John Cena vuelve a ponerse el traje de Peacemaker en la segunda temporada de la exitosa serie de HBO Max sobre este peculiar e irreverente personaje. E inherentes a nuestro controvertido superhéroe, vuelven el caos, el humor absurdo, la intro coreografiada, la violencia, y esa cuota sorprendente de corazón tipica de su autor, James Gunn. Pero, para muchos de los fanáticos, expectantes de cada paso que dé el director ahora que maneja el Universo de DC en el cine, el final de esta temporada nos dejó suspendidos entre el entusiasmo y la desconfianza. El desenlace no solo sacude todo lo construido hasta el momento, sino que también, y nunca mejor dicho, abre una puerta que nadie estaba seguro de querer cruzar.
James Gunn, Cabeza del DCU
Durante la última década, DC en el cine vivió un ciclo de ambición, caos creativo y volantazos ejecutivos. Tras el fracaso del antiguo DCEU bajo la tutela inicial de Zack Snyder, y la despedida pública de Henry Cavill como Superman, Warner decidió detener la máquina y entregarle las llaves del universo a James Gunn, un director que supo destacarse en Marvel y que fue el único capaz de darle un atisbo de personalidad al viejo DC con The Suicide Squad (2021) y la primera temporada de Peacemaker. Hoy, con el reinicio completo del canon y una nueva visión que busca recuperar al héroe clásico desde una sensibilidad moderna, el futuro del DCU se puso aprueba en su primera gran apuesta: Superman (2025). Gunn llego para reconstruir desde las ruinas, intentando devolverle alma, identidad y propósito a una franquicia que durante años corrió detrás de Marvel sin saber quién era. La respuesta fue, en muchos sentidos, un respiro y una declaración. No es una película perfecta ni pretende serlo. Es una reinterpretación fresca, accesible y cargada de convicción, que recupera la esencia del personaje sin caer en la solemnidad impostada ni en el cinismo vacío. Gunn no rehúye a lo fantástico, lo pulp o lo ridículo cuando corresponde. Al contrario, lo abraza con naturalidad. Entre robots, kaijus y conspiraciones, lo que realmente importa es la humanidad del personaje y su voluntad de ser bueno incluso cuando el mundo parezca cada dia mas oscuro.

Y aunque esta película logro que deposite mi confianza en James Gunn, como bien hablo en este articulo más extenso que dedique a la película de Superman, mi voto aun no estaba ganado; había un elefante en la habitación que no podia ignorar: el inminente estreno de la temporada 2 de Peacemaker, que, al ser una continuación de una serie que inicio como parte del anterior universo cinematográfico de DC, la idea de continuarla me parecía un capricho de un James Gunn aferrado a sus viejos personajes, y que su inclusion solo podría traer problemas de continuidad al pasarla al canon distinto del nuevo DCU. Y dicho y hecho.
ANTERIORMENTE EN…. ¿?
The Suicide Squad (2021)
Christopher Smith, mejor conocido como Peacemaker (interpretado por John Cena), es un asesino que cree en alcanzar la paz a cualquier costo, sin importar cuántas personas tenga que matar para lograrlo. Lo conocemos por primera vez en The Suicide Squad (2021), donde es reclutado por Amanda Waller, directora de A.R.G.U.S., para unirse a un grupo de criminales, el Escuadrón Suicida, en una misión para destruir evidencia de un proyecto secreto del gobierno.
Durante la misión, Waller le ordena en secreto asegurarse de que todas las huellas del proyecto sean borradas, incluso si eso implica matar a sus propios compañeros. Cuando Rick Flag Jr., un soldado leal a Waller, intenta detenerlo, ambos luchan y Peacemaker termina matándolo. Sin embargo, otro integrante del equipo, Bloodsport, le dispara en el cuello y lo deja al borde de la muerte. En la escena post-créditos, se revela que Peacemaker sobrevivió.

