Como seguidor de las series originales que integraron la gran saga de “Star Trek”, debo reconocer que mis opiniones acerca de este film de 1994 pueden estar influenciadas por mi apego a sus primeras versiones como aquella serie de TV, a la que veia con nostalgia desde fines de la década de 1960, cuando era apenas un niño. Luego seguí con asiduidad los largometrajes que le siguieron desde 1979, los que siempre contaron con su elenco original de 1966-1969. Y en una tercera etapa, comencé a ver la serie de 1987-1994, “Viaje a las estrellas: La nueva generación”, que contaba con un nuevo reparto pero que seguía en lineas generales con argumentos y formatos parecidos a los de su predecesora de fines de los años “60”.
Finalmente, los productores de ambas versiones pensaron que era inevitable que ambas historias se encontrasen, para lo cual decidieron realizar una película en la que los dos elencos se cruzaban, salvando la brecha de casi un siglo que los separaba con el inevitable recurso del viaje a través del tiempo. Fue así como desde su mismo comienzo, “Star Trek: Generations” nos presentaba a un almirante James Kirk (William Shatner) junto con sus antiguos oficiales Checov y Scott, invitado especialmente al viaje inaugural de la nave “Entreprise B, Clase Excelsior”. Allí tienen lugar una serie de desafortunados incidentes que culminan en la desaparición física de Kirk, quien es dado por muerto al ser alcanzado por los rayos de un cinturón de energía, aunque no se encontró el mas mínimo rastro de su cuerpo.
Ochenta años después, la acción continua con la nave “Enterprise D”, al comando del capitan Jean Luc Piccard (Patrick Stewart), quien es arrojado también involuntariamente hacia ese cinturón energético que se había tragado antes a Kirk, llamado “Nexus”, a causa de las delirantes teorías de un científico demente llamado Doctor Soran. Según este último, esta anomalía espacial tendría la virtud de congelar el tiempo dentro de sus límites y en medio de un estado de perpetua felicidad, y con tal de mostrar sus hipotesis descabelladas no tiene mejor idea que arriesgar a una nave interestelar con toda su tripulación hacia un aventura por demás incierta. Al tratar de detener a Soran, Piccard es atraido también hacia el “Nexus”, mientras todos sus demás compañeros son destruidos junto con la “Entreprise D” en un distante y desconocido planeta que recibe el impacto de la explosión energética de la anomalía cósmica.
Es aquí donde el personaje encarnado por P. Stewart se encuentra con un sitio donde el tiempo parece estar congelado en un hipotético momento de felicidad familiar plena. Pero su ensoñación es interrumpida por la inesperada y repentina aparición de Kirk, quien no había muerto, sino que ocho décadas antes había sido absorbido también por el “Nexus”. Ambos capitanes acuerdan tratar de salir del encierro energético y eliminar a Soran, para asi corregir el curso de los eventos recientes. Hasta aquí, “Star Trek: Generations” parecía seguir la trama de sus films predecesores y de muchas de sus peliculas sucesoras, pero un final paradójico, incierto y por demás triste iba a arruinarla.
En efecto, el hecho de que alguien que hubiese estado muerto varios años antes de no haber mediado su captura por el “Nexus”, como Kirk, volviera a fallecer en una pelea con el desquiciado Soran no deja de ser paradójico, ya que esto desafía toda lógica temporal. Lo mismo puede decirse de la incertidumbre que genera el hecho de que el sacrificio realizado por el personaje interpretado por W. Shatner pueda NECESARIAMENTE conducir a la salvación de Piccard y toda la tripulación del “Entreprise D”, en una variación del tiempo que bien podría llevar a cualquier otro desenlace. Y finalmente, no deja de ser lamentable que la figura que haya iniciado esta saga termine de una manera tan triste sus días, puesto que Kirk bien podría haber vuelto a su encapsulamiento eterno dentro del “Nexus”, casi como una figura mítica, para ser recordada por los siglos de los siglos como un heroe mas que legendario.




¡Comparte lo que piensas!
Sé la primera persona en comenzar una conversación.