“¡Cada vez más curioso!” —exclamó Alicia (estaba tan sorprendida que por un momento olvidó cómo hablar correctamente). “¡Ahora me estoy estirando como el telescopio más grande que jamás haya existido! ¡Adiós, pies!”
Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas, Capítulo II: El charco de lágrimas (1865)
Del conejo
Antes de que el mundo se lea y se desdoble en líneas verdes de código, hay una frase que nos advierte lo que se viene:“Sigue al conejo blanco.” La frase aparece como un susurro digital en la pantalla de un hombre que aún no sabe quién es. ¿Es Thomas A. Anderson, programador de día, o es Neo el hacker de noche? Cuerpo presente, mente ausente.
Instantes después, una joven llama a su puerta, en su hombro izquierdo un tatuaje: un conejo blanco. Anderson duda, mira la pantalla, mira el tatuaje, mira su vida y decide seguirla. Esa decisión es el primer acto de desconexión y, tal cual como Alicia, cae por la madriguera sin saber qué encontrará. Lo de la pildora solo es anecdótico.

De la madriguera
Al menos yo, así llegue a Matrix, por una suerte de convicción y curiosidad. Llegué por esa extinta madrigera en la CDMX: El Barrio Chino. Casi al final del siglo pasado, con 14 años y un gusto desmedido por el cine de acción.
Y yo, que buscaba una identidad “cool”, encontré al sombrerero perfecto: el abrigo largo, las gafas oscuras, el silencio elocuente, la posibilidad de ser alguien más allá del sistema, alguien que no obedecía, que dudaba y que se movía como si el mundo fuera maleable.

¿La cruda realidad?
Para los jóvenes de mi generación —los que vivieron su adolescencia entre los años 90 y principios de los 2000— Matrix entrelaza lo crudo y lo onírico, lo filosófico y lo sensorial, creando una estética que es a la vez distopía y sueño lúcido. Su universo visual y narrativo bebe del surrealismo, del cine noir y del anime, para construir una experiencia que desarma la realidad pero la vuelve digerible y disfrutable.
Revolución visual: El uso de los planos, las coreografías de combate y la estética estilo ciberpunk, ofrecieron una experiencia visual nunca antes vista, tanto para adolescentes y adultos acostumbrados al antihéroe de los 80´s. Fue el primer contacto con un cine que combinaba acción con profundidad.

Filosofía accesible: La película introdujo conceptos como la simulación, el libre albedrío, la percepción de la realidad y la identidad, todo envuelto en una narrativa atractiva. Esto permitió que jóvenes sin formación filosófica se acercaran a preguntas existenciales.

El elegido y sus apóstoles
Neo, interpretado por la estrella en ascenso Keanu Reeves, es un hacker silencioso e introspectivo que no busca venganza, sino verdad, ya que su viaje no es hacia afuera, como los héroes musculosos de los ochenta, sino hacia adentro. Su fuerza nace de la duda, no sabe quién es, no confía en el mundo, ni siquiera en sí mismo. Y asimismo, su cuerpo no es arma, es interfaz: su poder se activa cuando comprende que la realidad es maleable y que el código puede doblarse. Adémas, no está solo, lo acompaña su protector Morfeo, su interés amoroso Trinity y los piratas del Nabucondosor. El héroe ya no es solitario sino parte de una red.

El villano
En Matrix, al menos en la primera película, al Agente Smith nunca lo vemos en el mundo real. No respira, no sangra, no sueña. Es una entidad del sistema, una función programada para preservar la simulación. Su presencia es como el ente de una pesadilla. Es interpretado de manera magistral por Hugo Weaving.
Para una generación que empezaba a construir su identidad en línea, la idea de que el sistema podía convertirte en una copia, en un número, en un archivo, era profundamente inquietante.

Matrix fue dirigida por Lana y Lilly Wachowski, Con un presupuesto de 63 millones de dólares, lograron una estética única: cámaras lentas, coreografías de combate inspiradas en el cine hongkonés, y efectos visuales revolucionarios como el “bullet time”. La fotografía de Bill Pope y el montaje de Zach Staenberg reforzaron la sensación de que el mundo podía doblarse, congelarse, reescribirse o absorberse.
Su banda sonora, compuesta por Don Davis, mezcla cuerdas tensas, percusiones industriales y atmósferas digitales. Pero más allá de la música incidental, la película se apoya en una selección de temas que definen su espíritu, donde participan bandas como The Deftones y Rage Against The Machines para acompañar lo ya de por si convulso.

Matrix no se cierra: se reescribe
Para quienes crecimos entre cables, preguntas y madrigueras urbanas, Matrix fue más que una experiencia estética: fue una iniciación. Nos enseñó que la realidad podía doblarse, que la identidad podía elegirse, que el sistema podía ser enfrentado no con músculo, sino con conciencia, arte, imagén y palabras. Nos dio un abrigo largo, unas gafas oscuras, un silencio elocuente, ritmo, duda y red.
Y si el conejo blanco solo señala, nosotros decidimos seguirlo. Porque al final, Matrix no nos pidió entenderla, nos pidió elegir… Y elegimos despertar.
Si mi entrada te gustó, agradecería la ilumines para que llegue a más personas (yo haré lo mismo) y ojala puedas leer mis demás entradas de los retos cinéfilos:
¿Así es el amor?: Titanic, catársis y frustración




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