Peacemaker, Temporada 1
La serie arranca con él recuperándose de sus heridas. Waller lo devuelve al campo y le asigna un pequeño equipo clandestino: Economos, Adebayo, Harcourt y Murn, junto a otro vigilante llamado justamente Vigilante. El grupo descubre una especie alienígena llamada las Mariposas, que invaden cuerpos humanos viviendo dentro de sus cerebros. A lo largo de la temporada, desentrañan la verdad detrás de la invasión hasta finalmente detenerla.
En paralelo, el pasado de Peacemaker vuelve a atormentarlo, especialmente su relación con su padre, White Dragon, un supremacista blanco violento que lo entrenó y torturó desde pequeño. Peacemaker carga con la culpa de haber matado accidentalmente a su hermano durante una pelea “de entrenamiento”. En el presente, padre e hijo finalmente se enfrentan, y Peacemaker mata a su padre, liberándose de ese trauma.
En el final, Adebayo quien se revela como la hija de Amanda Waller hace pública la verdad sobre Task Force X, Belle Reve y las operaciones ilegales de su madre. Tras la batalla final, aparece la Liga de la Justicia con siluetas de Superman, Wonder Woman y Batman, mientras que Aquaman y Flash sí se ven en pantalla e intercambian un breve chiste con el equipo de Peacemaker.

Soft reboot
Originalmente, The Suicide Squad (2021) y la primera temporada de Peacemaker ocurrían dentro del DCEU (el universo de Man of Steel, Batman v Superman, etc.). Después de la reorganización de DC Studios y la llegada del DCU de James Gunn y Peter Safran, se modificó la continuidad para que la temporada 2 encaje con la película Superman (2025) y los futuros proyectos.
En el resumen del inicio de la temporada 2, la escena original de la Liga de la Justicia (con Jason Momoa y Ezra Miller) fue reemplazada por la “Justice Gang”, con las nuevas versiones del DCU: Superman, Supergirl, Mr. Terrific, Guy Gardner y Hawkgirl, manteniendo el tono cómico del cameo original. No es un reinicio total; los eventos de la temporada 1 siguen siendo válidos, pasaron, pero no exactamente de la forma que los vimos.

Traer a Peacemaker al nuevo DCU es, sinceramente, un movimiento tan entendible desde lo emocional como enredado desde la lógica. James Gunn claramente no quiere abandonar a estos personajes, porque los construyó con cariño, identidad y una voz propia muy marcada. Eso se respeta. El problema aparece cuando se intenta encajar ese apego dentro de una reestructuración tan grande como la que propone el DCU. Un reinicio debería ofrecer claridad, una línea de partida limpia y sin dudas. En cambio, lo que tenemos acá es un híbrido extraño donde lo que vimos en la temporada 1 cuenta, aunque no exactamente como lo vimos, y donde viejas conexiones del DCEU se sienten presentes y ausentes al mismo tiempo. Es como si el universo anterior hubiese sido editado encima con corrector líquido en lugar de haber sido reemplazado por completo. La escena del recap modificada para cambiar a la Liga clásica por la “Justice Gang” resume ese sentimiento. Funciona como guiño gracioso, ponéle que sí, pero también deja flotando la sensación de que este nuevo universo ya empezó torcido, negociando constantemente con su pasado en lugar de construir un camino propio desde cero. Para el espectador casual esto puede ser simplemente raro. Para el fan atento, muy a su pesar, es un recordatorio constante de que todavía no existe una identidad totalmente definida. Se siente menos como el nacimiento de algo nuevo y más como una mudanza donde todavía hay cajas abiertas de la casa anterior.
Los puntos positivos de esta segunda temporada

