Su título original, Winter's bone, literalmente “hueso de invierno”, remite a una antigua expresión utilizada en la región de los Apalaches: “como un perro que escarba tras un hueso de invierno”, que refiere a quien se le aplica como alguien que busca incansablemente algo y no cejará en su esfuerzo hasta encontrarlo. En este caso, el personaje sobre el que recae esta frase es el de Ree Dolly, el papel que llevara a Jennifer Lawrence a su primera nominación al Óscar -además de otros varios reconocimientos- como Mejor Actriz cuando tan solo tenía 20 años (19 mientras rodaba; hasta ese momento, la segunda actriz más joven de la historia en recibir una nominación para tal distinción).

Ree Dolly fue el personaje que la catapultara definitivamente a la consideración crítica nacional, dentro de Estados Unidos, e internacional. Un papel para el que había sido rechazada en primera instancia por ser considerada “demasiado bonita”, por lo que viajó a Nueva York sin haberse lavado el cabello durante una semana y llegó a la audición con la nariz roja y congestionada luego de haber caminado trece cuadras, hasta la oficina de casting, bajo una lluvia pertinaz y helada. Un papel, también, para el que tuvo que aprender a pelear, despellejar ardillas y cortar leña.
Es que esa Ree es una joven de 17 años que vive en la zona rural de los Ozark, las tierras altas de Misuri, en la región Medio Oeste del país norteamericano, quien, ante la ausencia de su padre y la enfermedad mental en la que ha caído su madre, debe hacerse cargo del sostenimiento de su casa y del cuidado de sus hermanos menores: Sonny (Isaiah Stone), de 12 años, y la pequeña Ashlee (Ashlee Thompson), de tan solo 6 años de edad. Se las deberá ingeniar para proveer y racionar el alimento que pueda obtener, cocinar, calefaccionar la casa en base a leña, dar de comer al caballo de la familia, acompañar a sus hermanos a la escuela... A su vez, comenzará a enseñarles las habilidades necesarias para su supervivencia, como el uso de armas de fuego para la caza o su defensa, o el cocinar su propia comida. Todo ese amor fraternal y la ternura del vínculo que sostienen estos niños abandonados casi a su suerte y capacidad de resiliencia contrastarán con la parquedad de las relaciones de su entorno comunitario, por momentos tan gélidas como ese invierno que parece no acabar y cuya dureza teñirá todo el filme. (La autenticidad de la descripción del entorno abarcará desde las locaciones empleadas hasta la contratación de pobladores del lugar como actores -la misma Ashlee lo era-, pasando por la utilización de la propia ropa usada de esos lugareños como vestuario de la película).

Su padre, un fabricante de metanfetaminas, uno de tantos en esa zona (algo que no es necesario decir en voz alta, le advierten a Ree), se encuentra desaparecido hace ya un tiempo, luego de haber salido de la cárcel en libertad bajo fianza. El mayor inconveniente se presentará cuando a Ree se le informe que la garantía interpuesta por su padre para la el pago de la fianza es su rancho y que si aquel no se presenta en el juzgado en una semana, como establece la ley, perderán su único lugar para vivir. Allí comenzará el peregrinar de Ree en busca de su padre, esa búsqueda de perro tras su hueso de invierno.
El drama se instalará o incrementará definitivamente. Ree deberá hallar a su padre o, en última instancia, su cadáver -probar su muerte, al menos- para no perder lo poco que les queda. Al drama familiar, salpicado por elementos de misterio, suspenso y hasta crimen, se le sumará la faceta de iniciación o maduración definitiva para Ree, lo que en inglés suele denominarse coming-of-age, un género en sí mismo.
“¿No tienes un hombre que haga esto por ti?”, le llegan a preguntar a Ree, entre la incomprensión y la subestimación de sus posibilidades. Es que todos los lugares y asuntos que recorre tras la huella de su padre parecen ser “cosa de hombres”. Pero he allí una de las apuestas feministas de Debra Granik (Cambridge, Massachusetts, 1963; Down to the bone, Stray dog -documental-, Sin rastro), directora y guionista del filme, otra mujer también adentrada en terreno generalmente dominado por varones, más aún quince años atrás.

Ree recorrerá casas y comercios, bares y subastas preguntando por el progenitor requerido. Lo hará con vecinos, amigos de su padre, parientes -de los cercanos pero también de los que no suele frecuentar-, hombres vinculados a los mismos negocios non sanctos, exparejas de aquel... Un factor en común atravesará esas conversaciones: la falta de información útil. Ya sea por ignorancia real, desinterés en su situación u ocultamiento intencional, nadie aportará lo que necesita. Por ello insistirá. Pero su insistencia se transformará en peligro: advertencias, amenazas, actos violentos intentarán amedrentarla. Al parecer, alguien no pretende que se conozca su paradero. Las razones se vincularán al irrespeto de ese hombre buscado por ciertos códigos manejados en la zona y en el negocio. De todas maneras, para ella hay cuestiones más importantes en juego, por lo que no claudicará.
El frío nos calará los huesos tanto como la incomodidad a la que nos someterá Debra Granik. El invierno es denso y absorbente como la historia y el sufrimiento de esa búsqueda. El drama social subyace en esa comunidad dura y áspera como el entorno. El sol apenas asomará alguna vez; todo será nuboso y gris. Los árboles semejarán esqueletos, secos como los diálogos y esos seres sin alegría a la vista. Lo soterrado no tiene luz. La esperanza aún respira, pero de un modo entrecortado y enfermo. La geografía, que no deja de cautivarnos, parece determinar los ánimos y la atmósfera del lugar y de esta historia. Lo no dicho nos exige, nos desafía, pero también nos seduce, nos atrapa y nos fascina como ese invierno registrado por Granik.

A pesar de esto, Granik/Ree se las ingeniará para encontrar y rescatar la sensibilidad y el amor entre tanta miseria de diversa índole -sin necesidad de golpes bajos sensibleros- y logrará tomar la vida de alguna manera y empujarla hacia arriba, sacándola del pozo en la que se encuentra sumida. Lo hará sin prisa, con la lentitud propia de los miembros y los huesos ateridos. Hallará una poesía de austera belleza dentro de la aridez del paisaje y hallará la solidaridad de algunos gestos entre esos seres representados sin estereotipos ni juicios morales. Pequeños gestos que irán apareciendo en el relato y Granik irá sumando como por cuentagotas, pero que marcarán la diferencia. Gestos que también son códigos; otros códigos, menos mezquinos, menos nocivos; tan humanos como los anteriores pero de esos que rescatan la condición humana entre tanto lodo.
Y allí estarán ellas, las mujeres, para señalar el camino. Entre tanta “cosa de hombres”, serán las mujeres las que darán el paso adelante y resolverán tanta encrucijada y tanto entuerto.

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Ficha técnica
Título original: Winter's bone
EE. UU., 2010, 100 min.
Dirección: Debra Granik
Producción: Alix Madigan, Anne Rosellini
Guion: Debra Granik, Anne Rosellini
Fotografía: Michael McDonough
Música: Dickon Hinchliffe
Edición: Affonso Gonçalves
Elenco: Jennifer Lawrence (Ree), John Hawkes (Teardrop), Isaiah Stone (Sonny), Ashlee Thompson (Ashlee), Lauren Sweetser (Gail), Kevin Breznahan (Little Arthur), Dale Dickey (Merab), Garret Dillahunt (sheriff Baskin)




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