Hola, Papá Noel.
El año pasado te pedí para mí un hermoso carro y me lo trajiste, sí, pero pequeño, para niños, y yo lo quería grande, para adulto. Sé que errar es de humano, pero tú no eres humano, tú eres algo sublime, eres un santo. Sé que pensarás que esta carta es de reclamo; bueno, sí, y no. El juguete, que de paso es hermoso, lo tengo de adorno en la repisa de mi cuarto. Gracias, es bello, pero la próxima vez, tráeme cosas colosales y no para peques.
Este año quiero otra cosa. Dirás otro capricho más, no; no es un capricho, el carro no era un capricho, era para que me llevara a la universidad y me trajera de vuelta a casa, pero no importa, aún las camionetas públicas están trabajando.
Mi pedido de este año es para las películas que me dolieron en diferentes años y no las he podido olvidar, y pensarás: "Ay, caray, ¿y yo qué sé de cine? Yo solo sé de juguetes, niños y duendes" Con tu magia navideña sé que puedes, tienes toda mi fe en que sí puedes y sí lo harás.
Además, ya supe que te metiste en el mundo del cine; ahora eres el productor más poderoso del cine. ¿Quién te ve, de juguetero ahora a cineasta? Quiero tu ayuda, tu apoyo, para que me dejes colaborar en hacer cambios a ciertas películas que me perturban y que sé que a muchos también. Siempre he querido hacer estos cambios en estas películas, pero no he sabido a quién pedir ayuda para que me dejen poner mi punto de vista y me dejen colaborar en el cambio.
En Tron Legacy del 2010, quiero que cambies el programa de Clu que destruye a su propia especie y los reprograma para su uso personal de querer entrar en nuestro mundo y cambiar nuestro sistema de vida y querer “depurarnos", como lo hizo con los ISOS los foráneos, a los cuales él los destruyó a todos en “La gran depuración”.
Colaboremos para cambiar eso, por favor, que todos vivan en armonía y Kevin Flynn siga siendo el líder y, lo más importante, que él pueda entrar y salir y no quedarse atrapado en ese mundo de la red y pueda ver crecer a su único hijo Sam y tener muchas navidades juntos. Eso me daría felicidad y sé que a ti también. Dame esa oportunidad de colaborar y hacer ese cambio; haríamos a una pequeña familia feliz.
Hay muchas películas que me han dejado un mal sabor de boca y sentimientos tristes, como El imperio del sol de 1987; esa película es muy triste. La descubrí en un canal público que repite, por suerte, todas las películas viejas y antiguas. Esta película narra la historia de un niño de nombre Jim Graham, que sus padres, en la desesperación de salir de China porque Japón los estaba invadiendo; al niño se le cae un avión de juguete y él, por agarrarlo, se desprende de la mano de la mamá, perdiéndose en la multitud desesperada, y ahí empieza toda su calamidad. Es tomado como prisionero y puesto en barracas.
Pasa hambre, malos tratos, aprende que el ser humano no tiene palabra, es traicionero y sobrevive comiendo gorgojos. Todos los prisioneros están enfermos por diversas enfermedades, débiles por el hambre, y él, en su inocencia que todavía le queda, hace amistad con otro niño, un japonés que está siendo entrenado para que aprenda a volar en su avión, para servir a su país.
En casi el final, él vio la muerte de su amigo japonés en sus narices, por el disparo de uno de los americanos que creían que lo estaba salvando de morir decapitado, ya que el niño japonés tenía una katana y con ella iba a cortar por la mitad un mango, para compartir.
En el final, Jim espera en un orfanato por sus padres; él ya no recuerda el rostro de su madre y una señora se le para al frente y Jim toca su rostro, notando la diferencia de que ella no había vivido lo que él sí vivió y ella lo abraza; él cierra sus ojos como si por fin su alma descansara y todas sus preocupaciones y angustias se acabaran en ese abrazo. Luego se aprecia su maleta infantil que se va alejando en un río, como significado de que él ha perdido en esos años en prisión y sufrimiento: la inocencia y los tiempos infantiles que nunca más volverán.