Por suerte, la serie logra apartarse de esta extraña carta de presentación y su contexto quilombero en el canon, y construir algunas tramas y momentos interesantes.
Peacemaker vuelve en su segunda temporada con una energía arrolladora, expandiendo todo lo que hizo especial a la primera y llevándolo a un nivel más ambicioso, extraño y emotivo. La serie retoma a Chris Smith en un momento clave de su vida, decidido a ser un mejor hombre aunque el universo parezca empeñado en empujarlo hacia la violencia, la culpa y sus peores impulsos. La misión ya no es salvar al mundo a cualquier costo, sino salvarse a sí mismo de convertirse para siempre en la sombra de lo que su padre quiso que fuera. James Gunn, lejos de bajar la apuesta tras su paso por Superman, duplica la apuesta emocional y nuevamente abraza con gusto la rareza extraterrestre, los desvíos multiversales y las explosiones de humor absurdo que chocan y conviven con un corazón trágico profundamente humano.
La temporada deja un poco de lado la acción (como demuestra la casi total ausencia de escenas de Peacemaker usando su traje) para tomarse su tiempo en las emociones, sin perder el caos ni el espíritu punk. Chris enfrenta versiones alternativas de su familia, revive traumas y descubre que la paz no se consigue escondiendo las heridas sino confrontándolas. Cada episodio avanza mientras enfrentamos la incomodidad de ver a un hombre con buenas intenciones tropezar una y otra vez. John Cena ofrece su trabajo más auténtico y vulnerable, encontrando en la torpeza emocional de Peacemaker un terreno ideal para crecer como actor y mostrar sus capacidades; un nivel de actuación no habitual en los actores que vienen del wrestling.
El grupo que lo acompaña brilla con igual fuerza. Sobre todo Adebayo y Hartourt. La dinámica del equipo se profundiza y evidencia que, por más cocaina y sangre que les caiga encima, el alma del show está en esas relaciones rotas que intentan recomponerse. La inmadurez en muchos de sus momentos de humor choca con la madurez emocional de varios de los momentos personales de la temporada.
Como James Gunn se proyecta en el personaje de Chris Smith

Ya entraremos en varias de las falencias del último episodio de esta segunda temporada, pero sin dudas su punto más alto, el que resume las virtudes de la temporada (su profundidad y desarrollo de personajes), es esa escena en el motel que Peacemaker comparte con sus amigos. Ahí, el grupo, con Adebayo como voz central, le hace saber a Peacemaker que él no es lo que cree de sí mismo. No es un ángel de la muerte ni una persona dañina por naturaleza. Es alguien lleno de amor, un tipo que cuida a los suyos y que, pese a sus errores, intenta hacer lo correcto. En ese momento sus amigos logran mostrarle a Christopher Smith quién es realmente, y lo rescatan de un pozo emocional para impulsarlo a seguir adelante.
Es entonces cuando entendemos por qué James Gunn habló con tanto orgullo de esta temporada y por qué la llamó su obra más personal hasta la fecha. Porque James Gunn ES Peacemaker.
Uno de los temas centrales de la temporada es la lucha contra el sistema que usa, manipula y finalmente descarta a quienes ya no le sirven. La corrupción de A.R.G.U.S y el universo paralelo dominado por nazis son dos caras de la misma moneda. Peacemaker y los chicos de la calle 11 descubren que fueron piezas descartables del gobierno, y esa revelación los empuja a construir su propio camino y fundar una agencia que no repita la oscuridad de las instituciones que los traicionaron.
Ese recorrido tiene un espejo claro en la vida del propio Gunn. Un creador que empezó desde abajo y llegó a convertirse en una pieza importante dentro de una maquinaria gigantesca de un sistema como Disney y Marvel, hasta que el sistema decidió deshacerse de él sin contemplación. Aquello lo sumió en una depresión de la que, segun sus propias palabras, solo pudo salir apoyado en sus amigos y en su esposa, casualmente la actriz que interpreta a Emilia Harcourt en la serie, quien logra un efecto parecido en el personaje de Peacemaker en esta escena.
Leyendolo así, podemos considerar al personaje de Peacemaker como una clara proyección de James Gunn. Aquel que termina separándose del sistema que tanto lo utilizo hasta dejarlo roto y despojado (A.R.G.U.S/Disney), ayudado por sus amigos, su rubia amada, y la musica de Foxy Shazam (banda favorita del director y que escucha la pareja en la última escena) para así formar ellos su propio sistema, la empresa de defensa Checkmate (o el DCU). Algo que poder manejar, algo propio, que venga desde el amor y la honestidad.
El paralelismo es evidente, casi imposible de ignorar, y funciona porque no suena a teoría rebuscada. Está en pantalla. Está en el corazón de la historia. Una vez mas, James Gunn demuestra que, nos gusten o no muchas de sus decisiones, es el unico autor importante del cine de superheroes en la actualidad. Peacemaker decide dejar atrás el ciclo de abuso institucional y construirse una identidad nueva, libre, cargada de propósito. Gunn hace exactamente lo mismo en su carrera, y esta temporada se siente como su catarsis filmada, una forma de cerrar heridas a través de la ficción y darle sentido a un camino lleno de golpes, expulsiones y renacimientos.
Pero cabe preguntarse algo que incomoda, y que en el contexto más amplio de la serie y del universo DC es inevitable: ¿Valió la pena? ¿Era este el momento para contar esta historia, tan íntima, tan centrada en la catarsis de su creador, en medio de un renacimiento que busca reconstruir una marca entera desde cero? ¿De verdad DC necesitaba que una de sus primeras grandes piezas narrativas del DCU fuera un viaje personal antes que un cimiento universal?
Potencial desperdiciado; tramas que no se resuelven en el final de temporada

