En la isla de Lanzarote, frente a las costas de Marruecos, hay un festival de cine, la Muestra de Cine de Lanzarote. Es un festival muy particular, basado sobre todo en la conversación. Tanto en las funciones de la Selección Oficial como en los focos temáticos hay largas conversaciones después de cada película. Además de eso, la conversación es el centro de la deliberación del jurado, porque es una deliberación pública. Como aquella de la que ya les conté en el festival de cine de Cosquín, que se inspira en este, en el festival los jurados se reúnen en un escenario y a través de un método muy detallado cada jurado dice algo de la película también en orden, de manera tal que la conversación sobre la película se va acumulando en una serie de ideas sobre estética, política, puesta en escena, genealogías, tradiciones y mil cosas más. Tuve la infinita suerte de ser jurada este año en la muestra, junto con Violeta Kovacsics y Antonio Martín Medina, y con ellos poder conversar las seis películas que formaban la selección oficial.
Llegué a Lanzarote un lunes temprano, dos días antes de que comenzaran las proyecciones de la competencia, lo que nos dejó mucho tiempo para poder ver las otras películas que se programaban, sobre todo las del foco. Todos los años el festival le dedica un espacio a pensar con el cine en un asunto, y en este caso el tema era el agua. Pude ver tres programas: uno de cortos, que tenía un corto contemporáneo, Planktonium, de Jan van IJken, y tres cortos históricos que piensan el agua como forma, Aguaespejo granadino, de José Val del Omar, Panta Rhei de Bert Haanstra y Regen de Mannus Franken y Joris Ivens. La conversación posterior fue una verdadera maravilla en la que la gente podía conversar con Jan sobre su película y las demás. La película de Jan estaba hecha a través de un microscopio que permitía ver una colección de criaturas invisibles al ojo que viven en el agua dulce y salada. Estas criaturas, que son distintos tipos de plancton, se revelan al ojo como cuerpos transparentes, coloridos, casi fosforescentes que se mueven, se reproducen, crecen. Es casi imposible tener esta experiencia por fuera del cine de poder ver estas criaturas, y la forma en la que van IJken las filma, con un fondo negro que todo lo hace visible, produce una especie de milagro. Hablamos de todo, desde la toma de muestras de criaturas microscópicas salidas de todas las aguas de Holanda hasta la percepción y la subjetividad animal.

El ciclo del agua siguió con dos películas más, Water, Wind, Dust de Amir Naderi y Toula ou le génie des eaux de Moustapha Alassane y Anna Soehring. La primera sigue a un chico a lo largo de un día mientras busca a su familia en el desierto. Sopla un viento inclemente toda la película que llena la imagen de polvo mientras que este chico va cayendo en situaciones cada vez más extremas: la falta de agua, que aparece sólo en un pozo en el suelo que puede secarse en cualquier momento, un bebé abandonado en medio de la nada, un hombre enterrado bajo una tormenta de arena. La película transcurre en una especie de lugar fantástico, una laguna seca en la que aparecen botes abandonados y peces muertos, como si sucediera en una distopía del futuro cercano, un mundo sin agua. En un momento el chico encuentra, abandonados en un cuenco, dos peces dorados que lleva a toda velocidad al pozo en una secuencia de montaje desesperante. Recordé a mitad de la película haber visto otra de Naderi, Entezar, en la que un chico también buscaba algo aunque en una situación mucho menos hostil: buscaba hielo en una tarde pesada de verano en la que una mano de mujer se transforma en su imaginación en un mundo secreto sensual e infinito.

Toula ou le génie des eaux es una ficción en un sentido más tradicional, pero en otro todo lo contrario. Película hecha de muchos registros diferentes, empieza en la contemporaneidad, Níger en 1974, donde un padre y un hijo escuchan noticias sobre la falta de agua y las intervenciones de la Unión Europea en África. Luego, comienza un flashback a un tiempo lejano en ese mismo lugar. En un pequeño reino se están quedando sin agua. El pozo cavado en la arena, igual que en la película de Naderi, se queda sin agua. El ganado se está muriendo de sed, y también las cosechas. Todo el mundo en el reino está desesperado buscando agua por todos lados hasta que un adivino viene y le dice al rey que el dios del agua quiere un sacrificio, y que en una fiesta tienen que morir su hija o su sobrina. Toula es la sobrina, la chica más linda del reino, la más querida. A partir de ahí comienza una peripecia dividida entre el rey y su decisión y el novio de Toula, un soldado y buscador de agua que va con un extranjero en busca de un oasis para salvar a su amada. La película alterna momentos de ficción muy elaborada con secuencias casi documentales en las que se registran rituales del pueblo (las chicas vistiéndose y maquillándose para la fiesta del agua, el trabajo del pozo). Una de las cosas que más me impactaron fueron las formas en las que la gente se sube y se baja de los camellos, medio de transporte en el desierto, pisándoles el cuello para que bajen al nivel del suelo.

Por último en el ciclo vimos Our Daily Bread, de King Vidor, de 1934. Una película del después de la crisis del 30, comienza con una pareja que vive en la ciudad y que está a punto de ser echada de su casa por no poder pagar el alquiler. Viven a crédito, o intercambiando cosas de la casa por comida (intercambian un ukelele por un pollo flaco). Un día llega a la ciudad un tío rico de la mujer que les dice que tiene una propiedad que el banco quiere sacarle, y que en realidad ni el banco ni él la quiere, que podría ser de ellos si la trabajaran. Hablan de un movimiento de regresar al campo y deciden cargar el auto y salir para allá. La granja está un poco maltrecha, pero no está mal. Cuando llegan, se dan cuenta de que él no sabe nada de agricultura (se divide el trabajo muy rápidamente y sin pensarlo en ella dentro de la casa y él afuera). En eso aparece una familia buscando trabajo por el camino y la pareja los invita a quedarse a vivir con ellos y trabajar juntos la tierra. Deciden ampliar el llamado y terminan llegando de todas partes decenas de familias que se instalan en la granja como una especie de comunidad autogobernada de agricultores. La película es una utopía atravesada por varios conflictos: el banco que quiere la tierra, una femme fatale y, sobre todo, la sequía que amenaza con matar toda la cosecha de maíz. Es sorprendente que esta película exista, con el nivel de colectivismo que plantea: un grupo de personas que le ganan al banco un pedazo de tierra y forman cooperativas de consumo y trabajo, una forma de vivir por fuera del capital. Una forma de vivir en comunidad.

Después de ver estas tres películas, mi percepción estaba totalmente tomada. Todo lo que veía era agua, o la falta de. Caminando por distintos lugares de esta isla volcánica que parece marte, rodeada de mar pero completamente vacía de ríos y valles, la inclemencia del paisaje se hacía mucho más fuerte.



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