High School Musical y el mindfulnes de la nostalgia  

Transcurría el año 2006, el miedo del y2k ya había cesado y el nuevo milenio traía promesas que para este momento se establecían con mayor rapidez. Sin embargo, en un no tan recóndito y bien ya conocido lugar se originaba la composición audiovisual que convocaría el lugar común al que muchos jóvenes que apenas salían de la niñez querrían pertenecer: High School Musical. Un musical escolar, que lejos de hablar de audiciones e intentos fallidos prometía que todo era posible. Desde su primera entrega, comenzó a preparar una secuencia de nostalgias a momentos que ni siquiera han sido vividos. Como espectadores, HSM se establecía en un espacio tan imaginado como real, tan perteneciente a la ficción como posible en la realidad. Bajo esta dinámica, cada una de las entregas del film buscaba darle un tono célebre a terminar una etapa y comenzar otra. Proponía que los momentos, sin importar qué tan grandes o pequeños, merecían una canción para acompañarse, porque precisamente es la música aquello que nos permitiría regresar allí. Entonces, si Troy y Chad pueden volver a ser niños en un taller de autos cuando elegir universidad parece demasiado peso; como audiencia podemos ver High School Musical después de revisar la deuda estudiantil de dicha universidad. Quienes fueron producto adolescente de HSM quizá ahora se encuentran completamente extrañados del presente, quizá abstraen todo lo posible del pasado para traer esa dicha a los nuevos deseos de después de los 20, y quizá, ver High School Musical no solo nos da confort sino que nos permite seguir viviendo ese mundo onírico.

En este proceso de crecimiento quizá el carácter principal que evalúa la película es el de descubrir la identidad y los deseos que se generan a partir de ella. Sin embargo, en este camino de descubrimiento todas las ideas que puedan ir surgiendo parecen ir encaminándose en una serie de verdades preestablecidas que pretenden encasillar cada uno de estos sueños. Como consecuencia, esta clasificación promueve una idea de sacrificio de algunos para conseguir las metas más legítimas.

Did you ever lose yourself to get what you want? “Bet on it”. High School Musical 2.

En la segunda entrega, Troy interpreta, en una icónica escena en el campo de golf, una fragmentación del “yo” en deseos al futuro, lealtades ya arraigadas e incluso la nueva confrontación con una sociedad de consumo y producción. Este número musical invita al cuestionamiento del lugar en donde habita la identidad. Es decir, si se fragmenta todo aquello que compone el “yo” y la sociedad invita a priorizar solamente ciertas partes, ¿en qué lugar habita esa psiquis? Más aún, cuestiona sobre si debería priorizarse el mantener esos principios o si por el contrario debería elegir un camino seguro que moldee la identidad en una figura más convencional. En este recorrido de incognitas, en lugar de explorar esa fragmentación, parece ser que la adultez ha traído un sentido de desasosiego que lo ha vuelto simplemente espectador. Y como espectador, su propósito es consumir aquella realidad que parece no haber sido alcanzada.

Sin embargo, High School Musical no solamente es espectadores melancólicos y la nostalgia por algo que no existe, es también el ideal que permea la realidad y la promesa de algo mejor. Así, la dinámica de consumo redefine la identidad y le da la oportunidad de descubrir nuevos espacios. Es casi como si el nuevo sueño americano que promueve la trilogía es el poder querer más de una cosa. Y si bien profesionalizar todos estos deseos es totalmente abrumador y difícil de conseguir, poder experimentar estas habilidades se vuelve un motivo humanizante. Como consecuencia, hay una invitación implícita a arriesgarse así las cosas no salgan bien. Porque al final, si un basquetbolista termina siendo un entrenador de secundaria en la adultez, al menos al llegar a casa a cocinar galletas le hará sentir que todo vale un poco más la pena.

Once in a lifetime, when there’s no second chance. “Everyday” High School Musical 2.

Al terminar la segunda entrega, Troy y Gabriela cantan en el show de cierre una frase que marcaría el ritmo de la última película. Ese riesgo que suponía confiar en sí mismo y entender en dónde habita la identidad ahora deviene en ese futuro intimidante que está justo en frente. Al pensar en esta inmediatez, se van rompiendo ciertos acuerdos que parecían completamente adheridos al “yo”. Por ejemplo, en un mercado laboral entra en juego la competencia, el ego y las oportunidades escasas especialmente para esos sueños excepcionales como llegar a la NBA o ser la primera mujer presidenta de los Estados Unidos. ¿Cómo concebir entonces una realidad en la que ese que era amigo se vuelve rival? Desde la perspectiva del presente, High School Musical no invita a mantener estas lealtades para toda la vida, no mucho menos propone un filtro color rosa. Por el contrario, hay una constante insinuación a que más adelante puede que todos estos vínculos simplemente desaparezcan. Y que este es precisamente el motivo por el que justo ahora vale la pena mantener un enfoque presente sin pensar en todo lo que seguramente en el futuro quedará completamente eliminado.

Bajo esta perspectiva de evadir la visualización del futuro, High School Musical es una obra que indudablemente dialoga con el “coming of age” y lo resignifica. Esto en tanto rompe con la idea de que solo hay un gran crecimiento y un gran despertar al mundo. Ahora, los personajes se encuentran con una serie de descubrimientos que no ocurren en una sola etapa sino que idealmente nunca terminan. Entonces, ¿cómo abordar emocionalmente la idea de que nunca se termina de crecer? Con el mindfulness.

I promise you somehow that tomorrow can wait, some other day to be “Right here, Right now” High School Musical 3.

A pesar de estar inmersos en un discurso en el que es la última oportunidad, todo lo que vale es lo que hagas ahora, puedes conseguirlo todo, etc. Existen ciertos motivos que, como por arte de magia, hacen que esa velocidad del presente se diluya en lo esencial. Hacer el último musical, por ejemplo, parece dar una extensión de tiempo para hacer eso que no está instruido en ninguna parte. Y, así mismo, esta esencia cobra su segundo significado en tanto imprescindible; ya que estos momentos que parecen habitar un limbo temporal promueven considerar un poco más y menos racionalmente las decisiones que determinan el presente.

Es así como una secundaria totalmente estadounidense ha consolidado los deseos por seguir soñando de una generación llena de actuales adultos jóvenes quienes en parte siguen creyendo (y consumiendo) mucha fantasía. En dosis más o menos pequeñas, más o menos saludables. Pero siempre con el objetivo de que quizá algún día estar perfeccionando un texto a la 1 de la mañana valga la pena.

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