No sé ni cómo llegué a atraerme por esta película, honestamente, recuerdo que estaba buscando ver algo que me permitiera identificarme fácilmente con el protagonista en lo que se podría llamar una trama-experiencia, una película que, como una canción, un libro o el producto artístico que fuese, puede generar una empatía absoluta, admitiéndolo a priori, es decir, antes de verla, presuponiendo con leer la sinopsis, de que va a ser entretenida y hasta reflexiva, por tener que ver con la experiencia propia.
Roger Dodger es una comedia dramática estadounidense del 2002, no muy reconocida por crítica ni público. El gran Roger Ebert le dedicó una genial reseña en la fecha en la que fue estrenada, pero lejos de ser un fenómeno cultural, quedó como una pieza independiente más, cuando merece mucho más reconocimiento del que obtuvo.
El ejecutivo de publicidad Roger Swanson (Campbell Scott), trabaja en una empresa de Madison Avenue, en Nueva York, tiene una relación sexoafectiva (no formal) con su jefa Joyce (Isabella Rosellini) pero rápidamente esta se diluye. Sin poder creer que ya no es querido (o usado sexualmente por ella) intenta recuperarla, pero en el camino se topa con la muy sorpresiva aparición de su sobrino Nick (Jesse Eisenberg), quien como en un screamer de terror estereotipado, aparece “de la nada” en la oficina laboral de su tío (típica oficina), para contarle su vida.
Nick es un joven de 16 años que vive en Ohio, se mudó a Nueva York para intentar ingresar a la universidad de Columbia, pero con una intención que revela a la velocidad de la luz: quiere perder la virginidad e intentar conquistar a una chica. De buen gusto, su tío acepta ser su protegido y consejero, como Virgilio de Dante Alighieri, salvando las distancias evidentes y enormes entre una obra y otra). Nick es hijo de la hermana de Roger.
Al protagonista yo no lo conocía (Campbell Scott), un actor que se come la pantalla con su presencia: ofrece una credibilidad construida con el poder de un buen sentido del humor, fusionado con un cinismo excesivamente descarado, una pretensión de psicologismo barato y una extroversión apabullante, rasgos personales de un personaje cuyas virtudes, terminan diluidas en sus defectos. El actor que secunda a Scott, es sin dudas mucho más famoso que el primero, aunque no por ello superior, también cumple con la necesidad dramática de su personaje: inhibición, timidez, gusto por el pensamiento exteriorizado en confianza (o una vez entrada en ella), como sucede en la secuencia en un bar de adultos con dos bellas mujeres y su tío (lejos de ser pubertas como Nick, aunque tampoco veteranas de edad). El guion atrapa desde el inicio con diálogos Woody-allenianos: Roger presume tener grandes conocimientos sobre el hombre y la mujer, biológicos-darwinianos (sobre selección natural), mezclados con sociología y psicología, tres ciencias unidas a un discurso irregular, con verdades relativas mezcladas con frases falsas, típicas de la generalización, referidas a la eterna discusión (bastante tonta cuando se la toca) sobre “cómo son los hombres y cómo son las mujeres”. Digo tonta más que nada cuando se cae en el facilismo engañoso de “los hombres somos así porque así lo dice la biología”, ignorando matices o al revés, “las mujeres somos asá porque así lo dice la psico/sociología”. Con las redes sociales esta discusión se intensificó, llegando a estratosféricos niveles de estupidez, sin nunca salir de la guerra de sexos-géneros que no sirve más que para engendrar misoginias por un lado y misandrias por el otro.
Debo afirmar que a pesar de los baches mentales, Roger no está desacertado en la crítica al feminismo radical castrador del deseo masculino, un tema que para algunos/as podrá ser controversial, pero que personalmente creo que sostiene, racionalmente, grandes verdades para ese tiempo (2002) y aún más para hoy. De todos modos el tío Roger cae en tópicos machistas sin dificultad y es precisamente este costado el que lo perjudicará, al evitar pensar en profundidad y dejarse llevar en cambio por la banalidad del prejuicio por apariencia (le dedica una escena entera a explicarle a su sobrino cómo debe mirar mujeres en la calle no solo para pasar de incógnito frente a ellas, sino para atraer, una idiotez supina).
Nick aprende lecciones de vida, pero no tanto por los consejos de su tío, que de hecho parece ser el peor consejero, sino por oposición a él, es como pensar “me doy cuenta que no debo hacer lo que el hace ni decir lo que el dice porque me va ir mal”. Esto se lo marca de modo exagerado pero no muy desacertado Sophie (Jennifer Beals) una de las dos damas (la otra es la aún más guapa Andrea, encarnada por la actriz de Showgirls, Elizabeth Berkley), que acompañan a Roger y Nick en la aventura de “saber más sobre el sexo femenino”, no con sexo literalmente de por medio, sino a través de una simple conversación, se revelan formas de pensar y experiencias, como en las grandes obras de Rohmer y Allen, aunque sin la calidad de los films de estos genios.
Lo interesante es cómo, progresivamente para Nick y regresivamente para Roger (en términos relativos), el transcurso de una noche no pasa inadvertido (casi todo en la obra sucede en una loca noche). Nick se desnuda emocionalmente ante quienes parecen ser dos prostitutas (Sophie y Andrea) y ante su propio tío: reconoce su virginidad (por qué no? si tiene 16 añitos el pibe?) y lejos de repelerlas, ellas reconocen: “es sexy que digas que sos virgen” (dudo mucho que sea sexy) pero lo que sin dudas sí es atractivo e incluso admirable, es ser honesto con autoconfianza ante los demás, no temer al juicio ajeno a la hora de explicitar lo que era un secreto íntimo, con el peligro que conlleva revelarlo ante orejas desconocidas. Es en esta escena nocturna y fría, filmada en una plaza con dos bancos, en la que la inversión entre tío y sobrino provoca el hundimiento psicológico de Roger y la escalada de Nick: por un lado se desdibuja la imagen del primero de un Casanova exitoso y prepotente y experimenta la esencia del fracaso masculino ante la desaprobación femenina, aunque lo maquilla aparentando “querer ayudar a Nick”, sus trucos manipuladores ya no funcionan. Nick, se va para arriba mediante su inteligencia.

