Comedia dramática estadounidense estrenada en 2014, dirigida y escrita por John Turturro junto a Woody Allen, coproducida por Bill Block, Paul Hanson, Jeffrey Levy-Hinte, musicalizada por Abraham Laboriel y Bill Maxwell, fotografiada por Marco Pontecorvo, editada por Simona Paggi.
Actores: John Turturro, Woody Allen, Sharon Stone, Sofía Vergara, Vanessa Paradis, Liev Schreiber, Bob Balaban, Michael Badalucco, entre otros.
Se define a un gigoló como: un hombre, generalmente joven, que ofrece compañía y servicios (a menudo sexuales) a mujeres, normalmente mayores, a cambio de beneficios materiales como dinero, regalos o un estilo de vida lujoso, y puede ser visto como un “hombre mantenido”. Por qué el títul es casi? en verdad se juega con este concepto como una joda, ni siquiera hay un casi, no existe voluntad de parte del protagonista de construirse esta identidad, no abraza ese estilo de vida que no debe juzgarse moralmente, con la excepción problemática de que exista, de parte de la señora, un sentimiento de amor no correspondido.
En efecto, esta comedia dramática carece de juicio moral hacia una situación poco común: dos amigos arreglan ganar dinero debido a la falta de empleo estable en ambos, asociándose para cobrar con sexo de por medio: Fioravante (Turturro) se prostituye y Murray (Allen), quien perdió el negocio de una histórica librería familiar por falta de ventas (del que Fioravante era empleado, además de ejercer como floristero), cobra las comisiones en el rol de su representante. No hay violencia ni explotación laboral, no hay condiciones cuestionables, no hay una jerarquía que habilite una asimetría de poder, son dos tipos de edades distintas que se reparten la guita casi con equidad (siendo, para más anormalidad, más beneficiado quien pone el cuerpo antes que quien representa). Murray le da una enorme mano a su amigo porque es quien le hace la propuesta, cuya esencia, a ojos de los moralistas, es “indecente” y el otro acepta, con el autoestima levantada por el primero, sabiendo que puede convertirse en un toro sexual para mujeres deseosas de su cuerpo, aunque él mismo sepa que no es carilindo como modelos de revistas ni “el hombre ideal”, muy lejos del típico “macho canchero y mujeriego” estereotipado.
Aunque se digan mentiras, no hay intento de manipulación maliciosa de parte de Murray y menos en Fioravante, son dos tipazos que le escapan a los problemas económicos sin culpa ni moralismo pacato-careta, no intelectualizan aquello que algunos “pensadores” complejizan en vano para demonizar una actividad tan laboralmente aceptable como cualquier otra mientras no haya nadie que salga herido o perjudicado (esos acusadores tontos pueden ser presos de cualquier ideología).

La atmósfera es el cálido y encantador Brooklyn, bajo hermosas piezas de jazz, clásicas y modernas. La comunidad judía cumple un papel clave en esta historia, pero no precisamente para ocupar un espacio con connotación positiva, por el contrario, los ortodoxos son los villanos, sería erróneo leer este guion como una obra antisemita, por la sencilla razón de que ambos personajes aceptan algunos de los valores del judaísmo como la ambición por salir adelante, la persistencia en el objetivo hasta lograrlo y la amistad misma, pero sin dudas hay una crítica ácida hacia la ortodoxia religiosa tradicional desde el humor, puesto que ni Turturro ni Allen son judíos en ese sentido, pero es tan válida esta sátira como que los cristianos cuestionen con dureza al catolicismo o los árabes ataquen al Islam fanático y brutal, nada que pueda afirmarse como “discriminatorio”. Sí, esta palabra que hoy es usada y secuestrada como comodín de vigilancia tiránica para beneficio de lo políticamente correcto y su nefasto poder de “cancelar” visiones disidentes a las "socialmente aceptables".

La aventura es un disfrute temporal que tendrá fin con la llegada del enamoramiento, pero la actividad en sí misma sirve como trampolín para que los personajes no solamente ganen buena plata sino también para probar sus talentos: el sexual y el del mánager que genera conexiones sociales para que exista el trabajo mencionado. La comicidad se mezcla con un ritmo relajado, la química entre Woody y Turturro es evidente, las actuaciones son magnéticas: tanto la de ellos dos como la de Vanessa Paradis, enormemente creíble como mujer judía angustiosa, presa de las rigideces tontas de su religión. Sharon Stone y Sofía Vergara también están magníficas, sorprendiendo mucho esta última, al esparcir una belleza física unida a una personalidad apabullante y deliciosamente despreocupada, mientras que Stone hace de una rica dermatóloga culpable, presa de un matrimonio infeliz y cuya escapatoria no es otra que la gratificación de pagar por sexo, invirtiendo el rol clásico de ser una prostituta.

La liberalidad que exuda este film es riquísima, equilibrando casi a la perfección comedia y drama, sin que Allen aparezca como un hipocondríaco nervioso ni extremadamente inquieto, al revés, es uno de los pocos papeles en el que se halla poco movedizo, calmado, confiado en su coprotagonista y seguro de sí mismo, únicamente alterado cuando es secuestrado, sin perder jamás su natural sentido del humor que conquista a cualquier espectador inteligente. Liev Schreiber en el rol de policía corrupto y represor está impecable.
No se trata de una crítica en clave de realismo social a la trata masculina, claro que la prostitución forzada es condenable pero si se busca eso esta NO es la obra adecuada.
El único defecto del film, lo que impide que sea una obra maestra, es que ejecuta chistes que solamente los judíos pueden entender, a menos que seamos conocedores de su cultura religiosa, cosa que no me pasó (tuve que buscar significados en Google). Esto hace que la obra se tiña de elitismo, pero aún así, en su totalidad, es una de las pocas dirigidas por Turturro que hechizan de principio a fin, con un final que homenajea en clave paródica a Casablanca, mediante un diálogo que la evoca con palabras modificadas: “Podría ser el comienzo de una hermosa amistad entre los tres”. Lo dice Murray, luego de coquetear con una ´despampanante francesa (Loan Chabanel), quien se va del bar en el que los amigos conversan con el teléfono de Fioravante en la mano.






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