ENTREVISTA CON PHAM NGOC LAN - por "Cu Li Never Cries" (2024).  

La vida a veces se encapricha en recordarnos que el tiempo es un tipo sin paciencia: no espera, no explica, no pregunta si estamos prontos. Cambia el barrio, cambian los afectos, cambia el cuerpo, cambia hasta la sensibilidad; uno parpadea y, de repente, el mundo insiste en hablarnos en otro idioma. No hace falta una tragedia para darnos cuenta: alcanza con volver a una casa donde ya nada nos pertenece. Y ahí aparece la gran pregunta —que en realidad es la misma desde que somos humanos—: ¿cómo se hace para seguir cuando lo que queda es apenas una sombra de lo que fue?

De eso trata, con una suavidad engañosa y una precisión quirúrgica, Cu Li Never Cries, ópera prima del vietnamita Phạm Ngọc Lân, estrenada en la sección Panorama de la Berlinale 2024, donde obtuvo el premio GWFF a la Mejor Ópera Prima. Una película que elige caminar lento, como quien carga un recuerdo pesado, pero con la certeza de que cada paso dice algo.

Cu Li Never Cries - Square Eyes

La protagonista es la señora Nguyên, una mujer que vuelve a Hanoi después de recoger en Alemania las cenizas de su marido, con un compañero inesperado en la valija: un loris pigmeo, un primate de ojos enormes que parece observar sin apuro cómo el mundo se acelera. Su regreso también la enfrenta a su sobrina Vân, que convive con ella y esconde una boda precipitada junto a un novio que no tiene claro ni el presente ni el futuro.

Una intenta aferrarse a lo conocido; la otra quiere lanzarse a lo que viene antes de que la vida empiece a exigirle cuentas. Y entre ambas: una Vietnam que cambia rápido, sin pedir permiso ni perdón. El duelo funciona apenas como excusa para hablar de lo que verdaderamente inquieta: cómo seguir adelante cuando nada alrededor parece reconocer quiénes éramos.

Phạm Ngọc Lân explora ese choque generacional sin subrayados ni golpes bajos. Nguyên arrastra una historia moldeada por la disciplina socialista y la promesa de una prosperidad que nunca terminó de llegar; Vân es hija de un tiempo que ya no quiere heredar sacrificios, pero tampoco sabe inventar una alternativa. Una va a bailes comunitarios y busca remedios tradicionales para calmar el dolor de piernas; la otra finge entusiasmo por un futuro que, en el fondo, le queda enorme.

El loris pigmeo, adorable y un poco fuera de lugar, opera como símbolo de lo que persiste: un lazo con la selva, con lo primitivo, con aquello que existía antes de que las ciudades empezaran a comerse el país. También encarna un cuidado que Nguyên es capaz de ofrecerle al animal pero no a la propia sobrina: las heridas familiares, ya se sabe, no se curan con plantas medicinales.

La película está filmada en blanco y negro. Una decisión nacida por necesidad (el rodaje sufrió demoras y hubo que recortar presupuesto) que termina volviéndose parte del relato: Nguyên ve el mundo sin colores porque hace rato que siente que ya no hay colores para ella. La cámara observa más que intervenir, y en esa distancia construye una intimidad rara, incómoda, muy humana. El ritmo se toma su tiempo —y quien pida una brújula narrativa puede marearse—, pero ahí está el corazón de la propuesta: dejar que las emociones respiren sin miedo al silencio.

Quizás lo más refrescante de Cu Li Never Cries es que por fin vemos una Vietnam contemporánea sin que la guerra sea el centro gravitacional, mientras se define a un país que todavía está descubriendo cómo quiere existir.

La película confirma que Phạm Ngọc Lân tiene una sensibilidad propia, capaz de hablar de historia sin pronunciarla, de política sin consignas, del cambio sin tragedias. El premio en Berlín no coronó sólo un debut: anunció la llegada de un cineasta que entiende lo que la vida se pasa recordándonos una y otra vez —que nada permanece, y que igual hay que seguir.

La siguiente entrevista exclusiva e inédita con el director vietnamita Pham Ngoc Lan fue realizada en el Berlinale Palast en el marco de la Berlinale en febrero 2024, gracias a la invitación del equipo de Alibi Communications.

