El 27 de noviembre tuve la oportunidad de ver la última película de Fernando Spiner y presenciar la despedida artística del gran Daniel Fanego. Llegué con expectativas altas y salí gratamente sorprendido, no solo por la potencia de la historia, sino también por la sensibilidad y la maestría con la que está narrada. Spiner a la altura de su trayectoria, y Fanego entrega una actuación final que reafirma por qué fue una de las figuras más destacadas del cine argentino.
La película construye un relato que oscila entre el falso documental y la ficción, rompiendo constantemente la cuarta pared e incluso mostrando el propio proceso de filmación. Todo está articulado por extractos de poesía que funcionan como un hilo conductor, otorgándole capas de significado y ampliando las lecturas posibles.
La obra se estructura en cuatro ejes principales.
El primero es una clase de poesía realizada durante la pandemia, donde cada poema anticipa o dialoga con los acontecimientos que veremos más adelante.
El segundo incluye breves entrevistas a artistas y habitantes de Villa Gesell, quienes ofrecen algo profundamente humano: su visión íntima sobre la muerte.
El tercer eje nos conduce a la conversación entre el director y una amiga de la infancia que escapó de la dictadura, aportando una dimensión histórica y afectiva que enriquece el relato.
Finalmente, la cuarta línea narrativa sigue a un pescador que cae de su lancha y lucha por sobrevivir mientras intenta regresar a la costa.
Estas historias están unidas por un tema común: la muerte y las distintas formas de enfrentarla. Algunos personajes la conciben como un hecho natural y parte inevitable de la existencia; otros recurren a la idea de la trascendencia o la reencarnación para encontrar consuelo. El director refuerza este eje temático mediante una serie de planos cenitales cargados de simbolismo: el primero muestra al pescador braceando en el mar para no hundirse, el segundo retrata a un habitante de Villa Gesell fusionándose con la naturaleza, y el último presenta nuevamente al pescador emergiendo del agua, luchando contra las olas para seguir vivo.
En conjunto, la película se convierte en una reflexión poética y profundamente humana sobre la fragilidad, la memoria y la persistente voluntad de existir.





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