme. ¿Pero cómo se jugaba? no había instrucciones en la caja, pero si una imagen que podría darme algún indicio. Debajo de la palabra OUIJA podían verse las manos de 2 personas apoyando sus yemas sobre el puntero. Ah claro!! (Exclamé para mí mismo), no se puede jugar solo, necesito un compañero. En parte debo reconocer que me sentí aliviado con el descubrimiento, porque la verdad, no quería volver a intentarlo solo.
El fin de semana siguiente me tocaba poner la casa para la juntada de la escuela, ese era el momento perfecto para intentar hacerla funcionar, y mentiría si no admito que también veía en la ouija una herramienta para impulsar mi popularidad en el colegio, (algo que por esos tiempos creía que era importante).
El día llegó, el momento apropiado se presentó y por fin mostré el misterioso juego a los ojos curiosos de mis compañeros. Un “Woww” al unísono se escuchó para su recibimiento, exclamaciones de todo tipo y susurros me llegaban de todos los rincones, Éramos un grupo de 20 adolescentes ingenuos que no median el peligro, todos deseosos de vivenciar nuevas experiencias y crear anécdotas épicas que podamos contar a otros amigos. Solo dos chicas se negaron a participar, el resto estaba desbordando exaltación, ya estaban preparando las preguntas que se iban a transmitir a los invocados. Seleccionamos los primeros 5 participantes y empezamos.
El primer intento comenzó con la pregunta tímida - ¿Hay alguien ahí? - todos conteníamos la respiración esperando algún movimiento. Se hizo un silencio profundo como por 15 segundos hasta que los ojos expectantes de los presentes dejaron de fijarse en el triángulo para comenzar a ver las caras y expresiones de los demás, - ¡prendamos una vela y apaguemos la luz!- sugirieron. Así que aprovechamos la oportunidad para cambiar de jugadores y le subimos el nivel de miedo a la noche iluminando la sala por la luz del fuego.
Segundo intento, se repite la pregunta pero esta vez con una voz quebrada, casi sollozando -¿hay alguien ahí? - la llama de la vela parecía bailar con más intensidad provocando sombras que inquietaban, solo se escuchaban las respiraciones cada vez más agitadas hasta que de pronto se escuchó una voz ronca como de vieja -Siii acá estoy pendejos!! jaja- todos soltamos una risotada y se rompió la tensión con la broma de uno de los chicos que se escondía en la oscuridad. Prendimos la luz y aceptamos que el misticismo ya se había perdido. Mejor pongamos música de nuevo y juguemos a las cartas.
Al otro día no pude esconder mi decepción, realmente pensé que funcionaría. Le pregunté a mi madre como hacía ella para jugar y me dijo que solo la usó 2 veces con sus primas. Jugaban a comunicarse con el mas allá, asustaban a otras amigas pero nunca se movió sola, ¡es solo un juguete! exclamó acariciándome el pelo. Entonces es un juguete súper aburrido, dije suspirando mientras dejaba la caja en el aparador del living donde se quedó por varias semanas.
Después de un tiempo, mi hermana tuvo una pijamada con un grupo de amigas, pude notar mientras me dirigía hacia mi cuarto que la caja de la ouija ya no estaba en el aparador. Me dormí temprano esa noche, pero me desperté de un salto en la madrugada por los gritos de terror que salían del cuarto de mi hermana, llantos y llamados desesperados a mis padres para que vayan a quedarse en el cuarto, nadie más durmió esa noche.
Resulta que dentro del grupo de amigas se encontraba Noelia, una chica que ya había jugado antes algo similar conocido como el “el juego de la copa” (básicamente es lo mismo que la ouija pero usan una copa en lugar del puntero triangular), lo llamativo es que cuando ella tocó el triángulo, la ouija comenzó a funcionar. Según me contó mi hermana, en el momento en que se movió por primera vez, también se cortó la luz en el cuarto y un fuerte ruido como una explosión se sintió en la ventana de su cuarto que daba a la calle. Fue como si alguien o algo se estrellara sobre la persiana de madera. En fin, una anécdota que hasta el día de hoy ellas siguen contando.
¿Pero entonces funcionó?
-Si si, se movía súper rápido- exclamó mi hermana.
-Parece que antes no funcionaba porque solo se activa con personas que han jugado alguna vez, como si ellos fueran pasando una especie de energía entre los participantes nuevos o algo así, no sé.
-¿Y qué les dijo?
-Nada! empezó a dibujar círculos y después se cortó la luz.
¿Querés que probemos de nuevo? le dije.
-Noo!! estás loco! me muero de miedo.
-Pero dale, si total es de día, vamos a la lavandería. No va pasar nada.- Traté de convencerla. La emoción era demasiada, no podía creer que algo paranormal esté ocurriendo.
Cerré puertas y persianas del lugar, prendí una vela vieja que tenía desde el intento fallido con mis compañeros, y nos sentamos frente a frente para una nueva oportunidad.
