"Lamb" y su fantástico mundo animal Spoilers

Lamb (2021) es una película sumamente atrapante, perturbadora y bella de ver que narra la historia de una pareja que vive aislada en una granja remota de Islandia, dedicada a la crianza de ovejas. Su rutina solitaria (cansina, apagada) se ve alterada por un misterioso nacimiento que despierta en ellos una mezcla de ternura, esperanza y desconcierto. A través de una atmósfera inquietante y un paisaje que combina lo natural con lo sobrenatural, la película explora temas como la pérdida, el deseo de familia y los límites entre el ser humano y la naturaleza.

Se trata de la primera película del director islandés Valdimar Jóhannsson, quien previamente se especializaba en efectos especiales. El dato cobra sentido una vez visto el film, cuyo tono oscila entre la fantasía y cierto suspenso. La crítica mayormente ha identificado a la película dentro del género folk horror, pero lo cierto es que más que terror la película propone un clima de misterio para luego anclarse sí, claramente, en el mundo fantástico y dramático. Así, de hecho, lo entiende el propio director, quien también se sorprendió por esta recepción: “Para mí no es una película de terror, tengo que admitir que estaba muy sorprendido cuando la gente empezó a hablar de esta película como una cinta de terror porque aunque haya unos elementos que están relacionados al género, es mucho más un drama. O mejor dicho, un drama familiar más que de horror. Así que tengo que admitir que sí estaba un poco sorprendido y creo que la gente que va a ver Lamb y piensan que van a ver una película de terror, pueden quedar un poco decepcionados.” (Sopitas, 2021)

Así que ya saben, no esperen una de terror. Estén advertidos también: a partir de aquí está reseña revela algunas cuestiones de la trama, necesarias para el análisis, así que es mejor leerla después de ver la película.

Los primeros minutos de la película nos hacen entrar en la atmósfera tranquila de la vida de Maria y (la sueca Noomi Rapace) e Ingvar (Hilmir Snær Guðnason), su casa es austera pero cálida, y muy remota: ni un vecino a la vista. Lo que sí hay es animales: las ovejas que crían, el perro que pastorea, el gato que vigila la casa con su mirada silenciosa. La cámara da lugar a esos seres, capturando sus gestos y rutinas. Es época de nacimientos y vemos a la pareja asistir a partos, retratados hiperrealísitcamente. En uno de ellos el ambiente rutinario se trastoca, y lo vemos en las caras de los protagonistas humanos: algo no está bien con ese cordero recién nacido. Ninguna palabra saldrá de sus bocas con pistas para entenderlo, y tendremos que esperar más de media hora para comprender lo que se venía insinuando.

Maria sostiene al cordero como a un bebé; Ingvar recupera de un depósito una cuna vieja, lo cual también nos da una pista acerca de un bebé (humano) que ya no está. El tiempo va pasando, el cordero va creciendo, y ahora tiene un nombre: Ada. La pareja se ve feliz, aunque se van insinuando elementos de sospecha. Una oveja adulta se para debajo de la ventana del cordero y llama por ella. Hasta que una tarde cuando vuelven de trabajar Ada no está. La buscan con desesperación hasta encontrarla en medio del campo, junto a unas ovejas. Por primera vez entendemos: Ada, que tiene una cabeza de cordero, tiene un cuerpo semi humano.

Un segundo momento de inflexión en la trama se da con la llegada del hermano de Ingvar, Pétur (Björn Hlynur Haraldsson), un músico caído en la desgracia por motivos que desconocemos y tampoco sabremos, porque más que contar su historia la película lo introduce como una representación de la mirada externa a esta situación que la pareja ha naturalizado. Hace oír sus preocupaciones, incluso intenta matar a Ada, para finalmente aceptar la situación. A partir de ahí la trama se va desarrollando, siempre a través de los silencios, fortaleciendo el vínculo entre Ada y su familia humana, con el peligro que acecha en diferentes momentos a través de la sugerencia de que hay también una familia ovina que la espera. Hacia el final, el conflicto se intensifica y se dramatiza, y ambos padres humanos lucharán por esa hija que consideran propia.

Una de las primeras preguntas que surgen al ver la película tiene que ver con el artificio: ¿cómo lograron hacer de los animales protagonistas? En ese sentido Jóhannsson cuenta que “Para mí, el cine es un medio visual y de verdad me gusta cuando no tienes que decir todo con diálogo. Entonces, al inicio decidimos que deberíamos de tener el menor diálogo posible porque sé que es mucho más difícil para los actores cuando no tienen líneas para decir qué está pasando y cómo se siente. No pueden fingirlo, tienen que estar ahí, tienes que verlo en sus rostros, en su lenguaje corporal, cómo se sienten y en lo que piensan. Así que sí, pensamos que era una buena forma de contar esta historia, porque también queríamos tener a todos los animales y conocer su punto de vista. Usualmente todos le dan a los animales sentimientos humanos inmediatamente cuando los ven” (Sopitas, 2021).

