😂 El día en que pensé que la realidad me estaba relajando 

Te lo juro, lo que te voy a contar pasó exactamente así, y si no me crees, pregúntale a mi mamá, porque ella fue la primera en reírse de mí. Todo comenzó un martes, que ya de por sí es un día sospechoso: no es lunes pero tampoco es un día que uno respete. Yo me levanté con esa energía rara de “hoy sí seré productiva”, y mira… eso fue lo que dañó todo.


Me preparé un cereal. Hasta ahí todo normal. Pero cuando me senté a comer, escuché que mi celular vibró en la mesa. Fui a revisarlo y no tenía ninguna notificación. Hasta pensé: “Na, eso fue en mi cabeza.” Hasta ahí, normal… a veces pasa.


El problema fue que luego escuché la vibración otra vez, pero más fuerte. Volví a revisar. Nada. Cuando me iba a sentar, sonó otra vez, pero esta vez dentro del gavetero. Ahí yo dije: “Ok, ya… aquí hay un fantasma con datos móviles”. Abrí el gavetero y, adivina: ¡no había nada! Solo el recibo de una pizza que pedí hace mil años y una cuchara doblada (que todavía no sé por qué está así).


Ya estaba medio paranoica, pero seguí con mi día. Me fui a bañar, y cuando salí, mi toalla no estaba donde la dejé. Yo juraría que la colgué en la puerta. Revisé la cama, el piso, detrás de la cortina… y nada. Cuando ya estaba resignada a secarme con la camiseta vieja que uso para dormir, miro a la puerta… y ahí estaba la toalla, colgada, como si nunca la hubieran movido. Te juro que pensé: “El universo me está relajando”.


Más tarde, mientras me tomaba un café, puse una canción en mi bocina. Hasta ahí, todo bien. Yo feliz, bailando, cuando de repente la canción se cortó y sonó una completamente diferente, una que yo no había puesto. Y no fue un cambio suave, no… fue como si alguien dijera: “¡Sorpresa!” Y lo peor: era una canción que yo odiaba desde el 2018. Te juro que apagué la bocina y dije: “Ya… suelto esto. Aquí hay un glitch en la vida real”.


Todavía no había terminado. Por la tarde me puse a estudiar y dejé mi lápiz en la mesa. Me volteé un segundo para agarrar mi libro, y cuando miro de nuevo… el lápiz no estaba. Yo juraba que alguien me estaba grabando para un programa de cámara escondida. Revisé toda la mesa, debajo de la cama, en mis bolsillos… nada. Al final, el lápiz aparece en mi mano. ¡EN MI MANO! Te lo juro, yo ni recuerdo agarrarlo. Ahí fue cuando dije: “Sí, definitivamente estoy dudando de la realidad, pero esta realidad también duda de mí”.


Al final del día, estaba tan confundida que le conté todo a mi mamá. ¿Y sabes qué hizo? Se rió. Me dijo: “Eso se llama estar distraída”. Pero yo sé lo que viví. Y si fue distracción… pues nada, la distracción me está llevando a otro universo.


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