Al principio fue un temblor casi imperceptible, como un calambre sutil que recorría mis brazos y se concentraba en las puntas de los dedos. Pensé que mi hermana estaba haciendo fuerza. Le miré la cara y la vi blanca, los ojos como platos. Ella también lo sentía. Y entonces, el puntero se movió. No fue un tirón, sino un deslizamiento lento, pesado, como si lo arrastrara algo con mucha más fuerza que la nuestra.
Un escalofrío me recorrió la espalda. La joda se había terminado. El ambiente en la lavandería se puso espeso, pesado. El aire olía a polvo y a cera derretida. El puntero se arrastró, con una determinación que nos erizó la piel, primero hacia la "S", luego a la "O", y se frenó nuevamente en la "S"... S-O-S.
La palabra quedó flotando en el silencio, más ruidosa que cualquier grito. Mis dedos querían soltarse, rebelarse, pero una parte de mí, morbosa y aterrada, necesitaba saber. "¿Quién sos?", pregunté, y mi voz me sonó extraña.
El triángulo se movió de nuevo, más rápido esta vez, deletreando un nombre que no reconocí: "N-I-C-O". Las yemas de mis dedos estaban heladas, como si el frío de la madera se me estuviera metiendo en los huesos. "¿Qué querés?", susurró mi hermana, casi temblando.
La respuesta nos dejó sin aire. "R-E-Z-E-N P-O-R M-I".
Rezen por mí.
No era una amenaza, ni un mensaje siniestro. Era una súplica. Una petición desesperada que me atravesó como un cuchillo. Pero en lugar de compasión, lo que me invadió fue un miedo visceral, primitivo. ¿Quién, o qué, era este "Nico"? ¿qué mueve realmente el puntero? ¿Fue nuestra energía inconsciente, algún deseo oculto y estúpido de creer, que se manifestó en un movimiento colectivo que ni siquiera percibimos? ¿O había realmente algo ahí? un alma atrapada, el eco de una persona que una vez existió, y que usó nuestra torpe conexión para gritar al otro lado?
En ese momento, no lo pensé. Solté el puntero como si me hubiera quemado. "Cortamos", dije, y mi voz sonó a grito. Mi hermana, aliviada, encendió la luz de un golpe. La normalidad regresó a medias, Nos miramos como preguntándonos si esto realmente había pasado.
-Viste que si funciona!- me dijo -Quiero saber porque hay que rezar por él -
-Esperá!- le respondí algo avergonzado porque evidentemente yo tenía más miedo que ella- sigamos más tarde, todavía tengo que asimilar todo esto- dije mientras apagaba la vela y me reincorporé para abrir la puerta.
Mi hermana se quedó con la tabla, yo salí a caminar con mil preguntas dando vueltas por mi cabeza. Miraba el cielo contemplando su inmensidad como buscando alguna respuesta, y pensaba… entonces si hay algo más allá de la muerte, existe el cielo, existe dios. Alguien desde el más allá, me pidió que rezara por él, eso quiere decir que dios existe! Esas eran algunas de mis conclusiones llenas de asombro, emoción y algo de temor.
Volví a mi casa con más determinación y valor para encontrar respuestas,
¿Dónde está la Lucy? le pregunté a mi mamá,
-Salió con su amiga Noelia-
Bueno, parece que la curiosidad de mi hermana no me tuvo paciencia y recurrió a su amiga para reemplazarme, ahora solo me quedaba esperar su regreso para conocer la trama en un rol espectador.
Pasaron unas horas y por fin volvió.
-Sebas! Sebas! no sabes, venimos de la iglesia, fuimos a rezar, hablamos con un cura, nos volvimos a comunicar con Nico!- mi hermana estaba exaltadísima.
-Contame por partes, quiero saber todo desde el principio- le dije.
-Si si, primero le pregunté por qué quería que recemos por él, estuvimos varias horas deletreando pero se movía bastante rápido. Nos contó que tiene 9 años y lo último que recordaba era haber tenido un accidente de auto con un camión y después se despertó en un lugar feo, oscuro donde se escuchan voces y tiene miedo de seguir en ese lugar porque hay otros seres que parecen malos. ¡Por eso nos pidió que recemos por el! tenemos que rezar para que él pueda salir de ese lugar-
-Le contamos al padre Ignacio y al principio nos pidió que quememos la Ouija pero cuando terminé de contarle se quedó pensativo y nos dijo que podría ser un alma atrapada en el purgatorio, que recemos un misterio del rosario y que no juguemos nunca más, porque nos puede aparecer algún demonio.
Uff!! mi cabeza casi explotó, sentí que estaba inmerso en el surrealismo, dudando de mi propia existencia y a la vez afianzando creencias que dejaron de ser teorías. En este momento vuelvo a percibir esa sensación mientras escribo… también me sorprende la facilidad con la que recordé y escribí todo… Que loco!! acabo de notar que llevo 2.222 palabras escritas!! creo que me explayé demasiado para un artículo que debía ser corto. Y lo peor es que todavía no he contado la parte más importante del relato!
