Predator Badlands: El principio del fin? 

Anoche, después de varias idas y vueltas, pude ver por fin Predator: Badlands. Y al terminarla me quedaron dos sensaciones muy claras, casi opuestas, conviviendo en el mismo cuerpo.

La primera es simple: la disfruté. Mucho. Como aventura funciona, y funciona de una manera que —en apariencia— "nunca" habíamos visto dentro de la franquicia. La historia de un joven Yautja desterrado tras una traición, obligado a recuperar su honor y el de su clan enfrentándose a la caza del ser más temible del universo, es puro combustible para cualquier fan del Depredador. Ese descenso al lore, ese corrimiento del punto de vista humano, esa inmersión en la mitología del cazador galáctico entusiasma, promete y cumple.

Si además tenemos en cuenta que la película está escrita y dirigida por Dan Trachtenberg, el mismo que nos dio Prey —rápidamente posicionada en lo más alto del ranking afectivo de los fans—, las expectativas estaban más que justificadas. Acción, aventura, expansión del universo, cruces con Alien: todo parece cuidadosamente dispuesto para que quienes amamos la saga salgamos del cine satisfechos.

Y, sin embargo, ahí aparece la segunda sensación. La incómoda. La que explica por qué puse “nunca” entre comillas.

Porque es cierto: nunca habíamos visto esto en una película de Predator. Pero este modo de narrar, este tipo de guion, estos guiños constantes al fan, ya los vimos muchas veces. Demasiadas. Son los mismos mecanismos que hoy sostienen universos como Star Wars o Alien. Es comida rápida para fans: sabrosa, efectiva, pero diseñada para el consumo inmediato.

Ese es el punto donde la película empieza a dejarme una sensación rara. El Depredador, históricamente silencioso, amenazante, casi mítico, se transforma aquí en otra cosa: un personaje que hace chistes, que adopta una especie de “Stitch asesino”, que busca generar empatía más que miedo. Y ojo: dentro de la película funciona. Funciona muy bien. El problema no es el resultado inmediato, sino lo que deja entrever.

Porque uno —cuando ya no es tan joven— aprende a leer las señales. Y esta transformación parece una puerta abierta a la explotación de la franquicia basada casi exclusivamente en el fandom. Y, disculpen que lo diga sin rodeos, esa suele ser la peor manera de hacer cine.

Tal vez me equivoque. Ojalá. Pero tengo la sensación de que Predator empieza a transitar el mismo camino que Star Wars o el MCU: abrir y abrir pestañas narrativas, no para contar mejores historias, sino para mantener alimentado al fan. Expandir por expandir. Referenciar por referenciar.

Y cuando el cine se convierte solo en eso —en una maquinaria de guiños— algo esencial se pierde en el camino.

Jav Craz

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