“Introduction to the End of an Argument”: desmontar la imagen del otro 

En 1990, en pleno clima de la Primera Intifada, el artista libanés-canadiense Jayce Salloum y el cineasta palestino Elia Suleiman estrenaron una obra que sigue siendo una referencia ineludible para pensar la relación entre imagen, poder y representación: Introduction to the End of an Argument / Muqadimmah li-Nihāyāt Jidāl.

Hace poco tuve la oportunidad de conversar con Jayce Salloum, quien me relató cómo fue el proceso de creación de esta película, nacida del archivo, del encuentro y del exilio. Su título, me dijo, “no busca clausurar una discusión, sino señalar que esa discusión, sobre Palestina, sobre la representación, sobre quién tiene derecho a hablar, todavía no ha terminado”.

La película surgió del diálogo entre dos mundos: el de un artista de la diáspora libanesa que vivía entre Nueva York y Vancouver, y el de un joven palestino, Suleiman, que recién comenzaba a filmar y que había vivido de cerca las fracturas del exilio. Ambos compartían una preocupación común: la forma en que Occidente mira y fabrica la imagen del árabe y del palestino. Durante un año entero trabajaron en la recopilación y selección de material, revisando horas de noticieros, películas, documentales y filmaciones propias de su viaje a Palestina en el contexto de la Primera Intifada.

Salloum me contó que ese proceso fue casi arqueológico: “Buscábamos las capas de sentido en las imágenes, queríamos entender cómo se construye la mirada de Occidente sobre nosotros”. El resultado fue un videotape de 41 minutos, híbrido entre documental, collage y ensayo visual, que combina material encontrado con imágenes propias filmadas en Palestina.

El título Introduction to the End of an Argument adquiere así un tono provocador: es el anuncio de una conversación inconclusa. Una introducción al fin de una discusión que, en realidad, nunca llega. “El argumento”, explica Salloum, “es la narrativa dominante, la historia oficial sobre Oriente Medio. Lo nuestro fue un intento de desarmarla desde adentro, de introducirnos en su sintaxis y descomponerla”.

La película se estructura en fragmentos, separados por intertítulos. No hay narrador, ni voz que explique: el sentido emerge del choque entre las imágenes. El montaje articula fragmentos de películas de ficción, noticieros y documentales con material filmado por los autores en Palestina.

En nuestra conversación, Salloum recordaba las largas jornadas de edición: “Era una especie de laboratorio. Íbamos mirando y rearmando, tratando de hacer que las imágenes hablaran entre sí. Queríamos que el público sintiera el ruido de la historia en la superficie de las imágenes”. Entre los fragmentos que integran el film aparecen escenas de The Sheik (1921) con Rudolph Valentino, Harum Scarum (1965) con Elvis Presley, Lawrence of Arabia (1962), Exodus (1960) o The Battle of Algiers (1966). Todas ellas conforman un archivo visual del orientalismo cinematográfico: un conjunto de imágenes donde el árabe aparece como salvaje, sensual, irracional o violento.

Salloum y Suleiman utilizan ese archivo para devolverle su peso ideológico. El montaje no busca destruir las imágenes, sino enfrentarlas entre sí, haciéndolas colisionar hasta que se revelen en su violencia simbólica.

Una de las tesis del film es que la Intifada llegó al mundo a través de los medios, y que, por tanto, nuestra comprensión de la resistencia palestina ha sido mediada por discursos occidentales. Introduction to the End of an Argument se propone entonces desmontar ese régimen de visibilidad: no mostrar “la verdad” sobre Palestina, sino exponer los mecanismos que distorsionan su representación.

Salloum lo resumió así: “No queríamos hacer una película sobre la Intifada, sino sobre la forma en que la Intifada era mostrada. Sobre el lugar desde donde se filma y se habla”. Por eso el film pone en escena la tensión entre hablar por uno mismo y ser hablado por otros, entre la auto-representación y la colonización del discurso.

