Las corrientes de Milagros Mumenthaler: Imagen, silencios y la mujer como territorio de búsqueda 

Escrito por Cristian L. Pires

Jueves 20 de noviembre de 2025

En medio de una sala iluminada por flashes y aplausos, Lina recibe un premio que confirma su éxito como diseñadora de moda. Todo parece perfecto: la ovación, el reconocimiento, la sonrisa que se espera de ella. Pero apenas unos segundos después, un impulso la arrastra hacia el río cercano. Se lanza al agua sin explicación, como si buscara ahogar en la corriente aquello que no logra nombrar. Dirigida por Milagros Mumenthaler, Las corrientes se estreno el pasado 13 de noviembre de 2025 y es el tercer largometraje de esta directora que una vez mas vuelve a crear un analisis profundo de la mujer como territorio de busqueda.

Una mirada íntima, silenciosa y profundamente sensorial sobre la subjetividad femenina, esa al menos la sensacion que pude captar cuando todavia flotaba en mi cabeza la idea de lo que habia visto. Cabe mencionar que esta vez, la experiencia fue un poco distinta para mi ya que tuve el infinito placer de poder hablar con la directora cuando termino el filme, a traves de una videollamada donde todos los presentes en el DAC participamos de una jornada muy completa que una vez mas le abria la puerta a un cine que muchas veces es dificil de vender, de comprender y o de analizar.

Con un trailer muy atractivo que me sugeria de alguna forma una experiencia con fuertes raices en la alegoria visual, me di a la tarea de hacer algo de la investigacion que mas disfruto que es, ver peliculas de un mismo director, en este caso Abrir puertas y ventinas y la idea del lago las cuales son parte del catalogo de Milagros Mumenthaler, si bien esto no es nesesario en absoluto para embarcarse en esta nueva historia, o no lo deberia ser nunca para embarcarse en ninguna historia autoconclusiva, a mi particularmente si me ayudo a asentar de forma mas organica lo que vi en esta oportunidad.

Isabel Aimé González-Sola como Lina

La película sigue a Lina, una diseñadora de moda que, pese a su éxito profesional, experimenta un súbito gesto de ruptura: se arroja a un río tras recibir un reconocimiento. Ese primer desencuentro con la celebración es más que una acción; es una clave poética que expone el desajuste entre el mundo exterior —el prestigio, la visibilidad, las expectativas— y la corriente subterránea que rige su interior. Ahí, Mumenthaler no se interesa por explicar causas, sino por acompañar una experiencia emocional que se va haciendo cuerpo, textura e imagen.
Desde Abrir puertas y ventanas y La idea de un lago, la directora parece insistir en una ética del detalle: cada encuadre respira, cada silencio pesa y cada gesto mínimo abre una cámara secreta de afectos y memorias. En Las corrientes, esa ética alcanza una precisión singular. Lo que podría ser un drama sobre la “crisis” se transforma en una inmersión en lo indiscernible: el modo en que una mujer transita un estado de dislocación, sin gritos ni estallidos, sino con pequeñas (pero decisivas) desviaciones del curso esperado. Ese tránsito constituye el corazón del film y, a la vez, su apuesta: confiar la narración a un sistema de signos más cercano a la poesía que al subrayado narrativo. La película, en consecuencia, exige una atención diferente y recompensa con una sensibilidad que se siente, más que se explica.


Las corrientes confronta la paradoja contemporánea de la plenitud sin sentido. Lina tiene reconocimiento, oficio, vínculos y una vida que, desde afuera, parece resuelta. Sin embargo, el film no entiende el éxito como salvación, sino como superficie. Debajo, el flujo emocional es errático. La escena inicial en el río no inaugura un “problema” a resolver, sino una sensación persistente: la corriente interna no acompasa la corriente social. Ese desajuste es la materia dramática y poética del relato, y funciona a contramano del imperativo explicativo: nunca sabremos con exactitud “por qué”.
El vacío que experimenta Lina no es grandilocuente. Es un vacío sutil que filtra su modo de estar, trabajar, maternar y vincularse. La película evita los clichés de la “mujer rota” y prefiere cartografiar la desconexión cotidiana: una frase cortada, un gesto que se repliega, una mirada que no coincide con lo que el entorno espera. Esta representación evita moralizar o quizas patologizar; en cambio, se detiene en la fisura entre lo visible y lo oculto. Lo que los demás celebran —talento, profesionalismo, éxito— convive con una opacidad íntima que no necesita definirse, porque la experiencia humana muchas veces es inasible, algunas veces, nos sentimos como nos sentimos y el vacio muchas veces no es un resultado de sensaciones acumuladas, solamente ocurre.

