CUANDO HARRY CONOCIÓ A SALLY: ENTRE REFLEXIONES SOBRE LA VIDA, EL CINE Y SENTIMIENTOS QUE HUYEN A LA VOLUNTAD.  

Tenía ganas de publicar una crítica sobre esta icónica película luego del nefasto asesinato de Rob Reiner junto a su esposa, presuntamente a manos de su hijo drogadicto. Con el agregado infame de una declaración del mismo Presidente Trump, acusando al fallecido de su propia muerte por su supuesto “fanatismo antitrumpista”. Es increíble hasta qué punto puede llegar la megalomanía y el narcisismo, niveles que oscilan entre la patología y la perversidad dentro de la cordura, sin poder distinguir cual de los dos es la causa de publicar un mensaje como el que redactó nada menos que un Presidente.

Terminando esta digresión sobre esa infamia irrespetuosa, inicio mis palabras sobre esta comedia dramática de finales de los 80 dirigida por Reiner (qepd) y escrita por Nora Ephron, una gran escritora (qepd), a las puertas de los 90, con una descripción clave: fue una década de desparpajo, de destape sexoafectivo. Aunque hoy en día, algunos dirían, con escasa gimnasia mental, que Harry es un simple acosador y Sally una pobre víctima, pero esto es un engaño, ya que se trata de la típica dinámica en la que el primero es el perseguidor y la segunda la perseguida, con dos obstáculos no menores: él es novio de una amiga de ella, mientras que ella está inicialmente soltera y años después (en su primer reencuentro tras el viaje universitario a Nueva York desde Chicago) se pone en pareja con un ejecutivo alto, rubio, más lindo y juvenil que Harry, pero con menos carisma que este. Mejor dicho, primero es el obstáculo masculino, posteriormente, ambos lo poseen.

El atrevimiento de Harry, su cinismo y sarcasmo, se cruzan con la auto justificación, la reactividad e ironía no sin encanto de Sally. Es cierto, a ojos de hoy se ve como excesivo: intentar conversar sobre sexualidad con la chica que nos gusta, sin tanta confianza previa, parece chocante o desubicado si hay preguntas incisivas, no obstante vale aclarar que cierto acercamiento ya existía desde que se conocieron, el problema era la diferencia de opiniones, que puede surgir en cualquier discusión que no involucre arrojarse objetos o propinarse insultos como dos incivilizados, no es este caso, afortunadamente.

Sin embargo, claro está, la famosa escena en el bar donde ellos están cara a cara comiendo, supera cualquier barrera pudorosa a partir del acto enormemente vergonzoso de Sally para ojos ajenos, dejando muy atrás el arrojo confianzudo de él del principio. Para quien la vio, no hace falta que la describa en detalle, pero es más que famosa, célebre.

Con bellos planos de Nueva York, grandes y medianos, Reiner nos ofrendó las andanzas con vaivenes de una no-pareja, mucho antes que la fallida Licorice Pizza de Paul Anderson, que pretendió imitarla sin éxito, aun con diferencias argumentales e individuales. Harry y Sally son histéricos, aún peor, insoportables, sin embargo, tienen la virtud del apasionamiento por el cine: ambos son fans de Casablanca, el alegato anti-nazifascista por excelencia del séptimo arte, tal es así que se muestra una pantalla partida de los dos viendo la película en sus tvs en paralelo, acostados en sus camas, procedimiento de montaje que se repite también cuando los amigos en común de ambos conversan con ellos por teléfono. La secuencia de montaje, otra formalidad propia de las obras de Woody Allen (Annie Hall, Manhattan, los casos paradigmáticos) del género, es otra demostración de que el paso del tiempo a la velocidad casi de la luz, no solamente es placentero como si fuese una travesía al extranjero, sino un curso continuo de un romance reprimido, de una amistad artificial.

30 años de “Cuando Harry conoció a Sally”: la historia desconocida del  orgasmo fingido de Meg Ryan y el amor que cambió el triste final - Infobae

Harry parte de la tesis de la imposibilidad de que el hombre y la mujer puedan ser amigos sin que surja deseo sexual de por medio, Sally lo contradice, pero él contraataca con un argumento lógico y menos admitido: que aunque exista esa amistad a secas, el deseo está ocultado a gusto por una de las partes (para él, oculta el hombre, pero también lo puede hacer la mujer). Dicho de otro modo, la química amorosa, el romance o el erotismo sin enamoramiento pero con apego amistoso ya arruina esa amistad pura y casta. La conclusión conceptual de la obra parece ser la continuación lineal de la tesis: en efecto, surgen sentimientos que antes no estaban, pero que se venían cocinando a fuego lento y esto tira por la borda esa posibilidad mencionada, cumpliéndose así el punto de vista masculino.

Emergen las dudas, los celos, las contradicciones, el malestar mutuo, son esas idas y venidas a las que nos resistimos a vivir pero que inevitablemente son condiciones de posibilidad, mucho más probables que improbables, la estabilidad permanente no es más que una fantasía imposible como querer volar. El amor duele? Quizás, pero la adversidad se atraviesa para llegar a la dicha y eso, en una ficción bien estructurada, es indispensable para su éxito.

Leía una crítica por este mismo medio sobre esta misma película y nombraba un malestar de la época que nos toca: las apps de citas, con su superficialidad, aunque nos brinden oportunidades de conocer al “amor de nuestras vidas”, también pueden ser frustrantes porque tienden a la inmediatez, porque rechazan ese fuego lento que esta obra, precisamente reivindica: la profundidad le gana a la superficie banalizada de Internet, conocerse en un tiempo prolongado con alguien con quien se siente química, es mil veces mejor que 20 encuentros de sexo casual para tapar vacíos, para ocultar nuestro miedo a la soledad constante, del que supongo, nadie escapa. No digo que este mal estar con uno mismo y sin nadie más, pero estar frente a alguien que nos interpela, puede ser mágicamente excepcional.

La banda sonora jazzera, a cargo de Harry Connick Jr, es el mejor acompañamiento para ese otoño, para esas caminatas, que indudablemente, evocan nuevamente a Woody Allen, Eric Rohmer, Jim Jarmusch, Richard Linklater, entre otros maestros menos o más modernos.

Sin ser una obra maestra, When Harry meets Sally es graciosa, fresca, genuinamente cambiante, a veces ridícula, pero no por inverosimilitudes del guion, sino por cómo son las personalidades de ellos, excesivas, incómodas, molestas, pero no por ello con comportamientos ajenos a los reales: quizás la única acción que se supone, realmente imposible (salvo que en Internet aparezca un caso que me contradiga), es la citada de Sally en el restobar ante la atenta e incomodísima mirada de Harry y todos los comensales que los rodean.

Cuando Harry encontró a Sally... (1989) | MUBI

El atrevimiento, aunque hoy sea visto con malos ojos, es necesario por su poder liberador, mientras que reprimir lo que sentimos para conservar en cambio un vínculo cuya esencia contradice su apariencia, es lo que nos puede llevar al malestar mental. Ese es el gran mensaje que Rob Reiner presentó a la posteridad.

Revelaron cuál era el verdadero final de

LIGHT

Ilumina y aumenta su visibilidad — ¡sé el primero!

Comentarios 2
Tendencias
Novedades
comments

¡Comparte lo que piensas!

Sé la primera persona en comenzar una conversación.