Mientras que Sophie no se resiste a la tentación de ser “el primer beso”, su amiga Andrea, en oposición a ella, pone a prueba a Nick de una forma tan negativamente manipuladora como la esencia de Roger: se le cae la pajilla de su trago y le dice “levántala”, lejos de ser una acción inocente, expone una artimaña mental para saber si el pibe es capaz de “hacer todo por una bella dama” o “conservar su dignidad y auto respeto”, al no obedecer a una orden fuera de lugar, evita ser el "simp obediente" y demuestra ser un joven con buena autoestima.
Si falla en algo el director (un para mi desconocido Dylan Kidd), es en no mostrar al Roger realmente exitoso, que de hecho, nunca pierde su poder seductor y a pesar de actuar como un hijo de puta capaz de generar desprecio en tres mujeres (vale aclarar que el rechazo de Joyce no está muy justificado: siendo su jefa, lo usó como un hombre usa a un preservativo, descartándolo como basura sin darle explicaciones) conserva un costado personal protector, bondadoso, casi paternal y buen consejero en su vínculo con Nick. Lo curioso es que no lo vemos nunca acostándose con incontables ninfas, por el contrario, bien hacia el final del film, Nick le dice “creí que te acostabas con una diferente cada día” y el tío en cuestión responde: “digo muchas cosas”, admitiendo que esa también fue otra de sus tantas mentiras descaradas, aunque creíbles. Lo que es innegable es que cuando se miente, la mentira debe sostenerse en el tiempo frente a una misma persona y lo que incorpora Nick es precisamente lo que no hace Roger: ser genuino en las charlas, mostrarse cuidadosamente vulnerable e intelectualmente ingenioso (aunque sin caer en tanta exposición riesgosa), sabiendo controlar sus impulsos sexuales o dicho vulgarmente, pensando más con la cabeza de arriba que con la de abajo.
En una impactante escena en un nightclub-prostíbulo neoyorquino, Roger logra redimirse de la vergüenza inútil que le hizo pasar a Nick, salvándolo de lo que pudo ser una acción traumática, obteniendo de parte del sobrino una respuesta violenta, pero definitivamente equivocada.

Roger Dodger es la representación de dos masculinidades opuestas que, a inicios de este siglo, se mostraron problematizadas por la confusión y la frustración ante los avances tanto positivos como negativos de los feminismos, pesando más estos últimos, con la exposición de mujeres seguras de sí mismas y con autoridad, pero también manipuladoras (en el caso de la joven Andrea) y emocionalmente abusiva (en el caso de la jefa Joyce). No se trata de “hombres malos vs mujeres buenas” sino que, justamente, se denuncia el peligroso cóctel complementario del machismo y el hembrismo, con el vértigo del deseo juvenil, jugando ingenua, torpe y fuertemente en la avenida del medio, con Nick como si fuese un W. Allen casi universitario, con las hormonas a full, pero más cerca del cliché de nerd perdedor que de pensador con labia seductora capaz de ganarse a la chica que desea (como ocurre con los personajes allenianos). Nick es más tierno e ingenuo, pero neurótico. Una digresión rara: que Nick haya terminado la secundaria con 16, cuando lo normal es con 17 o 18.
Dos defectos formales notables: la cámara se mueve con nervios excesivos, panea como si estuviese convulsionando en no pocas escenas y la luz queda sobreexpuesta y los planos quedan borroneados, errores bastante inmaduros pero que no opacan a un contenido siempre atrapante.
Dos virtudes formales: los planos detalles que permiten hacer notar con claridad los lenguajes corporales y un plano particularmente calidad: el sillón vacío, símbolo de la ausencia no sólo fisica del sobrino sino mental, de un Roger al que le cuesta afrontar la soledad con la misma valentía que tiene para encarar mujeres.
La moraleja del film está explicitada por el mismo Roger, que da cuenta de una evolución de personaje al finalizar la película: " Be yourself, no matter what they say", la misma frase que canta Sting en Englishman In New York, solo que no mostrada con puros lugares comunes como en otras películas, sino con una audacia narrativa memorable.
Ah! Se preguntarán qué tendrá que ver esta historia con mi vida personal, puesto que hablé de ver una obra vinculada a mi experiencia en el primer párrafo, la respuesta es poco y nada, aunque ese poco me lo reservo para mí.





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