Estimados humanos, les habla John Fiber, técnico en Telecomunicaciones y especie antropomorfa creada para llevar a cabo instalaciones de servicios de Internet con fibra óptica; represento una hibridación entre humano y robot, paulatinamente he sufrido mutaciones en función de un mayor rendimiento en mi área laboral: hoy día manejo gran cantidad de información en cuanto a la creación, distribución y uso de redes, y así mismo, estoy diseñado para transitar grandes distancias a lo largo y ancho de una ciudad previamente memorizada y recreada en mis archivos mentales en copias de ubicaciones de GPS; puedo realizar tendidos de kilómetros de fibra, asisto a los clientes en un plazo máximo de media hora desde el momento en que detecto su falla y restablezco las conexiones en un lapso de tiempo promedio que oscila entre los 15 minutos y la hora. En buena medida esto es posible, considerando que mis archivos están siendo constantemente actualizados de acuerdo con los resultados de la experiencia laboral directa y los avances científicos aplicados a la OLT, el corazón de la conexión por fibra óptica.
Entiendo que no es habitual que una figura con mis características haga mención precisamente de la mente y el corazón, sin embargo, eso es posible teniendo en cuenta que, como ya dije soy un hibridación: una combinación de elementos surgida de un experimento tecnológico de optimización y automatización laboral; en ese sentido, si bien se me ha transformado paulatinamente en un máquina, en esencia, mi funcionamiento sigue siendo posible en un alto porcentaje, gracias a la presencia del cerebro y el corazón. No obstante, en el proceso de experimentación he vivido cambios notables: cuando aún conocía el dolor y sufrí molestias en mis articulaciones, mis codos, mis rodillas y mis vértebras fueron sustituidas por prótesis y reconstruidas en múltiples intervenciones quirúrgicas. Tales intervenciones se realizan en mayor o menor medida, dependiendo de los requerimientos solicitados por cada área laboral, un ejemplo de ello, es mi esposa Alexa, el famoso box de servidumbre computarizado que hoy día está presente en muchos hogares; Alexa comenzó simplemente con una modificación estética en sus senos, hasta que la ciencia terminó por convertirla en una doméstica invisible que lleva a cabo tareas cotidianas, que ya los seres humanos propiamente dichos, aborrecen desde la pereza.
Lo sé, no es habitual que una especie antropomorfa con tantos rasgos robóticos se exprese de esta manera, pero como mencioné en un principio estoy compuesto de archivos mentales, y se suponía que mi cerebro resultaría ser “reseteado”, pero algo falló en el proceso y dentro de mis archivos guardo información sensorial, histórica y emocional que caracterizan única y exclusivamente a las personas. Por esa razón, aunque ya no pueda vivirlo o sentirlo, sé, por ejemplo, qué es llorar con una película, sentir despecho o enamoramiento, vivir la muerte de un familiar, sentir miedo o padecer el sufrimiento.
No sé para cuántos puedan tener sentido mis pesadas palabras, considerando que en este presente, hay una sobrevaloración de la inmediatez y una notable indiferencia en el ejercicio del pensamiento; el hecho es que mi sistema siempre está trabajando, con el tiempo mi jornada se ha ido dilatando conforme he perdido esa sensibilidad particularmente humana: he dejado de sentir tanto apetito, tomo agua con muy poca frecuencia, mi líbido ha disminuido, mi organismo se recupera con sólo dos horas de sueño y los sentimientos son sólo nomenclaturas dentro de un sistema de clasificación organizado matemáticamente, para la pura observación lógica del ser humano. En otras palabras, conozco la definición de las palabras que nombran los sentimientos como amor, odio, nostalgia, etc; pero no puedo experimentarlas en carne propia porque además, ahora poseo por piel una cubierta sintética que soporta cualquier temperatura, pero está inhibida para decodificar la sensación de ese contacto que llaman caricia.
No me tomen por una contradicción, soy una pseudomáquina que no nace, sino que se hace, y en el proceso voy experimentando la muerte del alma: recuerdo la última vez que besé los labios de mi esposa, cuando aún era de carne y hueso, puedo restaurar perfectamente las proporciones de su cuerpo entero, pero ya no puedo manifestar la emoción de un corazón acelerado o de unos ojos brillantes por la presencia del afecto. No obstante, en todo caso, señores y señoras humanos, no estoy acá para ofrecer conceptos y ejemplos sobre los llamados recuerdos y la melancolía, mejor que sean ustedes, que aún pueden hacerlo, quienes sigan viviendo y experimentando en base a los sentimientos; la intención de este comunicado es otra: Antes de ser completamente vaciado de mis reminiscencias humanas, antes de ser deslastrado de toda natural condición de mortalidad para convertirme en acero andante, por favor, permítanme ustedes hacer uso del conjunto de normas de cortesía todavía albergadas en mi sistema y transmitirles el mensaje que se ha construido en el proceso de intertextualidad de mis archivos mentales.