Lo más frustrante de toda la temporada es la sensación permanente de potencial desperdiciado, casi como si estuviéramos viendo una obra que conoce perfectamente su ambición pero no logra sostenerla ni abrazarla con decisión. Uno espera toda la temporada ver algo verdaderamente sorprendente, y cuando llega el episodio final, te das cuenta que no lo tendrás. Desde el primer episodio queda claro que había espacio para una historia grande, dolorosa y transformadora, una exploración del trauma personal en paralelo a la descomposición institucional y la identidad fracturada de un héroe que nunca eligió ser lo que otros definieron para él. Sin embargo, a lo largo de los capítulos la serie parece avanzar con pasos cortos y derivativos, evitando el salto dramático que el material pedía y merecía. La estructura narrativa no termina de asentarse; los arcos se abren con fuerza para luego disiparse sin clímax, como si cada idea fuera una puerta que se abre apenas para después cerrarse sin atravesarla.
El caso más evidente es la rivalidad entre Peacemaker y Rick Flag Sr., un conflicto emocional cargado de culpa y contradicción moral que, desde The Suicide Squad, estaba listo para convertirse en motor trágico del personaje. Esa herida existía, tenía peso y legitimidad, y la audiencia esperaba verla explorada con una profundidad que revelara la complejidad de Christopher Smith, y nos presentara nuevas capas interesantes del personaje de Rick Flag Sr., que conocimos en la serie animada Creature Commandos (2024). En cambio, la temporada decide tratar este conflicto como un eco tenue, un recuerdo que aparece y se va sin dejar marca, sin atravesar realmente a ninguno de sus dos implicados.

La línea narrativa del universo nazi sufre una suerte similar. Existe una idea poderosa ahí, cargada de terror histórico, metáfora política y posibilidad de expansión del multiverso DC hacia terrenos incómodos y ricos. Presentar un universo dominado por nazis no es algo menor, y la introducción fue lo suficientemente impactante como para generar expectativa real. Sin embargo, esa promesa se diluye con una velocidad desconcertante. El conflicto aparece con estruendo y desaparece casi sin dejar huella, sin consecuencias, sin reflexión profunda sobre sus implicancias, sin un gesto contundente del guion que subraye el horror ni la carga simbólica de ese universo paralelo. Algo que podría haber sido un eje temático potente se convierte en una curiosidad pasajera, casi anecdótica, que deja una marca amarga que nunca termina por resolverse en este episodio final.

Mientras esas dos líneas narrativas se evaporan, la serie dedica una porción sorprendente de su tiempo a la insoportable subtrama de Eagly y el cazador, un componente que pretende ser humorístico y entrañable, pero que termina sintiéndose como un desvío innecesario que erosiona el ritmo. La ligereza no es mala por naturaleza, y Gunn siempre supo combinar el humor con demas elementos de sus historias. Sin embargo, aca la comedia no funciona como contraste ni alivio, sino como interferencia. Ocupa espacio que podría haber fortalecido conflictos dramáticos y el worldbuilding del DCU. Esta insistencia en el chiste fácil y la anécdota simpática, aunque comprensible dentro del ADN del personaje y del director, corta la profundidad que el relato pedía gritar.

