La pandemia de Covid-19 y la vacuna que se lanzó en tiempo récord; agudizó toda suerte de teorías conspirativas. Surgieron así los antivacunas, la paranoia de un genocidio encubierto producto de un virus de laboratorio cuya expansión no habría sido accidental, los terraplanistas, etc.
Y es en continuidad con estas cuestiones que al día de hoy continúan vigentes, que puede leerse Bugonia (2025), última película del realizador griego Yorgos Lanthimos, que cuenta con la producción del director estadounidense Ari Aster y de la propia Emma Stone, en una nueva colaboración también desde lo actoral con el director.

El prólogo de la película presenta una primera clave de lectura de la misma. Mientras vemos a una abeja realizar su trabajo de polinización de las flores, la voz en off de Teddy, uno de los protagonistas, relata a su primo, cómo las abejas trabajadoras se alejan de repente de la reina y se dispersan, acaso debido a la alteración que introducen en el ecosistema los agro-tóxicos producidos por las grandes compañías farmacéuticas. Aquí ya se presenta una primera metáfora para leer el capitalismo, una pequeña élite que rodea a la reina y la masa trabajadora fragmentada y desorientada, como efecto de un capitalismo voraz que funciona con concentración de riqueza en esa minoría de élite.
Y es precisamente desde el género de la ciencia ficción hibridado con la comedia negra, narrada bajo el clima del thriller paranoico, que Lanthimos construye en Bugonia una sátira crítica, hilarante y despiadada de la fase contemporánea del capitalismo, que es el capitalismo financiero, cuya clase dominante es la minoría de billonarios y sus anónimos capitales transnacionales.

Teddy (Jesse Plemons) es un joven apicultor, que ahora trabaja en el sector de embalaje de una importante empresa farmacéutica, y que vive aislado en su casa en la América rural profunda. Jesse relata e instruye a su primo Don (Aidan Delbis) -que presentaría un trastorno del espectro autista-, en su plan de secuestrar a Michelle (Emma Stone), la directora ejecutiva de dicha compañía farmacéutica, a quien considera una extraterrestre de la galaxia Andrómeda, que ha venido a destruir a la humanidad.
El montaje en paralelo nos muestra el entrenamiento físico y la limpieza mental, de ambos primos para fortalecerse y resistir cualquier tipo de manipulación psicológica o sexual por parte de Michelle, y a la vez, la rutina de ejercicios y de cuidado físico que realiza ella, antes de salir para su oficina.

Consumado el secuestro, Teddy quiere que Michelle grabe un mensaje para dirigir al emperador de Andrómeda solicitando su retiro de la Tierra al 4to día, que es cuando se producirá la lunación donde es posible tomar contacto con la nave nodriza. Lanthimos construye esta parte de la película creando un clima de paranoia claustrofóbica, que está dado por el estrecho sótano donde mantienen secuestrada a Michelle, por los planos cerrados y por la volatilidad emocional de Teddy, siempre al borde del estallido de violencia. En tiempos de posverdad, Teddy representa la coherencia argumentativa de un discurso que se sostiene a sí mismo por su propia lógica cerrada (como ese sótano), sin necesidad de una validación empírica. Al mismo tiempo, maneja muy bien el director la ambigüedad respecto de si Teddy es un paranoico delirante, cuyo delirio sigue Michelle para evitar desatar su agresividad hacia ella, o si realmente Michelle es una extraterrestre y lo oculta.
El flashback al pasado, que está dado por el uso del blanco y negro, repone que la madre de Teddy (Alicia Silverstone) fue sometida a un tratamiento farmacéutico realizado por la empresa que lidera Michelle, que tuvo consecuencias adversas, cuando él era un niño, encontrándose ella actualmente hospitalizada en coma.
Del lado de Teddy, puede leerse un trastorno delirante paranoico, una inquebrantable certeza conspiranoica como efecto del trauma, que apunta a rechazar la realidad de la muerte en vida de la madre. Teddy, degradado hoy a ser una pieza más en el sector de embalaje de una mega corporación, es el representante del ciudadano común, roto y resentido, un don nadie, un asalariado insignificante para el sistema, que ve frustrado el famoso sueño americano, y a quien ni la reparación económica que ha dado la empresa ni la política tradicional han sabido dar una respuesta. Sin nada que perder, pretende entonces lograr cierta visibilidad social proponiéndose como el redentor de la humanidad, como el salvador del planeta. El crimen se presenta entonces como manera de hacerse un nombre, de ser alguien en la sociedad.
Del lado de Michelle, más adelante en la trama se revela que efectivamente es una extraterrestre que ha venido a salvar a la humanidad de sus propias tendencias de auto y hétero destrucción, experimentando sobre ciertos humanos (como la madre de Teddy) para ver si eran capaces de regenerarse. Y Michele terminará encontrando infructuosos dichos esfuerzos.

