Enero no es solo el primer folio en blanco de un calendario, es el encendido de un proyector en una sala que aún huele a expectativas, como cinéfilos y como arquitectos de nuestra propia realidad, sabemos que la vida, al igual que el cine, se divide en actos, mirar hacia el futuro no es un acto de negación del pasado, sino una celebración de esos fotogramas que nos permitieron entender quiénes somos hoy y cómo queremos narrar lo que está por venir, bajo la consigna de los nuevos comienzos, nos detenemos a honrar las historias que nos resetearon la mirada, aquellas que actuaron como un bisturí cortando nuestra percepción de la realidad en dos, un yo antes de la obra y un yo que sale de la sala con una configuración distinta. Existen películas que celebran la capacidad humana de abrir etapas desde las cenizas, como ocurre en alma salvaje, donde el sendero de los picos del pacífico se convierte en la metáfora visual de una mujer que necesita caminar para encontrarse, recordándonos que mirar hacia adelante a veces requiere una purga física y emocional, de la misma forma, el impacto de el show de truman nos regaló la metáfora definitiva del despertar, al igual que truman frente a esa puerta en el horizonte pintado, todos hemos tenido un momento en la vida donde decidimos que el escenario seguro ya no era suficiente y que la verdadera vida empieza donde termina el decorado, estas historias marcaron un antes y un después porque nos enseñaron que el miedo a lo desconocido es, en realidad, el tráiler de nuestra verdadera libertad. Para mirar hacia el futuro con éxito, también es necesario celebrar los relatos que nos reeducaron la sensibilidad, películas como amélie nos enseñaron a encontrar lo extraordinario en lo minúsculo, mientras que obras maestras como cinema paradiso nos recordaron que, a veces, para avanzar hay que quemar el viejo cine y llevarse los besos censurados en la maleta, en esa misma línea, la llegada nos obligó a replantearnos nuestra relación con el tiempo y el duelo, mostrándonos que conocer el final de la historia no resta valor al viaje, sino que le otorga una urgencia sagrada, al celebrar estos relatos hoy, reconocemos que nuestra mirada actual está compuesta por fragmentos de cada personaje que nos conmovió, la resiliencia de el pianista, la búsqueda de sentido en soul o la valentía de romper el statu quo en el club de los poetas muertos. Este nuevo ciclo que comienza es la oportunidad perfecta para aplicar las lecciones de nuestros directores favoritos y entender que el conflicto es el motor del cambio, si miramos hacia adelante con la convicción de un gran protagonista, entendemos que incluso las películas de etapa final, como logan o el irlandés, nos hablan de la importancia de cerrar ciclos con dignidad para permitir que nuevas semillas germinen, no debemos temer a los desafíos del año que entra, sino verlos como los elementos necesarios para que nuestro personaje evolucione, aceptando que la vida es un plano secuencia que no permite ensayos, pero que siempre ofrece la posibilidad de un nuevo encuadre, al final, mirar hacia adelante es entender que el proyector sigue encendido y que las historias que nos marcaron son el prólogo de una producción mucho más ambiciosa, nuestro propio destino, que este año sea, entonces, ese gran estreno donde cada escena cuente, donde la banda sonora sea la de nuestra propia intuición y donde, al abrirse el telón cada mañana, estemos listos para filmar nuestra mejor versión.
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