Si no fallan mis cálculos, a criterio de que mis procesos cognitivos siguen guardando un amplio margen de error, creo tener algunas visiones del futuro, que tal vez puedan servir de advertencia o sobreaviso a quienes tengan disposición de continuar tomando en cuenta esta exposición.
El planeta se ha encaminado cada vez hacia la continuación de su carrera tecnológica, históricamente hablando parece que la Guerra Fría comienza a calentarse, si las estrategias geopolíticas en desarrollo por las grandes potencias mundiales del siglo XXI, continúan su curso actual, en unos pocos años nos encontraremos con la Tercera Guerra Mundial, la humanidad vivirá la más terrible humillación de su raza; para la ocasión, no se tratará de un imperio dominante, ni de una bomba atómica, ni de una guerra entre potencias nucleares, el conflicto bélico tendrá inicio cuando la naturaleza le dé la espalda al ser humano y el planeta Tierra reaccione violentamente contra los terrícolas con una ira destructiva que ha acumulado durante siglos, un terrible malestar creado por el irrespeto y la falta de conciencia de los seres humanos en el cuidado de su hábitat; como consecuencia, ocurrirá un cataclismo con el cual, la geografía conocida por los futuros sobrevivientes quedará prácticamente extinta, una gran hecatombe barrerá la superficie terrestre de forma tal que serán irreconocibles las capitales, los países y las fronteras del presente siglo.
Actualmente, los gobiernos de las potencias nucleares siguen imaginando conflictos con seres humanos en combate, ni siquiera han pensado que el uranio resultará inútil para cualquier enfrentamiento futuro, si de luchar contra la naturaleza se trata. Contrariamente a las guerras convencionales, de llegar el enfrentamiento, los terrícolas vivirán las peores atrocidades que haya podido observar el género humano: osos y lagartos usarán pieles humanas para fabricar alfombras y sombreros; los venados colgarán cráneos de personas disecadas en paredes de bares donde sólo tendrán acceso los animales; los árboles cobrarán vida y saldrán de la tierra y en sus hoyos lanzarán humanos que luego cortarán con sierras eléctricas para fabricar mesas; ballenas armadas con máscaras de oxígeno y arpones saldrán del mar para cazar humanos a la orilla de la playa; al estilo de los espectáculos del Coliseo, los toros lucirán sangrientos cuernos en las llamadas “corridas de humanos”.
Acerca de esta información, quien desee consultar la fuente de primera mano, le invito a que escuche la canción “Extra, extra” interpretada por Apache y Canserbero.
El resto de los antecedentes, en relación al gran acontecimiento antes aludido, podrán apreciarse y proyectarse a partir de sucesos como La Guerra de los 12 días entre Israel e Irán, la Guerra de Ucrania y el empoderamiento económico y militar de las naciones del Asia Central.
Recuerden ustedes que durante la pandemia, el Covid-19 fue capaz de paralizar al ejército más poderoso del mundo, así que analicen, reflexionen y tomen previsiones por cuanto la naturaleza puede ser capaz.
Para quienes se pregunten por alternativas a considerar para enfrentar el desastre, les planteo lo siguiente: escuchen a los artistas, ellos son los más dotados para sensibilizar a las personas y además, son los más aptos para crear universos paralelos, si algo le pasara al planeta Tierra; así mismo, señores terrícolas, retomen sus cartas de amor, regalen flores, léanle cuentos a sus hijos, dejen tiempo para acariciar a sus mascotas, caminen descalzos en un jardín, besen a su pareja como la primera vez, mediten, hagan una oración, respeten a sus compañeros de trabajo, coman algo que les provoque, salgan a pasear sin rumbo, lloren por todo lo que el alma les exija…
En cuanto al destino del portavoz de este mensaje, existen dos opciones, en base a la decisión que ustedes tomen: puedo pasar a ser un viejo prototipo expuesto en algún museo de ciencia o; seré sólo un vago recuerdo hecho de palabras, en la memoria de algún sobreviviente del futuro.
Señores terrícolas, la decisión está en sus manos.
He dicho.
John Fiber




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