El camino entre cineastas y cinéfilos trae consigo curiosas coincidencias. Hace tres años, la subtrama de Gordy, el célebre simio enloquecido en la cinta de terror Nope (de Jordan Peele), ofreció una de las escenas más conversadas del género en los últimos años, cargada de misterio y peligro desde lo implícito.
Ahora, comenzando el nuevo año, parece que Johannes Roberts (Resident Evil: Welcome to Raccoon City, Terror a 47 Metros, V/H/S/99) tomó inspiración de aquel elemento terrorífico para dirigir y coescribir (con Ernest Riera) un largometraje completo. Primero tiburones, ahora el chimpancé será su nueva fuerza de terror natural cinematográfico. Si la subtrama en Nope (2022) era predominantemente implícita, Primate (2026) será explícita en el mayor sentido de la palabra.
Noventa minutos que cumplen con creces con las expectativas. De una noche de fiesta, a lucha de supervivencia. Un festival de sangre y tripas, provocado por el simio mascota de una familia distanciada. Su forma de andar, la mirada perdida, el animal que tanto adoraban como uno más de los suyos… se ha ido de la noche a la mañana. Entre silencios tensos imaginativos, arrebatos violentos sin control y conducta errática, sumado a su inteligencia humana que complejiza más la batalla doméstica, el primate homónimo se roba la función, interpretado por Miguel Hernando Torres Umba con la voz de Ben Pronsky. Independientemente de la noción de Nope como antecedente, será una experiencia grotesca, salvaje y exagerada, en el buen sentido del entretenimiento. Primate estremece, y eso es un tiro al blanco.

Similar a Compañera Perfecta distribuida el año pasado por el (¿gigante?) de Warner, Primate llega a los cines de la mano de Paramount con una narrativa de cinta de bajo presupuesto. Un terror correctamente concentrado en el impacto del momento, aunque es posible que haya nula empatía por los personajes, quienes básicamente son los arquetipos clásicos en una cinta de terror. La heroína (Johnny Sequoyah), la hermana en apuros (Jessica Alexander), el padre ausente (Troy Kotsur) y las hormonas alborotadas de un puñado de adolescentes/peones. A fin de cuentas, el rojo tiñiendo el agua prístina de la piscina en una casa de playa inevitablemente será el centro de atención. Personalmente, eso no sería problema, de no ser por el planteamiento inicial. El drama creciente para la familia protagónica rápidamente es minimizado. Tanto la ausencia parental, la difícil situación de mamá, así como un distanciamiento entre hermanas. Un trasfondo que pretende ser el corazón de la cinta, pero tristemente no se logra transmitir por completo. En parte, creo que la preocupación por ellos es latente, gracias al contraste con la escabechina símica borboteando en los pulcros cimientos del hogar. Como (seguramente) no quisiera usted ser destrozado por un simio loco, ahí está la empatía por esta familia. Por eso, uno quiere ver si lograrán ver la luz del día nuevamente. Gracias al funesto primate.

Antes de continuar, considero necesario aclarar que no busco restar valor a este tipo de narrativa. En este tipo de escritos, mi objetivo es fundamentar cuáles han sido las razones detrás de las emociones que me generado cierta serie o película: “¿por qué me pareció espectacular? ¿por qué me siento decepcionado? ¿por qué tal personaje no me agradó?”. Sin pensar en qué es lo que haría yo (porque no soy uno de los creativos detrás), analizo las piezas dentro de la obra y les busco su finalidad dentro de la ejecución final visualizada en pantalla. Entonces, aplico ese principio con los personajes principales de la película, porque desde el primer acto anticipaban una profundización en sus conflictos internos (lo cual considero que no pasó). Al terminar la función, sentía que hubo cosas que quedaron al aire. Luego, determinando un porqué, hallé en mí mismo el argumento mencionado en el párrafo anterior.

Aun así, puedo encontrar razones justificables para esa decisión narrativa, considerando que todo gira en torno al impulso instintivo de huir de un primate desquiciado ultraviolento. Sin tiempo para conversaciones profundas, introspecciones psicológicas… hay que concentrarse en que no te maten. Tan sencillo como eso, para nada es inferior por el hecho de concentrarse en la acción. Con que sea emocionante, tenemos los ingredientes para una función genial. Para nada en un sentido peyorativo. Simplemente existen diversos tipos de historias, que son absolutamente válidos para tomar en cuenta. No hay estilos superiores, sino ejecuciones preferidas vinculadas a la apreciación personal. Al fin y el cabo, en gustos se rompen géneros. Usted también tendrá su punto de vista sobre la ejecución de la película. Igualmente, esta reseña es subjetiva. Creo que lo importante es ser honesto consigo respecto a lo que uno siente con cada título audiovisual. Es uno de los principios con los que busco (e intento) mantenerme firme e imparcial diariamente. Inclusive, dentro de los llamados “gustos culposos”, aunque se trate en teoría de una minoría, significa que habrán varias personas que disfrutan de una misma producción. Del mismo modo, en medio de cada matiz de grises, puede surgir un diálogo e intercambio de opiniones entre personas apasionadas por una afinidad en común, como el séptimo arte. Dicho eso, volvamos con el animal bestial de la cinta.

De doméstico a primitivo, la transformación del simio Ben toca vibras sensibles. Admito haber sentido lástima, desde un lado altamente empático por la vida animal. Lo que significa para su familia dentro de la cinta. Un amigo enigmático, pero cautivante. ¿Qué harías que tu mascota, tu amiguito en cuatro patas, dejara de existir? Si todo lo que ves fuera una bestia salvaje irreconocible, a pesar de habitar bajo la misma piel. Camina, respira, pero no es él. Un sentimiento que llega al corazón. Es la pena por la crueldad de la deshumanización y la pérdida de la capacidad de afecto, cuando esta se ve superada por los instintos ancestrales del reino animal. En efecto, el terror dentro de la película se funda en el respeto y el temor hacia la volubilidad de la naturaleza. Ese lado instintivo arraigado en lo más profundo de los animales silvestres, que despierta de un segundo a otro (incluso entre humanos). La realidad de la impredecibilidad de los chimpancés, potenciada al límite para una masacre asfixiante. Ten cuidado con los animales que intentes domesticar.

¿Es una versión extendida de la escena de Nope? Puede ser. Pero para mí, es un dato curioso que no influye en mi percepción. No siempre se trata de crear algo original (nada lo es, todo ha partido de un precedente), sino de la manera en que se efectúa una idea. Asimismo, prefiero pensar en cómo podría ser la experiencia para el público. En esta ocasión, dando inicio al nuevo año, tenemos una aventura terrorífica que cumple todo lo que promete. Cierto, al inicio podría parecer previsible en momentos, por lo que aprecié mucho cómo utilizaron la escena inicial en medio de una narrativa no lineal, que ingeniosamente traslada la situación a un terreno desconocido. Tenemos carne de cañón. Un simio rabioso violento desmedido. Mucha tensión. Efectos especiales excelentes. Muertes repulsivas con piel humana cual tela quebradiza, cuya creatividad intimida. Primate (2026) ofrece toda la emoción. Gore palpitante, voraz, grotesco y aberrante, donde el silencio es elemental e insidioso al mismo tiempo. Definitivamente vale la pena.

Hablando sobre historias sencillas de emociones al rojo vivo, ¿qué películas de ese estilo recomiendas? Comparte tu selección en la caja de comentarios.

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