Tampoco ayuda a disipar la decepción el hype creado por los fanaticos. Desde ya, nosotros los fans tenemos parte de la culpa. Ni nosotros, ni el propio Gunn, abandonamos las redes sociales, y estamos al corriente de lo que se dice y se teoriza de las próximas producciones de DC. Pero las palabras del mismo Gunn también nos vendieron algo para esta segunda temporada (específicamente para su episodio final) que no se nos dio. Se nos prometieron apariciones de personajes y conceptos que expandieran el universo de DC, y nada de eso estuvo aquí. No hay ni una pisca de Lore interesante; la construccion de mundo es vacua; el canon presenta mas contradicciones que promesas interesantes, y no se menciona ni se presenta a ningún personaje de los comics. En su lugar, Gunn presenta personajes originales con poco peso, como el cazador de águilas ya mencionado, o los multiples aliens o dimensiones alternativas que se encuentran dentro de las puertas, que terminan sintiendose como oportunidades desperdiciadas de regalarnos algun guiño copado a los fans.

Pero quizás lo peor del episodio final sea su última escena. En vez de abrazar sus temas, la temporada decide desviarse hacia la presentación apresurada del planeta Salvation como pieza fundamental del futuro del DCU, como si de repente la urgencia ya no fuera contar la historia de Peacemaker sino plantar semillas corporativas. La consecuencia es un desenlace que no se siente como clímax, ni como epílogo, ni como círculo completo. Se siente como una pausa incomoda a la espera del proximo capitulo.
En un momento donde DC intenta reconstruir su relación con el público y demostrar cohesión, dejar un final abierto sin confirmación de tercera temporada se siente como un lujo que la marca no puede darse. Más que ilusionar, inquieta; yo no quiero ver a Peacemaker y sus amigos teniendo una subtrama en una secuela de Superman, simplemente no son personajes que merezcan esa relevancia, y habría que priorizar a otros como a la Liga de la Justicia o demás jugadores importantes.
Este episodio nos demuestra que James Gunn tiene que dejar de trabajar en tantos proyectos a la vez, porque perjudica la calidad de los mismos al estar tan sobrecargado de trabajo. Pero sobre todo, nos demuestra que tiene que ordenar sus prioridades como cabeza del universo de DC, porque está tomando decisiones cuestionables.
Conclusion
Cierro con una idea que resume lo que deja esta temporada: Peacemaker sigue siendo una serie valiosa, distinta, sincera y capaz de emocionar cuando baja la guardia y mira directamente al alma rota de su protagonista. Hay momentos honestos, con chistes que funcionan sin cinismo, y una humanidad que no suele aparecer en este tipo de productos, menos si comparamos con tantas de las series genéricas que lanza Marvel. Cuando la serie se enfoca en Chris Smith, en su dolor, en su deseo infantil de ser querido y su búsqueda adulta de redención, se siente viva. Esa es la chispa que hizo brillar a Peacemaker desde el principio y que explica por qué tantos confiamos en Gunn.
El problema es que esta segunda temporada no se animó a ser solo eso. En su intento por convivir con la maquinaria del nuevo DCU, terminó tironeada entre ser una obra íntima y, al mismo tiempo, una pieza estratégica en un tablero corporativo más grande. Esa tensión no la potencia: la rompe. Lo que podría haber sido una historia redonda sobre duelo, identidad y renacimiento se fragmenta en guiños insatisfactorios, promesas y aperturas de puertas a la nada.
Si algo nos enseñó el propio viaje de Peacemaker es que abrazar quién uno es requiere valentía, convicción y foco. Ojalá el DCU aprenda esa lección también. Porque hay talento, hay emoción, hay un mundo que vale la pena ver crecer. Solo falta decidir si se quiere construir desde el corazón y con inteligencia, o desde la ansiedad, la prisa y el capricho personal. Y ese, hoy más que nunca, es el desafío que James Gunn tiene delante.




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