Hay decepciones, y luego está lo que me hizo "Sunshine: Alerta Solar"
No estoy hablando de una película mala. Las películas malas se olvidan. Estoy hablando de una traición. De esas que duelen. Es la sensación de estar viendo, durante más de una hora, la que crees que será una de tus películas favoritas de la historia... y que de repente alguien entre en la cabina de proyección y decida poner "Viernes 13" en el último rollo.

Esta película me dejó un vacío. Y hoy, voy a explicar por qué.
Te pongo en situación. El Sol se está muriendo. La humanidad envía una nave gigantesca, la Ícaro II, a lanzar una bomba nuclear del tamaño de una ciudad para "reiniciarlo". La tripulación: un puñado de genios (Cillian Murphy, Chris Evans, Rose Byrne) que saben que probablemente no volverán.

Y durante una hora y media, te juro, la película es perfecta.
No es una peli de naves y disparos. Es un thriller psicológico que te agarra del cuello. La dirige Danny Boyle, y se nota. Visualmente, es para llorar de lo bonita que es. El Sol no es un amigo; es un dios aterrador y gigantesco. La música te pone la piel de gallina.
Sientes la claustrofobia. Sientes el peso de que 8 mil millones de vidas dependen de ti. Ves cómo la tripulación se rompe, no por extraterrestres, sino por la soledad, el miedo y la presión de estar tan cerca de algo tan... divino.
Yo estaba en mi sofá, sin pestañear, pensando: "Esto es la nueva Alien. Esto es la nueva 2001: Odisea del Espacio". Estaba viendo cine con mayúsculas.
Y entonces... entonces... todo se va al diablo.
La tripulación encuentra la Ícaro I, la nave que desapareció años antes en la misma misión. Van a investigar. Y aquí es donde el guionista (¡te estoy viendo, Alex Garland!) debió pensar: "¿Y si tiramos toda esta tensión psicológica a la basura?".
Porque, de la nada, la película cambia de género.
Resulta que el capitán de la Ícaro I sigue vivo. Pero no es un hombre. Es... no sé... un monstruo quemado y borroso (Boyle usó un efecto para que se viera desenfocado, te lo juro). Un tipo que se ha vuelto loco y que ahora cree que "Dios" le ha dicho que la humanidad debe morir.

En un segundo, mi obra maestra de ciencia ficción existencial se convirtió en un slasher barato.
La película inteligente sobre el sacrificio y la psicología humana se transformó en un "corre-corre-que-te-pillo" por pasillos oscuros. Personajes brillantes empezaron a morir de formas estúpidas. La tensión se fue y solo quedó el susto fácil.
Es un insulto. Es como si estás comiendo el mejor filete de tu vida y el chef decide, en el último bocado, echarle un bote entero de kétchup por encima.
Lo que me revienta de "Sunshine" no es que sea una mala película. Es que era una película brillante que eligió ser estúpida al final.
El verdadero "villano" de "Sunshine", durante 90 minutos gloriosos, era la propia misión. Era la física. Era la psicología humana al límite. El antagonista era el Sol mismo: esa deidad hirviente que te atraía y te volvía loco solo con mirarla. La lucha era del hombre contra la naturaleza, contra Dios, y contra su propia mente.
¿Para qué demonios necesitas un loco quemado que corre por los pasillos cuando ya tienes eso?
Es una falta de confianza absoluta en tu propia historia. Es como si el estudio hubiera dicho: "Oye, esto es demasiado inteligente. La gente se va a aburrir. ¡Mete un monstruo!".
Y lo hicieron. Sacrificaron el alma de la película por un susto barato.
Por eso "Sunshine" me duele. Porque cada vez que la recomiendo (y lo sigo haciendo, ¡imagínate!), tengo que poner la advertencia: "Es una obra maestra... hasta el minuto 90. Luego, prepárate para enfadarte".
Arruinaron una película 10/10. La dejaron en un 7/10 con un asterisco gigante. Es el "qué pudo ser y no fue" más doloroso del cine moderno. Es una herida que, 15 años después, sigue sin cerrar.
Y todo, porque en el último momento, tuvieron miedo. Tuvieron miedo de ser tan geniales como estaban siendo.


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