Cu Li Never Cries - Square Eyes

Esta pregunta puede ser un poco agotadora, pero ¿de dónde surgió la idea de la película?
Todo comenzó con una canción muy especial que mi abuela me cantaba cuando era niño. Curiosamente, el autor de esa canción también escribió el himno nacional de Vietnam. La canción narra una leyenda que comparten muchas culturas del Este de Asia: dos hombres que, escapando de la guerra, se pierden en un bosque y encuentran un paraíso habitado por seres sobrenaturales. Al cabo de un tiempo, extrañan su hogar y deciden volver. Sin embargo, descubren que han pasado cientos de años y que su casa ya no existe como la recordaban. Tampoco pueden regresar al paraíso: quedan atrapados entre un pasado que se fue y un presente que les resulta extraño.

En esa historia hay algo profundamente universal, especialmente relacionado con la inmigración: el deseo de volver a un lugar que ya no existe más. En la película trabajé ese desgarro generacional, ese diálogo entre alguien que carga una memoria amplia y alguien que mira al futuro con incertidumbre.

¿Cómo fue transformar esa idea en una película desde el punto de vista de la producción? Sé que para el cine independiente, tanto en Asia como en Latinoamérica, nada es sencillo.
El financiamiento fue realmente complicado. En el cine independiente no podemos depender del Estado ni del capital comercial, porque ninguno es fiable. Por eso los fondos llegaron principalmente desde el extranjero, y de personas que creyeron en mi forma de ver el cine. Fue un proceso largo y agotador, pero también me permitió encontrar colaboradores que entendieron y acompañaron la película desde su esencia.

Cu Li Never Cries - Square Eyes

Entonces, ¿se considera una coproducción? ¿Y cómo fue el trabajo con esos países involucrados? ¿Participaron creativamente o solo aportaron dinero?
Toda coproducción exige mucha más energía y tiempo del que una película debería necesitar, porque hay mucha más gente involucrada en las decisiones. Pero también tiene ventajas: durante la posproducción trabajé con especialistas franceses con una relación muy pura con el cine. Tienen una mirada artística menos condicionada por el mercado, algo que en mi país no sucede tan a menudo. Esa manera de ver el cine como cine —simple y completamente— enriqueció profundamente el resultado final.


Hay decisiones muy bellas tanto en lo visual como en lo sonoro. ¿Cómo fue dirigir esa combinación?
Dirigir significa estar atento a todos los detalles: la imagen, el sonido, la atmósfera, los objetos, los ritmos. Una idea puede ser muy buena en la cabeza, pero si no se trabaja cada detalle, se queda en abstracción. Por eso creo que el director debe ser tanto artista como artesano. Admiro a cineastas como Ozu o Kubrick, que se involucraban en todo: desde la puesta en escena hasta el diseño gráfico que aparece dentro del cuadro. Quise seguir ese camino, construyendo la película con la precisión que requiere un oficio.

Phạm Ngọc Lân - Berlinale

El cine independiente suele tener dificultades para llegar al público local. ¿Qué expectativas tenés para el estreno en Vietnam?
Me gustaría muchísimo que la película se vea en Vietnam, porque tiene capas culturales y emocionales que solo ciertos espectadores locales van a captar con profundidad. Pero el problema es que en nuestro país las películas comerciales y las independientes comparten la misma estructura de distribución y marketing. Eso hace que a veces la película llegue al público equivocado y genere reacciones negativas solo por expectativas desalineadas. Así que sí: deseo el estreno local… pero no puedo predecir cómo será recibido.

Además del desafío productivo, esta película nació de algo personal. ¿Qué te dejó a nivel íntimo después de hacerla?
Aunque la película comenzó desde algo muy íntimo, el proceso la transformó en una obra donde conviven lo personal y lo colectivo. Un maestro me dijo hace años algo que siempre recuerdo: crear es como estar en una habitación vacía con un espejo y una ventana. Hay que encontrar el punto exacto donde podés mirarte en el espejo —entender quién sos y de dónde venís— pero también ver el mundo a través de la ventana. Ese equilibrio es lo que intenté lograr con esta película. Y esa búsqueda, más que nada, es lo que me llevo conmigo.

Phạm Ngọc Lân, Nguyễn Thị Minh Châu, Hoàng Hà, Lê Thị Hà Phương - Berlinale

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