Hace unos días se viralizó el fragmento de un reportaje a Mariana Enriquez realizado por Gelatina en el que hablaba sobre libros y la posibilidad de establecer objetivos de lectura. Comentaba la escritora sobre la frustración de una influencer que le hacía una nota, a propósito de que otra persona –también influencer de libros– había leído más que ella, logrando listar y recomendar una cantidad mayor. La autora argentina se preguntaba sobre el porqué de esa necesidad de cantidad y de consumo, incluso ponía en jaque no sólo el procedimiento, sino la posibilidad de construcción –no necesariamente verdadera– sobre el mismo, pero ese es otro tema que me saca un poco de eje.
Linkeo esto dado que varios de nosotros hemos recibido en estos días, hace unas semanas, nuestro resumen de lo escuchado, visto y leído por parte de plataformas o sitios a través de las cuales accedemos a las obras. Esto último es clave, porque de un tiempo a esta parte, la posibilidad de acceso es lo que ha cambiado, el catálogo a disposición del usuario y/o de una suscripción.
Es un dato de color que puede ser útil para algunos y no para otros. Cada quien sabrá qué hacer con eso, independientemente de compartirlo, lo que puede desencadenar un nuevo FOMO (Fear of missing out) que sería algo así como miedo a quedar fuera de alguna tendencia al no tener qué postear o compartir y que también sugiere una ansiedad relacionada con la visibilidad y la validación social. Una buena ensalada de información entre estrategias de mercado, consumo, industria cultural y segmentación de gustos, en tiempos de algoritmos, cookies e historial. Tiempos donde todo es medible.
Y si bien algunas plataformas me lo hicieron saber y me sugirieron que lo compartiera, no sé cuántas películas vi este año. Tampoco sé cuántas películas voy a ver el año que viene, al menos no me puse tal objetivo, como la influencer de libros. ¿Les pasa que ven algo y lo olvidan inmediatamente? Es un reflejo de época donde el consumo vale más por crear otra entrada o sumar algo más a un listado, que por el hecho de vivir la experiencia; y no estoy hablando de la calidad del material que se consume, pues sabemos muy bien que puede haber resultados distintos sumidos en la propia experiencia, de alguna manera aquí se producen textos sobre otros textos previos que, gusten o no, despiertan reflexiones.
En algún momento estuve obsesionado con los datos, con las métricas, pero era una época donde los accesos a las reproducciones, clics o búsquedas estaban ligadas más a un interés propio de tomar nota, un registro voluntario, de listar acciones, incluso. Algo así como la ficha del viejo videoclub, aquel historial manuscrito o cargado a mano en una planilla.
Hoy el acceso mediado a través de aplicaciones o sitios, registros de usuario y demás habilitan la posibilidad a oferentes de servicios y consumidores de saber qué se vio, qué se escuchó y por dónde se navegó. Y si fuésemos un poco más lejos, aunque no es el punto, en relación a cómo navegamos (heatmap), cómo posicionamos el mouse (mouse tracking) y demás aspectos que seguro se me estén escapando porque, claro está, no soy de ese mundo.
Nos han quitado hasta la posibilidad de saber qué fue lo que más vimos o escuchamos apelando a nuestra memoria, todo descansa allí en algún historial, en alguna huella digital. Lejanos aquellos tiempos en los que hacíamos “saltar” un CD de tanto que había girado o que gastábamos las cintas de los cassettes.
Como casi todo: no es ni malo ni bueno; responde a una época y un modo del que ya no puedo salir, por lo pronto es un servicio que no pedí y es parte de la información que se tiene sobre mi consumo. Incluso podría ayudar en términos de salud y cuántas horas uno pasa frente a una pantalla –aunque en este caso el consumo no sería precisamente el de una red social–. ¿La estrategia es publicitaria para fomentar el compartir o está más ligada a dirigir los próximos consumos u ofertas?
Basándose en la premisa de ofrecer algo a medida, en realidad están direccionando los gustos, con las consecuencias que implica la segmentación, que puede mejorar experiencias pero también ofrecer productos “a medida”. No sé si todo es medible, pero aunque lo fuera, creo que no me interesa que me lo digan, quiero recordarlo por lo malo, por lo bueno o por la experiencia. Que las aplicaciones hagan lo que quieran con eso; sé que no puedo salir de este sistema, pero al menos conservo físicamente mis películas, mis discos y mis libros y accedo a estos cuando quiero. Las plataformas de eso no se enteran…por ahora.



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