Capítulo 1 — La Casa y las Cruces
Tras la muerte repentina de sus padres, Andrea y su hermano Matías se mudaron a una vieja casa heredada en el campo, alejada de todo. El terreno era amplio, pero había algo que inquietaba a Andrea:
💀 Tres cruces clavadas en la tierra, atrás del granero.
Viejas. Astilladas. Podridas.
Como si llevaran siglos ahí.
Una vecina anciana, al verlos instalarse, se acercó caminando con dificultad.
Ojos hundidos, voz quebrada.
—No se acerquen a esas cruces cuando la luna esté llena —advirtió—.
Y si escuchan el canto… corran adentro y cierren todo.
Andrea intentó preguntar más, pero la anciana solo dijo:
—Ellas la han estado esperando.
🩸 Capítulo 2 — El Canto
La primera noche de luna llena, Andrea se despertó con un sonido extraño.
Un canto suave… pero distorsionado.
Voces de mujeres… que parecían venir de debajo de la tierra.
Se acercó a la ventana con el corazón latiéndole en los oídos.
Allá, junto a las cruces…
tres mujeres desnudas se movían alrededor del suelo como si bailaran en un ritual quebrado.
Sus cuerpos eran tan delgados que sus huesos se marcaban bajo la piel.
Sus movimientos eran imposibles, como si se dislocaran para poder seguir bailando.
Andrea notó que la tierra entre las cruces respiraba.
Subía y bajaba lentamente…
Las mujeres levantaron la cabeza al unísono.
Ojos blancos.
Sonrisa ennegrecida.
Una de ellas le habló sin mover la boca:
—Ven… hija de la sangre…
Andrea retrocedió. Cerró las cortinas. Se tapó los oídos.
Pero la voz ya estaba dentro de su cabeza.
🩸 Capítulo 3 — La Marca
Al día siguiente, Matías amaneció con moretones negros en el pecho.
Cinco dedos marcados con fuerza inhumana.
—Tuve un sueño raro —dijo, sin expresión—.
Mamá está ahí afuera… pidiéndome que la saquemos…
Andrea sintió una punzada de terror.
Su madre estaba muerta y enterrada lejos de ahí.
Matías comenzó a hablar dormido cada noche:
—El ritual ya empezó…
—No la dejes sola…
—Ella me necesita…
Una noche, se levantó y caminó hacia las cruces.
Andrea lo sujetó del brazo.
Él giró la cabeza de una forma inhumana.
Su sonrisa se estiró más allá de lo posible.
Y dijo con la voz de su madre:
—Déjame salir, hija…
🩸 Capítulo 4 — El Nacimiento del Mal
Andrea huyó con lágrimas en los ojos a casa de la anciana.
La mujer la esperaba… como si supiera que vendría.
Le entregó un frasco con cenizas y un mechón de pelo:
—Tus padres dedicaron su vida a mantenerlas encerradas —reveló—.
El sacrificio fue pactado antes de que tú nacieras.
Andrea cayó de rodillas.
—¿Sacrificio? ¿Qué sacrificio?
La anciana la miró con pena:
—Tu hermano.
Andrea no lo aceptó. Corrió de vuelta a casa.
Llegó tarde.
La tierra se abría alrededor de las cruces.
Matías estaba de rodillas… llorando… implorando ayuda.
Las brujas comenzaron a emerger:
—Piel gris
—Cráneos abiertos
—Dientes como puntas de metal
—Cabello como raíces húmedas
El canto se transformó en gritos de hambre.
La tierra tragó a Matías entre alaridos desesperados.
Andrea saltó para atraparlo…
Solo alcanzó a rozar sus dedos antes de que el suelo se cerrara.
El silencio fue peor que los gritos.
🩸 Capítulo 5 — La Heredera
Andrea lloró hasta perder la voz.
Pero entonces escuchó a alguien a su espalda.
—Gracias por el sacrificio, hija mía.
Era la bruja más alta.
Se movió hacia ella con calma.
Su boca se abrió de lado a lado…
y respiró sobre Andrea.
La marca de Matías comenzó a aparecer en su piel.
Negra. Ardiente.
Aceptando la sangre
Andrea sintió su mente quebrarse.
El cielo se nubló.
La luna brilló justo encima de ella.
El canto volvió…
pero ahora era la voz de Andrea quien lo entonaba.
Sus ojos se volvieron blancos.
Ella tomó el lugar de la bruja sacrificada.
Su cuerpo se arqueó. Sus huesos crujieron.
Su sonrisa se estiró hasta las orejas.
El ciclo continuó.
🩸 Epílogo — La Nueva Guardiana
Dicen que si pasas cerca de esas tierras en noche de luna llena…
Verás a una sola figura femenina junto a las tres cruces.
Cabello oscuro.
Ojos vacíos.
Cantando para la tierra.
Cuidando que nadie toque las cruces.
Cuidando que otra víctima llegue pronto.
Y si la miras demasiado tiempo…
Ella te mira también.
🩸 Una advertencia final:
Si alguna noche escuchas un canto extraño en el campo…
No respondas.
Y nunca mires hacia las cruces.
Porque Andrea… todavía tiene hambre.


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