La actriz también explicó su experiencia particular de tener animales coprotagonistas: “bastante rápido dejé de pensar en los animales como animales. Lo mismo que con la forma en que leo tu lenguaje corporal: empecé a leer el de ellos. Y entonces te das cuenta de que la comunicación es mucho más que palabras. Podía leer al cordero, si estaba cansado, enojado o molesto. Lo mismo con los bebés, porque filmamos con corderos, con bebés humanos y con un muñeco. Así que era una especie de combinación, y uno termina entregándose a una forma diferente de comunicarse, supongo. Estuve trabajando mi paciencia. Soy una persona bastante impaciente. Y pensaba: tenemos que aceptar el hecho de que estamos trabajando con criaturas que no siguen ninguna regla.”

(Dato de color: Lamb, de hecho, ganó un premio de Cannes, Palm Dog Grand Prix, por la actuación del perro)

Con el correr de la trama nos enteramos también que había efectivamente una hija muerta, y que también se llamaba Ada. Cuando pensamos en la Ada semi ovina vestida con lo que asumimos que es la ropa de la niña y durmiendo en su cuna, se entiende que la recepción haya leído algo del género del terror en la película. Hay algo levemente ridículo también, en ver a esa niña cordero vestida con enterito, que matiza con cierto humor lo pesado de la trama.

El misterio, y ese elemento de terror, se construyen fundamentalmente mediante el fuera de campo. Escuchamos al pobre perro ser atacado por algo que no vemos hasta la escena final. Y todo sucede a la luz del día: el verano de Islandia, con sus mil horas de sol, tiñe el misterio de una atmósfera particular. “Para mí es muy atemorizante cuando siempre hay luz y puedes ver todo y todos pueden verte. Creo que es más aterrador que cuando está oscuro y no ves nada, pues no sabes si hay alguien observándote. De alguna forma, por esta locación que teníamos, era una casa donde nadie había vivido por más de 25 años. Pero estaba tan feliz cuando llegamos y averigüé que podíamos grabar hacia cualquier ventana y hacia afuera. Estábamos rodeados por montañas impresionantes. De alguna forma sentí que era aterrador que todos pueden verte a través de la ventana porque siempre es de día. Casi siempre está iluminado.” (Sopitas, 2021).

El mundo de Lamb es casi pre-tecnológico. Vemos sólo un celular siendo revoleado por los aires cuando Pétur llega, pero en la casa el tiempo parece detenido. Vemos una tele, y asumimos que se trata del tiempo presente, pero hasta tienen muy a mano un reproductor de VHS y cintas. Noomi Rapace, la actriz, cuenta cómo la inmersión en el rol de Maria la transformó, y como esta posición de la película cambió incluso hasta sus hábitos: “Vivimos en esta sociedad híbrida y tecnológica, bastante alejados de nuestro ser primario y del animal que llevamos dentro. Y sentí que me reconecté con muchas cosas en mí misma. Pensaba: “No puedo volver a todo eso. No puedo volver atrás. Tengo que encontrar quién soy”, como si saliera al otro lado. Y eso me cambió. He dejado atrás muchas cosas. Mis elecciones ahora son diferentes.” (Fangoria, 2021).

El final de Lamb termina de posicionar a la película en una crítica al modo en que los humanos disponemos del resto del mundo. Si bien por momentos podemos interpretar cierta comunión humanos-naturaleza en la aceptación de esta cordero-humana, en definitiva la decisión de arrancarla de su familia animal ubica a la pareja en este rol avasallante. Como dice el director: “Somos egoístas con cómo tratamos a la naturaleza y cómo sentimos que regimos el mundo de cierta forma y que podemos hacer lo que queramos. Si necesitamos algo podemos sólo tomarlo. Pero creo que la naturaleza siempre es más poderosa que los humanos, de cierta forma, porque somos tan pequeños ante todo.” La película, al final, demuestra justamente cuán poderosa puede ser la naturaleza.

Referencias:

https://www.sopitas.com/cine-y-tv/lamb-entrevista-director-valdimar-johannsson-mejores-peliculas-2021/

https://www.fangoria.com/lamb-interview-noomi-rapace-valdimar-johannsson/

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