Esta película de terror coreano espectral, del director Kim Soo‑jin, nos trae en su última película un nuevo ejemplo del terror urbano del cual nos sentimos identificados los Latinoamericanos, y en mi caso, como argentino. Y es que en el común de las narrativas de terror norteamericano, siempre han presentado sus escenarios en casas unifamiliares de los suburbios, las mismas que idealizamos habitar si llegáramos a ser millonarios, cuando para el yankee promedio de clase media resulta no solo una normalidad, sino un escenario de terror. Mientras que en el caso del cine coreano, abandonar un departamento, a pesar del espectro que lo habite, se vuelve una idea impensada con lo que cuesta lograr ser propietario de tan solo un piso.
¿Qué es lo terrorífico aquí? ¿la imposibilidad de elegir un mejor lugar? ¿convivir con la frustración de vecinos quienes tampoco tienen esa opción? ¿o el espíritu vengativo del egoísmo social?. Y es que son elementos consumidos sin digerir desde nuestra perspectiva. El cine norteamericano presenta historias de rencor vengativo como móvil de sus espectros, pero acontecido dentro de la perversión intrafamiliar, siendo ello el motivo del castigo hacia los inocentes propietarios. El yankee insiste en culpar a Dios, o a la mala suerte, por sus tragedias, castigando a los inocentes como reacción. Ello imposibilita toda empatía o comprensión en los espectros, convirtiéndolos en estas figuras demoníacas que solo gozan con hacer sufrir a los demás.

En Noise, se rompe esta perspectiva, al presentarnos un entorno habitacional vertical, en donde el dolor es incomprendido y hasta despreciado por el mero interés individual. El “ruido” sin causa, que aturde el sueño y tranquilidad individual, es el recuerdo de la existencia de un otro ausente, ausente por el abandono y la indiferencia de los vecinos de un bloque de departamento. Y es este elemento arquitectónico que rescato del cine coreano, ya que presenta otro tipo de desafíos narrativos, como a su vez novedosos conceptos sociales a tratar y exponer.
En esta película tenemos un elemento destacable, que es la dirección de los inquilinos y propietarios, que busca velar por el sostenimiento del valor inmobiliario de la propiedad, censurando los rumores sobre muertes y desapariciones y de la posibilidad de que el asesino esté entre ellos. Mientras tanto el ruido es adjudicado al gobierno de la ciudad, quienes no hacen las obras correspondientes de remodelación del edificio, buscando descomprimir la tensión interna entre los inquilinos, y la justificación de los rumores.

Aquí la historia logra deslizar con sutileza estos cuestionamientos internos en torno a la convivencia. El “silencio”, se vuelve un requisito para evitar levantar sospechas, y seguir sosteniendo una vida de paz en la psiquiátrica indiferencia. Los fantasmas en la película pueden ser la estela vengativa de las víctimas de esa indiferencia, o el aferramiento a un recuerdo culposo de haber sido responsables de esas mismas víctimas, sin intención. Torturándonos en la locura de convencernos que siguen vivos, como forma de silenciar la ruidosa verdad de nuestra responsabilidad pasada, presente y futura.
Gracias a PELIPLAT, por compartir el link de la película y poder realizar y difundir este breve análisis de una obra de terror mas que satisfactoria, y como debe ser, terrorifica.

FICHA TÉCNICA
Título: Noise: Sonidos del más allá
Título Original: Noise
Dirección: Kim Soo‑jin
Guion: Lee Je‑hui, Kim Yong‑hwan, Kim Soo‑jin
Género: Terror sobrenatural/Thriller
País: Corea del Sur
Año: 2024
Duración: 93 min.
Calificación: SAM 13 años
Distribuye: Terrorífico Films
REPARTO
Lee Sun-bin
Ryu Kyung-Soo
Jeon Ik-ryeong




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