Pero Lanthimos no plantea un mundo de buenos y malos, porque verdaderamente no hay modo de que podamos identificarnos o empatizar con Teddy, ni tampoco con Michelle. Aquí el dato del color rojo morado que identifica a Michelle con su impecable tapado sobre el traje de oficina, en la bata o el vestido que luce estando secuestrada, como el del planeta al que pertenece, develan quién es tras su fachada benevolente. No por nada como CEO de la compañía plantea a sus empleados que pueden retirarse temprano, pero solo si terminaron sus tareas, apelando a su conciencia. Se revela así que bajo la apariencia de la benevolencia ejerce, en realidad, un imperativo superyoico de productividad, una voluntad de dominio y expoliación que se encubre con buenas intenciones. Siguiendo esta línea, el color rojo que la identifica expresa la violencia ejercida respecto de sus subordinados y, en última instancia, esa superioridad moral por la cual, desde su condición de extraterrestre, se reserva la decisión de eliminar a la imperfecta especie humana.
La ciencia ficción se revela así como una lectura crítica mordaz del capitalismo contemporáneo. Porque, ¿qué hay de más extra e inhumano sino es el propio capital? Aquí como en la abeja reina y su consejo, la élite de Andrómeda puede leerse como esa minoría capitalista, como los dueños del mundo (como Elon Musk anticipado por Bradbury, que ya prepara su vida en otro planeta), que están dispuestos a sacrificar a algunos humanos, a producir ciertos daños colaterales o incluso destruir a la humanidad toda en nombre de salvar al planeta. Cualquier resonancia con la actualidad donde somos testigos de un genocidio étnico a cielo abierto y de guerras que produce el propio capitalismo debido al colapso al que lo conduce sus propios excesos, no es pura coincidencia.
Si tomamos el título Bugonia, es por un lado, el modo en que Lanthimos se diferencia de la película surcoreana original (Save the green planet!, 2003, Jang Joon-hwan) - de la que es una remake - y a la cual le imprime su sello de autor (distanciamiento, mundos cerrados con lógicas insensatas, humor negro y sarcástico, personajes femeninos despiadados), apropiándosela. Y por otra parte, refiere al mito griego, de dicho nombre, sobre la generación espontánea de abejas a partir de un buey sacrificado, dando cuenta de la idea simbólica de un renacimiento o restauración necesario a partir de una sociedad en descomposición, razón por la cual, tras la decisión de una purga final, las abejas retornan a su medioambiente natural.

Incluso con la lógica del científico loco que experimenta con sus criaturas podemos leer la metáfora del creador y su imperfecta criatura, donde la sometida criatura se revela contra su creador, mientras que el creador se deshace irresponsablemente de su obra imperfecta. Se trata de dos lógicas de un mismo sistema que no admiten conciliación ni redención posible. De un lado o del otro se ubica el mal en el exterior, en el otro, en los extraterrestres para los humanos o en los humanos para los extraterrestres, pero ninguno de los dos es capaz de leer ni de responsabilizarse por el mal que en realidad habita en su propio interior.
No por nada Lanthimos es considerado uno de los representantes del llamado cine de la crueldad, en su cine no hay alivio ni reparación posible. Bugonia es entonces, apelando ahora a la narrativa del género de la ciencia ficción; una nueva disección crítica por el absurdo que realiza el director griego, de manera precisa y brutal, de la insensatez y la barbarie del capitalismo en su fase contemporánea.



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