mi primer escrito 

Jorge caminaba por el centro de la estructura circular sintiendo como el concreto sudaba una sustancia negra que no figuraba en sus planos originales las paredes de la torre que él mismo había diseñado parecían respirar con un ritmo pausado y pesado que le recordaba a los pulmones de una bestia dormida bajo la tierra de este pueblo olvidado mientras sus dedos recorrían la superficie rugosa el arquitecto notó que las sombras no se proyectaban según la luz de los focos halógenos sino que se estiraban hacia él como dedos curiosos buscando una debilidad en su uniforme de trabajo jorge se preguntó si los demás habitantes de este lugar sentían la misma presión en los oídos esa frecuencia baja que vibraba desde el sótano infinito donde los túneles no llevaban a ninguna salida lógica sino a versiones distorsionadas de sus propios recuerdos la luz parpadeó y por un segundo el pasillo se transformó en un bosque de pinos plateados donde los niños que habían desaparecido en el verano del ochenta y cuatro lo observaban con ojos vacíos detrás de los pilares de carga el arquitecto se detuvo y cerró los ojos intentando recordar las leyes de la física que solían regir su mundo pero la voz de la estructura le susurró que aquí la gravedad era una sugerencia y que los cimientos estaban hechos de promesas rotas y carne antigua jorge por qué has vuelto a construir sobre nosotros preguntó una voz que no venía de afuera sino de los huesos de su propio cráneo el arquitecto abrió los ojos y vio que las ventanas de la torre ahora daban a un cielo de color violeta donde tres lunas se perseguían en un ciclo eterno de agonía no hubo respuesta porque jorge sabía que si hablaba el aire se volvería sólido y lo atraparía para siempre en esa red de concreto y pesadilla que él mismo había levantado con tanto orgullo el diseño era perfecto pero la ubicación era un error geográfico en el tejido de la realidad donde lo que acecha afuera siempre encuentra una forma de entrar sin pedir permiso jorge comenzó a correr pero el pasillo se alargaba con cada paso transformándose en una cinta de moebius donde el principio y el fin eran el mismo punto de terror absoluto las luces se apagaron definitivamente y el olor a ozono y sangre fresca llenó sus pulmones mientras escuchaba el sonido de mil cerraduras girando al mismo tiempo en las puertas invisibles de la realidad que lo rodeaba solo quedaba el silencio y el eco de sus propios pasos golpeando el suelo que ya no era piedra sino algo mucho más orgánico y hambriento que esperaba su turno para reclamar al creador de su jaula eterna jorge comprendió en ese instante que no era el arquitecto de un edificio sino el carcelero de su propia alma en un pueblo que nunca permitía que nadie se marchara realmente porque las raíces de los árboles y los cables de la luz estaban conectados al mismo corazón oscuro que latía bajo sus pies cansados y llenos de polvo de estrellas muertas el arquitecto jorge recordó entonces el globo rojo que había visto flotar en la cisterna durante la inspección de la mañana un objeto que no debería existir en una obra sellada al vacío pero que allí estaba desafiando la lógica de su ingeniería de pronto el suelo cedió y se convirtió en una sustancia viscosa similar a la brea que intentaba tragar sus botas de seguridad mientras una radio antigua sintonizaba una estación que solo emitía gritos en reversa jorge trató de gritar pero su boca estaba llena de arena y serrín como si el edificio estuviera tratando de rellenarlo para convertirlo en una estatua más de su jardín de horrores particulares la geometría se retorcía de tal manera que las escaleras subían hacia el mismo sótano y las puertas se abrían a habitaciones que ya estaban ocupadas por figuras que vestían sus mismas ropas pero con rostros de porcelana agrietada jorge dime qué se siente diseñar una tumba para ti mismo dijo una de esas figuras que tenía su misma voz y sus mismos ojos cansados por el café y los desvelos de la oficina técnica el arquitecto no pudo más que caer de rodillas frente a un altar de cables de cobre que latían como arterias expuestas sintiendo que el pueblo entero era una entidad consciente que lo había estado esperando desde el principio de los tiempos para que él pusiera la última piedra de su propio cautiverio infinito bajo la mirada de algo que no tenía nombre pero sí hambre de arquitectos de mundos imposibles y sueños de cemento armado.

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