Las corrientes (2025) - IMDb
Lina la protagonista y la directora del Filme


También se despliega la tensión entre maternidad y autonomía. Las corrientes no idealiza el rol materno ni lo convierte en antagonista. Lo muestra como un vínculo donde el amor no cancela el cansancio, la responsabilidad no niega el deseo de distancia y la presencia no resuelve el sentido. La maternidad aparece como otro territorio atravesado por corrientes dispares: el cuidado, la culpa, la autoexigencia y la necesidad de respirar. En esta tensión, el film ilumina un aspecto pocas veces dicho con calma: que la plenitud es intermitente y que exigirle continuidad deshumaniza.
Por último, el silencio como elemento dramático organiza la experiencia del espectador. La ausencia de subrayados sonoros o explicativos nos deja en la intemperie emocional de la protagonista, pero con hallazgos: los silencios abren tiempo para que las imágenes trabajen. Ahí, la película confía en el poder de lo no dicho, y esa confianza es su gesto estético más político: defender que la complejidad emocional de una mujer no necesita ser traducida a diagnósticos, sino acompañada en su propia escucha.


Tocando un poco la sensibilidad mas tecnica, la fotografia de Las corrientes ordena una gramática de estados de ánimo. No se trata de ilustrar emociones, sino de construir un clima que permita percibir variaciones mínimas. Los tonos fríos y las paletas desaturadas operan como extensión del mundo interior de Lina, sin convertir la imagen en alegoría rígida. La luz, a menudo oblicua, habilita zonas de penumbra en espacios cotidianos, donde lo doméstico deja de ser transparente y adquiere textura. Ese trabajo con la luz no dramatiza; trabaja con densidades, como si la atmósfera fuese un personaje silencioso.
El agua aparece como motivo visual y como idea formal. La imagen del río del comienzo instala una matriz de percepción: la fluidez, el arrastre, el reflejo, la refracción. A partir de ahí, la cámara se desplaza con movimientos contenidos, como si buscara acompasar al cuerpo de Lina sin invadirlo. La puesta privilegia planos sostenidos y ritmos contemplativos; el tiempo de cada encuadre permite que el gesto mínimo se vuelva el centro. De esta forma, el montaje no acelera el sentido, sino que lo decanta. La película pide permanecer y, al hacerlo, deja que el espectador se convierta en testigo del murmullo interior.

Las corrientes”, el film sobre una mujer que desaparece de sí misma de  forma inquietante | TN


Hay, también, un contraste espacial que se trabaja con precisión: la geometría pulida de ambientes profesionales frente a la porosidad de lo doméstico. Los espacios abiertos se sienten extrañamente estrechos, y los espacios íntimos —habitaciones, cocinas, pasillos— adquieren una escala emocional que los vuelve hondos. Ese vaivén espacial produce un efecto de desplazamiento: nada encaja del todo, como si el mundo alrededor hubiera cambiado su gravedad, entre muchas cosas que nos conto la directora,hizo una mencion a que este filme intentaba tener un estilo a temporal que a grandes efectos se logro bastante.


La economía de recursos es deliberada. La música aparece con prudencia o no aparece; el sonido ambiente y los vacíos sonoros forman parte del tejido emocional. El gesto técnico refuerza la ética del film: no saturar, no imponer, no traducir de manera inmediata. En consecuencia, la cinematografía no es solo técnica, es poética. Las corrientes trabaja a favor de una sensibilidad que se construye con capas delgadas y acumulativas, hasta que lo invisible se vuelve experiencia compartida.


La obra de Mumenthaler sostiene un pacto con el espectador: el cine como escucha. Su estilo no se define por el minimalismo como restricción, sino como decisión ética. Menos explicaciones, más espacio para que la emoción respire; menos énfasis, más apertura hacia lo que no se entiende de inmediato. Ese pacto se traduce en imágenes que piensan. No interrogan desde el discurso, sino desde la organización del ver: elegir desde dónde mirar, cuánto sostenemos, qué dejamos entrar en el cuadro y, también, qué apartamos para que lo que queda se pronuncie.


Las corrientes analiza a la mujer no como arquetipo, sino como singularidad. Lina no “representa” a todas las mujeres seguramente, pero su experiencia convoca capas que muchas mujeres probablemente podrian reconocer: la expectativa de éxito que convive con el cansancio, la maternidad atravesada por ambivalencias, la presión por ser funcional cuando la emoción pide pausa, el mandato de explicar lo inexplicable. El film desarma esos mandatos desde su propia forma: reducir la necesidad de explicar y habilitar el permiso de sentir. Esa decisión formal es política, porque reorienta el lugar del espectador: ya no como juez que demanda respuestas, sino como acompañante que acepta complejidad.


Esa experiencia es, en última instancia, el argumento más profundo del film: mirar de otro modo puede ser una forma de cuidado. Cuidar la percepción para cuidar a quienes la habitan. Las corrientes cuida a su protagonista no al protegerla del conflicto, sino al darle un marco donde el conflicto puede existir sin ser reducido. Y cuida al espectador al confiarle la tarea de sostener un tiempo distinto, menos obediente al ruido y más atento al murmullo. En ese pacto de cuidado, la película renueva la pregunta por cómo queremos mirar la vida: si como espectáculo, o como territorio donde cada gesto, cada silencio y cada textura puede abrir una posibilidad de comprensión.

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