Voy a tener que hacer un resumen obligado. Quería contar algunos testimonios más a modo de aclarar la experiencia y darle más veracidad pero lo dejo a criterio de las personas que lean este artículo, lo que sí puedo asegurar es que fui testigo real de una especie de contacto con otro plano y creo que puedo asegurar que no se trataba del efecto “ideomotor” con el que la ciencia explica los movimientos de la Ouija, porque los mensajes que fui recibiendo definitivamente no salían de mi cabeza. Si! así es, no le hicimos caso al cura y seguimos jugando, contactando y rezando por esos seres que no sabían donde se encontraban, eran seres confundidos y algunos ni siquiera se habían enterado de que ya no estaban en el plano físico, no sabían que habían muerto. El dato importante es que todos los seres contactados tenían algo en común, todos habían fallecido de forma repentina, como en accidentes, suicidios, o de formas más perturbadoras como la que voy a describir brevemente a continuación, muerte por asesinato.
Lamento no poder describirlo con lujo de detalles, voy a ir directamente al hecho. Esa tarde habíamos salido a pasear con mi novia y un grupo de 3 amigos, fuimos a un balneario conocido como “La Hoya” terminamos de bañarnos, tomar mate y antes de que anochezca Lorena, mi novia, sacó de su mochila el juego con el que estábamos traumados, casi adictos, no pasaba un día sin que jugáramos y esa tarde no iba ser la excepción. Acomodamos una frazada a modo picnic y empezamos igual que siempre, como si fuese cuestión de rutina, ya sin los temores que acechaban al principio. Pero esta vez fue distinto, comenzó a soplar un viento fuerte y las hojas de los arboles parecían silbar una canción tenebrosa, el puntero empezó a girar con una velocidad que no era común, parecía estar vivo! alguien dijo, se viene una tormenta mejor nos vamos. NO!! Apuntó el oráculo, no se vayan. Necesito su ayuda.
Mi nombre es Carlos Risma y fui asesinado por mi amigo en este mismo lugar. La persona que me asesinó se llama Eduardo Orozco. Mi familia cree que me ahogué pero quiero que sepan la verdad. Llamen a este número 4283……1 Adiós.
Extrañamente el viento se calmó y lo que parecía una tormenta ahora era una noche tranquila, mi novia tenía lágrimas en los ojos, todos estábamos mudos, shockeados, impactados con la información que habíamos recibido y la sensación de cargar una montaña de responsabilidad, quedamos involucrados en un hecho delictivo como testimonio atemporal ¿cómo hacíamos? ¿por dónde empezar? ¿que debíamos decir? el camino de regreso a la ciudad estuvo lleno de preguntas y planteos, de a poco nos fuimos animando a opinar y hacer conjeturas. Tenemos que avisar a la policía. No, solo nos pidió que avisemos a la familia, llamemos y listo. A lo mejor ni existe el número.
Al llegar lo primero que hicimos fue ir a buscar la guía telefónica, fuimos hacia la letra R, vivo en una ciudad relativamente chica por lo que la cantidad de usuarios con apellido Risma se limitaba a solo 7. Comenzamos a comparar los números telefónicos con el número que habíamos anotado. Los ojos de Lorena se volvieron vidriosos -Acá está - dijo - ¡es el mismo número!- y salió corriendo al baño dejando caer la guía al piso. Nos quedamos helados. Era real!! Por primera vez teníamos una certeza que conectaba el juego con la realidad y desgraciadamente nos ponía en una posición que no sabíamos como manejar. Llamá vos. No ni loco llamá vos! Abrimos la guía, el número que coincidía con el que teníamos en el papel le correspondía a un tal Roberto Risma. Hay que hacerlo!! Hagamos un sorteo para ver quien llama. Mi novia nunca salió del baño por lo que solo participamos 4, y el elegido fue Javier, un chico algo tímido pero que esa noche comenzó a hablar hasta por los codos. -Pero tengo 14 años, no me van a creer. ¿y cómo le digo? me van a meter al manicomio, mejor no digo nada de la Ouija.- Agarró la bocina del teléfono y yo marqué el número mirándolo desde el papel que trajimos del campo.
-Hola, ¿familia Risma?
-Si.
Clap!! Asentó fuertemente la bocina en la base del teléfono y cortó la llamada inmediatamente.
-No lo voy a hacer, si no digo lo de la Ouija pueden rastrear la llamada y acusarme de estar involucrado en el asesinato, me van a llevar a la comisaria a tomar declaraciones, ¿que le voy a decir a mis viejos? me van a matar si se enteran que estuve jugando a la ouija.-
Todos quedamos meditativos, era realmente complejo, era una llamada muy difícil. Nadie se animó, nos asustamos mucho con eso de quedar enredados en cuestiones policiales. Bueno tranquilicémonos un poco y probamos mañana.
Al otro día tampoco nadie se animó, ni al siguiente, y así hasta que esa presión en el pecho que nos dificultaba respirar fue desapareciendo, con los días solo fue algo de angustia y después de una semana comenzamos a convivir con ese secreto incomodo, evitándolo en la mayoría de las conversaciones pero sintiendo que siempre estaba ahí carcomiendo nuestra paz, susurrándonos al oído que éramos unos cobardes, un secreto que encerré durante muchos años…
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