Hay temas dolorosos en nuestro país, heridas que siguen abiertas, que han sido abordadas reiteradamente desde el realismo psicológico, como los efectos de la última dictadura militar, pero que resultan tabú para ser abordados desde el género. En este sentido, la película 1978 (Luciano y Nicolás Onetti, 2024) que abordó la última dictadura militar amalgamando el terror realista y sobrenatural ha significado un primer quiebre de dicho tabú, una apertura del camino
Si en 1968 el realizador George Romero se animaba a releer la reciente guerra de Vietnam con las claves del cine de terror de zombies en La noche de los muertos vivos (The night of the living dead) , ¿por qué no podría abordarse la Guerra de Malvinas, uno de nuestros más recientes conflictos bélicos, desde las convenciones del género de terror? Porque además, ¿Qué cosa no es terrorífica sino una guerra y sus consecuencias? Y es aquí donde el realizador argentino Daniel de la Vega recoge el guante en su último trabajo Los ojos del abismo (2025), consiguiendo abordar lo que significó la guerra de Malvinas sin solemnidad, pero con respeto.
La película nos presenta en el prólogo a una joven mujer que despierta desde el piso metálico de lo que descubrimos que es un barco, visiblemente aturdida, desaliñada y ensangrentada. La iluminación a predominio del rojo, cierto ruido permanente como de una alarma y el desorden, nos anuncia que algo catastrófico aconteció en dicho lugar. Y como espectadores despertamos junto a la protagonista Inés (verónica Intile), a quien por sus ropas con la cruz roja identificamos como enfermera; tratando de desandar la memoria y poder discernir lo que ocurrió. Inés se mueve por el barco con precaución, se cura la herida en la cabeza con el botiquín de primeros auxilios y mientras va avanzando por los pasillos y los camarotes va descubriendo a algunos hombres muertos, a quienes no consigue identificar a primera vista. Ha perdido la memoria y se va referenciando en los hallazgos que va realizando: una foto grupal tomada en la cubierta del barco, las chapitas identificatorias, el almanaque con la foto hot de Camila Perisse que tiene fecha 1982, las revistas que documentan el recital de Queen en Argentina, la información escrita sobre el barco. Con los restos fragmentarios habrá que reconstruir qué aconteció.
Pronto aparece con vida el perro pastor alemán que acompañaba a la tripulación y alguien le responde desde la radio, por lo que pide ayuda. En su recorrido por el barco llega hasta la salida de emergencia, pero la iluminación de color rojo y su visible inquietud, señalan allí un límite, una zona vedada a franquear, que queda envuelta en un misterio para el espectador.

El uso perturbador e intrusivo del sonido y la música inquietante, junto a la atmósfera claustrofóbica construyen acertadamente el tono del suspenso de una amenaza inminente. Hay algo que está al acecho en esa especie de barco abandonado y fantasmagórico, pero no se sabe bien qué.
Pronto, abordan el barcos soldados ingleses, que armados, la toman como rehén para ser examinada por una doctora, y mientras tanto, la vejan. La doctora viene equipada con un equipo para examinar la sangre y con un celular, elementos discordantes que sitúan a estos extranjeros en una temporalidad del futuro.
Luego del examen, la doctora dictamina que hay que eliminar a Inés. Pero uestra protagonista se zafa de sus ataduras y uno a uno va liquidando implacablemente a cada uno de sus maltratadores, empleando distintos métodos, casi sorprendida de su destreza y su fuerza. Se constituye así como una mujer empoderada, liberada de cualquier atadura, como una heroína que avanza sin temor ni temblor hasta las últimas consecuencias, con un poder entre lo animal y lo sobrenatural. Algo que hace honor a su apellido Robles, una entereza inclaudicable y también implacable, pero no sin ética.
Aquí ya son claramente reconocibles para el espectador las referencias a La cosa (John Carpenter; 1982) y a Alien (Ridley Scott, 1979), tanto por el vestuario de Inés y por la composición de su personaje, como por esos pasillos estrechos, las sirenas, las luces y el humo, que equiparan la nave espacial con la nave marítima. Así mismo elementos de la ciencia ficción y del barco fantasma se conjugan con el subgénero de la serial killer y con el rape and revenge.

Pero en rigor el terror trata del regreso del pasado. De modo, que qué es aquello que regresa aquí? La película va dejando rastros, pistas en pequeños elementos de los que se dice o se ve: 1982, el barco se llama Alétheia (que significa verdad), se bailaba en el recital de Queen porque se era libre, se es un eco que reverbera desde hace más de 40 años.
Y llega entonces el giro del guión con la llegada al barco de soldados argentinos que también quieren eliminar a Inés, acaso porque como la ven vestida con las ropas del enemigo la toman por él. Pero Inés pierde la conciencia tras la balacera y recuerda a qué vino a ese barco, y sobrevive milagrosamente otra vez, para continuar saliendo siempre a flote.
Inés entonces, como su nombre lo indica, es la representación de la pureza y la castidad de la verdad, que resiste a las manipulaciones y a los intentos de silenciarla, a uno y otro lado de los intereses en pugna en el conflicto bélico de Malvinas. Es la guardiana de la memoria del pueblo, de los jóvenes que murieron en Malvinas, es la emergencia del trauma que insiste y pugna por encontrar paz en los derroteros de la justicia. Porque podrán querer ocultarla, tergiversarla, ensuciarla; vejarla, renegar de ella; pero indefectiblemente la verdad siempre termina por salir a la luz.

Los ojos el abismo recupera y visibiliza una herida y una trauma colectivo de nuestra historia reciente, que al día de hoy no está saldado, como lo muestra la indiferencia social y política respecto de sus víctimas y sobrevivientes, y porque el feriado se reduce a una día de descanso o vacacional para las mayorías. Volver a poner en el tapete la verdad sobre Malvinas no apunta simplemente a un mero revisionismo histórico. De la Vega tiene el mérito de recuperar un tema que hoy cobra mayor resonancia a la luz de una política de estado negacionista con respecto a las víctimas de la última dictadura militar, entre las que se cuentan los héroes de Malvinas, corderos sacrificiales de una guerra desleal. Además en el contexto de una mayor belicosidad a nivel mundial, donde incluso América Latina está bajo amenaza, bien vale recuperar la memoria y la verdad para no repetir el pasado y acaso repensar nuestro futuro como sociedad.
Apoyada en un guion que confía en el espectador (sin entregar un sentido plenamente cerrado); filmada en el escenario real de un barco naval; (decisión coherente con el cine de la época más analógico y artesanal que digital, que permite explotar el efecto claustrofóbico y el desconcierto temporal), y contando con la sólida interpretación de Verónica Intile, Los ojos del abismo es una película inquietante y disfrutable, que consigue amalgamar hábilmente entretenimiento y reflexión, logrando hacer pasar el genuino amor de sus creadores por el género y por el cine.



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