La película, que tuvo una amplia circulación en su momento, fue proyectada en universidades, museos y festivales, pero también en Palestina, donde provocó reacciones diversas. Algunos espectadores la vivieron como una forma de reconocimiento, otros como una experiencia desconcertante. Para muchos palestinos era la primera vez que veían su propia historia contada de manera no lineal, desde el ruido y la fragmentación, sin traducción para el público occidental.

Formalmente, el film se inscribe en la tradición del cine-ensayo y del video experimental, heredero de las prácticas del Tercer Cine y del cine político de los años setenta, pero con una estética propia de la era mediática de los noventa; la intención era usar las mismas herramientas del poder mediático para revertirlas.

El montaje alterna entre el humor y la ironía, el exceso visual y el silencio. Se escuchan los noticieros estadounidenses narrando la “violencia árabe”, imágenes de bombardeos, discursos políticos, y, de repente, un fragmento de Elvis cantando en un desierto ficticio. En esa acumulación caótica surge una verdad más profunda: la continuidad entre el discurso colonial y la representación contemporánea.

El film despliega lo que el propio Salloum llama “un proceso de desplazamiento y deconstrucción”: un intento de detener la ideología incrustada en las imágenes, recontextualizarlas y abrir un espacio para las voces marginadas. Es, en sus palabras, “una forma de descolonizar la imagen, de devolverle su historia a quienes fueron borrados de ella”.

Cuando le pregunté por la recepción inicial del film, Salloum recordó el impacto que tuvo entre artistas y académicos del Mundo Árabe y la diáspora; “Cada contexto lo leyó de manera distinta. Pero para nosotros siempre fue una película política, no en el sentido de propaganda, sino de intervención simbólica. Queríamos crear una grieta en la mirada”. Esa grieta se vuelve visible en la forma en que la película rompe la lógica del espectador pasivo. Las imágenes no ofrecen respuestas; invitan a pensar. En lugar de “dar voz” a los palestinos, el film revela cómo esa voz ha sido sistemáticamente interceptada.

Salloum y Suleiman, que en aquel momento presentaron juntos la película en diversos espacios, continuaron luego caminos diferentes, pero el diálogo entre ambos permanece inscrito en el film. Suleiman desarrolló una carrera cinematográfica reconocida por su mirada satírica sobre la vida cotidiana bajo ocupación; Salloum, por su parte, siguió explorando el video y la instalación como medios para pensar la memoria, el archivo y el colonialismo visual.

Treinta y cinco años después de su estreno, Introduction to the End of an Argument conserva una fuerza sorprendente. En un contexto donde las imágenes de Palestina circulan a diario en redes y medios internacionales, las preguntas que plantea la película son más urgentes que nunca: ¿Quién produce las imágenes de la violencia? ¿Desde qué lugar se habla cuando se muestra la ocupación? ¿Qué miradas seguimos repitiendo sin saberlo?

La perspectiva de la subtitulación al castellano de la película abre la posibilidad de pensarla desde América Latina, desde otros territorios atravesados por la colonialidad de la mirada. El trabajo de Salloum y Suleiman dialoga de manera directa con las tradiciones del cine político latinoamericano, con su búsqueda de un lenguaje propio para hablar de la opresión y la resistencia. Más que un documental, Introduction to the End of an Argument es una pedagogía visual: enseña a mirar críticamente, a desmontar la construcción mediática de los palestinos, una invitación a dudar de todas las verdades prefabricadas.

En tiempos en que el genocidio en Gaza vuelve a ser transmitido con el mismo lenguaje de deshumanización que la película denunciaba en 1990, Introduction to the End of an Argument reaparece como una herramienta para leer críticamente el presente. Volver a esta obra, es una forma de continuar la conversación que Salloum y Suleiman iniciaron hace más de tres décadas. Su “introducción” sigue abierta, interpelándonos desde cada pantalla.

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