Eso me dolió mucho, que un niño pequeño tenga que vivir y pasar por cosas que solo crean los adultos y tenga que ir creciendo como prisionero de otros que parecen seres humanos, pero son unos monstruos. Ayúdame a cambiar eso, haz que esto no sea así, que la guerra ya no exista, ni el hambre, y este niño nunca se pierda y haya logrado huir con sus padres al principio de la película; y si no, haz otra cosa, permíteme colaborar para que la guerra se acabe y nadie sufra y ese niño japonés, que también era otro inocente, no muera de esa forma tan cruel.
Cambiemos en conjunto toda esa película: no hubo guerra, el niño no se perdió, ningún niño se perdió y el niño japonés está con sus padres también celebrando la Navidad y esperando un mejor porvenir. A esta película le urge un cambio drástico y, si colaboramos juntos, lo podremos lograr y muchas familias serían felices en El imperio del sol.
Me acuerdo de otra película que me dolió este 2025, Frankenstein de Guillermo del Toro; me quiero meter en su guion, en su narrativa y cambiar lo que escribió Mary Shelley. Sé que ella tiene razón en todo lo que escribió, pero Guillermo del Toro lo hizo tan doloroso que el solo recordarlo me duele y ya han pasado varias semanas desde que la vi.
Cambiemos eso en una colaboración mutua de que juntos podemos. En nuestra nueva narrativa haremos que el monstruo encuentre el amor, que tenga una familia, que Víctor entienda que es su hijo.
Si creas algo con vida, ese algo que es tu creación, salió de ti, de tu intelecto, de tus manos y, por ende, tiene que tener una familia que le dé amor, le dé guía, lo haga sentir especial y querido, no que lo quiera matar por arrepentimiento tardío y lo abandone a su suerte como si lo que hizo fuera nada, todo por un engreimiento de un viejo frívolo, echón y creído, de que él lo puede todo y puede jugar a ser Dios sin consecuencias algunas, solo para mostrarse a sí mismo que él derrotó a la muerte.
Ayúdame, permíteme colaborar y cambiar eso; hazlo sensible para que Frankenstein pueda tener una vida casi normal y no de desprecio y rechazo como si fuera un tiesto. Él puede estar hecho de retazos humanos, pero él es una persona, él tiene sentimientos y eso es lo que lo hace humano. Sé que al final Víctor, el verdadero monstruo, lo reconoció como hijo, quiso redimirse, pero ya para qué; el que se está muriendo está vencido y tiene miedo al más allá; lo valedero sería que él desde un principio hubiera actuado con humanidad con aquel ser que él creó.
Y también que Victor Frankenstein le dé un nombre salido de su corazón, un nombre que tenga valor sentimental y no como su padre egocéntrico, que se la daba de estricto y le dio ese nombre de Víctor, un nombre que no valía nada, pero en la boca y voz de su hijo Frankenstein valía mucho.
Esta película me dolió mucho: la injusticia, el desprecio, el rechazo, el deseo de querer matarlo por ser y verse diferente. Cámbialo, Papá Noel, sé que juntos podemos, aunque suene repetitivo, haz un nuevo guion lleno de humanidad y amor donde ambos, padre e hijo, puedan ser humanos y que Frankenstein tenga una novia a su lado, creada para que él no esté solito.
Permíteme colaborar, Santa, con tu apoyo en hacer un cambio para que Frankenstein pueda ver que la vida vale la pena vivirla y que él merece lo mejor como cualquier otro ser humano.
Quiero que el bien siempre triunfe sobre el mal, que el sufrimiento no exista, que el hambre desaparezca y la injusticia muera.
Yo sé que tú puedes, Papá Noel. Esta es mi carta, abrí mi corazón para ti. Hay muchas más películas que me duelen y deben ser cambiadas, pero se te iría todo el año leyendo mis peticiones sobre cada una de ellas, así que decidí exponer solo estas tres.
Me despido con el presentimiento de que sí me leerás y que sé que así se hará y me lo concederás; pongo mi fe en ti y mis esperanzas. Tú puedes darme tu apoyo; permíteme colaborar al lado tuyo como gran productor que eres para dar un nuevo amanecer y felicidad a cada personaje de estas películas.
Atentamente, R.D.M.





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