Navidad... Navidad .. ¿Qué es la navidad? 

Crecí en un ambiente en el que la Navidad comenzaba en octubre, entre gaitas con un volumen que nadie dormía, bebidas por doquier, un ambiente tan festivo que solo logró bloquearme a ese último trimestre del año. Solo lo asociaba con ruido y con un compartir en el que se perdía la familia entre tanta gente.

Comenzábamos pintando la casa, o sea, toda la casa: las rejas, paredes, puertas, sillas, todo se pintaba. No podía llegar el día de la Virgen de La Chinita y que la casa no estuviera pintada, eso no pasaba, en octubre todos brocha en mano pa comenzar la faena. Nuestra casa estaba en la ruta del desfile de la Virgen, en pleno corazón de la Feria de Maracaibo. Seguro has escuchado la gaita que dice: “venite pa' Maracaibo a la Feria de la Chinita, aquí la cosa es bonita...” No era solo una gaita, era la vida real.

Entonces, así iba la cosa: octubre, el mes de la preparación que coincide con mi cumpleaños y con el Béisbol; luego, noviembre, mes de laaa Feria, y cerramos con las fiestas de Navidad, la decoración de Navidad, el árbol más gigante pa la Navidad (de que vale tener un árbol si no llega al techo?) la comelona de Navidad, las reuniones de Navidad, es decir, Navidad en pleno. ¿Cómo, mucho, no creen?

Ya cuando entrábamos en el mes de diciembre, no lo van a creer, pero hasta el regalo de Navidad era un estrés. Había partes de la casa que, literalmente, quedaban bloqueadas porque era donde escondían los regalos. Niño que pasara por ahí, niño que quedaba en la lista negra.

Mis hermanos y yo hacíamos guardia para ver qué escondían, y entonces lo descubrimos: la ruta del Niño Jesús y su “almacén” de juguetes en la casa. Luego la decepción, porque había una muñeca gigante para mí, pero yo quería una bicicleta; otro motivo para no querer la Navidad. Música, ruido, bebidas y, de paso, una muñeca gigante no deseada.

Con el paso de los años simplemente me bloqueé a la Navidad festiva, esa Navidad bien navideña. En mi espacio disfrutaba de mi Navidad ideal, el silencio y yo, nada más. ¿Para qué decorar? ¿Para qué regalos? ¿Para qué compras y compras? Con eso solo gana el comercio, no necesito nada de eso. A la familia los veía después de las festividades, los visitaba un par de horas y me iba.

Con el pasar de los años llegó a mi vida un gato y el árbol junto con los tres adornos navideños que tenía él se encargó de eliminarlos. Y realmente, entre mi gato y los adornos, obvio, siempre será mi gato.

Y los años siguieron pasando y mi Navidad se fue apagando, ya no había Navidad, no me prestaba a la época comercial. No había Navidad, no aceptaba su ruido. No había Navidad, no quería ver botellas rodar... No tenía Navidad, no tenía, no tenía con quien compartir.

Navidad, Navidad, ¿Qué es la Navidad?

Es no estar solo, es la casa llena, es la alegría de compartir y aceptarnos tal como somos con lo que tenemos o con lo que carecemos. Tuve muchos años viviendo una Navidad nada navideña. Retomarla no es fácil, ya no tengo a mi gente. Me gustaría tenerla una Navidad más, con la gaita a todo lo que da, con mi muñeca gigante y amanecer dormida en el sofá. Aunque sé que eso no podrá ser, hoy disfruto mi Navidad con lo que la vida me da, agradecida de haber tenido las mejores Navidades de la vida con la familia más bulliciosa de Maracaibo; es que aquí la Navidad es otro nivel .. y gaita todo el año, porque todo el año es Navidad.

A todos los que extrañan sus Navidades navideñas, les abrazo fuerte, especialmente a cada venezolano en cada rincón del mundo.

¡¡Feliz Navidad mi gente!!

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