El Espejismo cotidiano:Cuando el Mundo Me pidió una Verificación. 

¿Alguna vez has sentido que la realidad es solo un acuerdo tácito que todos hemos decidido respetar, y que tú, por un instante, has decidido romper ese pacto? Yo si. Y quiero contarte ese momento, porque fue como si alguien hubiera desenfocado el lente de mi vida y me hubiera dejado viendo los píxeles de la existencia.

El inicio: fisuras en el Asfalto

No fue un evento dramático; no hubo terremotos ni luces parpadeantes. Fue un martes, cerca de las 4 de la tarde. Estaba terminando de revisar unos correos, con el aire acondicionado zumbando suavemente. De repente, el zumbido se detuvo. No es que se apagara el equipo, si no que mi cerebro dejo de registrarlo como sonido. Hubo un silencio absoluto, pero no era un silencio pasivo ; era un silencio activo, como si el universo hubiera puesto el mundo en pausa para ajustar algo.

Levanté la mano y la miré. La luz que entraba por la ventana se refractaba en mi piel de una manera que me pareció artificial. Senti que mis dedos no eran míos, sino protesis muy bien diseñadas. Intente moverlo rápido, esperando ver un rastro, una estela borrosa, pero el movimiento era demasiado fluido, demasiado perfecto. Ahí comenzó el pánico silencioso: si mis propias extremidades no se sentian como mías, ¿ Qué me quedaba de real?.

Me levanté con cautela. Cada paso resonaba demasiado fuerte en el suelo de madera. Fui a la cocina, el corazón latiendome contra las costillas. Abrí la nevera. Los colores de las frutas y verduras eran vibrantes, casi saturados, Como si alguien hubiera subido el contraste al máximo. Toqué una manzana; estaba fría, dura, pero la sensación era superficial, como si estuviera tocando una pintura al óleo muy realista.

La dudas se volvió contagiosa. Si el objeto unanimado no me daba seguridad,¿ qué pasaría con los seres vivos? Mi perro max, estaba durmiendo en su cama. Me acerqué lentamente. Él levantó la cabeza, me miró con esos ojos profundos y movió la cola una vez. Ese movimiento, tan automático y lleno de cariño, debería haberme tranquilizado, pero en ese instante, me pregunté: ¿y si máx es solo un algoritmo de afecto muy bien logrado? ¿y si su cola solo se mueve porque mi subconsciente espera que lo haga?

La inmersión en la duda colectiva

Tuve que salir. Necesitaba el caos humano, la evidencia de la fricción y la imperfección que solo se encuentra en la multitud. Me puse mis zapatos y salí a la calle principal . El Sol de la tarde era cegador, pero no sentía su calor; solo veía la luz. La gente pasaba a mi lado con su teléfono sus risas predecibles, sus destinos claros. vi a una pareja discutiendo apasionadamente sobre dónde irían a cenar. Su intensidad era admirable, pero mi mente ya estaba en modo analista: ¿Están realmente enojados, o están ejecutando el “módulo de conflicto interpersonal 3.4 ”?

Me detuve frente a un kiosco. El vendedor me saludó con su saludo habitual. Yo le respondí con una voz que me sonó hueca, Como si viniera de un altavoz mal calibrado. Intenté romper el guión. Le pregunté: “¿Qué pasaría si mañana el cielo fuera verde?El vendedor parpadeó una vez, se frotó la nuca y me respondió con una sonrisa forzada: ”Bueno, joven, si el cielo fuera verde, creo que le pondría el mismo precio a las revistas".

Esa respuesta, tan mundana y evasiva, fue la prueba definitiva. No era que el mundo fuera falso; era que yo estaba operando en una frecuencia diferente. Los demás estaban tan inmersos en su propia realidad simulada que mi pregunta, que para mí era vital, era para ellos un ruido irrelevante. Estaba solo en un teatro lleno de actores que no sabían que estaban actuando.

Me alejé del kiosco, sintiéndome agotado por el esfuerzo de mantener la fachada. Me senté en un bordillo, observando mis propias manos temblar. ¿Qué hago ahora? ¿Acepto que soy un error y me quedo paralizado? fue entonces cuando noté algo pequeño y hermoso: una flor silvestre, de un morado intenso, creciendo obstinadamente entre dos grietas del cemento. Era imperfecta, un poco torcida, luchando por existir en un espacio hostil. Y esa lucha, esa necesidad de ser, me golpeó con una verdad simple: si la realidad es una ilusión, la única forma de hacerla mía es impregnándola de mi propia voluntad y emoción.

El miedo no se fue, pero se transformó en asombro. Si el mundo es un lienzo, y yo soy el artista ( aunque sea un artista dudoso),Tengo el poder de pintar con colores más intensos. Decidí que, a partir de ese momento, no buscaría la confirmación externa de que mi vida era real. La construiría yo mismo, con cada decisión, con cada emoción genuina que hiciera sentir el frío del pavimento o el aroma de esa flor imposible. Esa tarde Ariel, no encontré la respuesta definitiva o si el mundo es una simulación perfecta. Pero encontré algo mejor :La certeza de que mi experiencia dentro de el con todo su caos y su belleza luchadora, sí lo es.y eso, para mí, fue la verificación que el mundo me había estado pidiendo.

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