Para mí, no solo El Señor de Los Anillos, sino que todo el universo de Tolkien es parte de mi mundo. Técnicamente me crié con La Comunidad del Anillo, Las Dos Torres y El Retorno del Rey de Peter Jackson porque los veo desde muy chiquita a pesar de que no los entendía mucho en aquel entonces, pero con el paso de los años los fui comprendiendo y amando hasta lo más hondo de mi ser. Pero hay algo que no puedo pasar por alto y es que cuando vi las tres películas de El Hobbit hubo algo que me decepcionó. No digo que visualmente están mal hechas o que haya escenas que no se salvan, claro hay detalles que fueron con intención de hacer reír que conmigo no funcionaron mucho. Pero lo que me interesa marcar es que lo que siempre me hizo percibir El Señor de Los Anillos es un sentimiento que difícilmente se puede explicar con palabras. Una sensación de unión emocional, fascinación, conexión vigorosa y, sobretodo, deseos de agarrar una pluma para escribir todas las maravillas que se me ocurren para una historia.
Desdichadamente la trilogía de El Hobbit no invocó esa pasión cuando la vi a los 16 años. Aunque algunas escenas fueron aceptables, nada me motiva a volver a verla. Y no es por la historia porque es imposible que algo que venga de Tolkien me decepcione. Lo que pienso es que no fue el mejor trabajo de Peter Jackson, en algo falló y es lógico que pase porque no todos podemos ser buenos siempre en lo que nos gusta hacer. No será el primero ni el último director de cine que no demuestra su verdadera capacidad de creatividad en una o dos películas que haga. Es por eso que yo no perdí la fe en él, pero fue un poco triste que Peter no haya hecho nada más de Tolkien durante 12 años.
Me acuerdo muy bien cuando en el año 2024 me topé de casualidad en YouTube con el trailer de El Señor de Los Anillos: La Guerra de Los Rohirrim poco tiempo después de mi cumpleaños. Me quedé estupefacta al ver que esa nueva adaptación de Tolkien no es solo de Peter Jackson, sino también del gran Kenji Kamiyama. Una combinación de mentes inesperada y sorprendente. Admire con detalle todo el trailer una y otra vez provocando que crezca en mí una intuición de esperanza y ansiedad por saber cómo sería esta nueva recreación de un relato de Tolkien.
Lamentablemente no pude ver la película en pantalla grande porque estaba en Berlín por trabajo y allá no hay subtítulos en español en los cines. Tampoco pude verla cuando regresé porque todavía no estaba en HBO y además había empezado mis estudios en la facultad. Esperé hasta terminar mis deberes y, cuando empezaron las vacaciones, me senté un día en la cama con mi computadora y por fin pude ver la película. Me deleité con cada elemento del filme hasta el más pequeño de todos y por primera vez en mucho tiempo sentí que finalmente Peter logró despertar en mí aquel fervor que domina todo mi espíritu como con sus primeras tres películas de ese universo. Pero no me quiero quedar corta, quiero analizar con detalle todo lo que me enamoró de La Guerra de Los Rohirrim.

La Animación: Un Arte que Honra Mucho a La Tierra Media
El anime que se hizo para la película es tan cautivador que al principio daba la sensación de que todo el paisaje eran imágenes reales hasta que vi a las águilas volando y a Héra cabalgando. Los bosques, las montañas y los prados están tan bien dibujados que tuve la ilusión de que están allá afuera, en algún lado, esperando a que yo vaya a recorrerlos con mis pies y mis ojos para descubrir maravillada su majestuosidad. Imaginaba lo hermoso que se sentiría correr por esos paisajes tan fantásticos en el lomo de un caballo fuerte y veloz.
Después casi se me sale el corazón al ver Rohan, Isengard y el Abismo de Helm (llamado Hornburg en aquel entonces) diseñados de una manera tan espléndida que rinde tributo a los auténticos, en especial el salón del trono y el establo de Edoras, por los detalles originales bien cuidados, y el Abismo de Helm, por hacernos descubrir la parte interior más de lo que hemos visto en Las Dos Torres. Toda esa impecabilidad me hizo percibir una hermosa nostalgia al recordar lo triste que se siente darte cuenta de cómo te alejas de un lugar tan genial cuando la aventura termina, y recordé cuando Frodo, Sam, Pippin y Merry volvieron a casa totalmente cambiados después de todo lo que vieron y vivieron.
Además no fueron solo los lugares, también el diseño de los Haradrim y de Saruman respetaron increíblemente bien a los originales que quede con una expresión de enorme sorpresa, en especial por Saruman que no imaginaba verlo al final y menos escucharlo hablar con la misma voz de Christopher Lee. Pensé “¿Cómo es posible si Lee está muerto?” y después supe que se revisaron tomas descartadas y grabaciones de las sesiones de sustitución de diálogos del actor durante la producción de las dos trilogías anteriores (El Señor de Los Anillos y El Hobbit). Más específicamente se basaron en una línea que Saruman le dice a Galadriel en La Batalla de Los Cinco Ejércitos: “Are you in need of assistance, my lady?” (“¿Necesita ayuda, mi señora?”) para trabajarla y adaptarla al contexto de la escena donde aparece en la nueva película transformando el diálogo a “If you should ever be in need of assistance, my lord” (“Si alguna vez llegara a necesitar ayuda, mi señor”). La verdad una labor digna de estimarse, se sintió como si el querido Lee estuviera vivo otra vez y además como si viéramos al bondadoso hechicero que Saruman fue alguna vez. Seguramente algunos pensaron que en realidad se hizo con inteligencia artificial, lo cual sería demasiado ingenuo en mi opinión porque esto demuestra que todavía se puede tener fé en el talento del ser humano con el arte y en el respeto por aquello que debe ser honrado con habilidades reales. Probé escuchar el diálogo en latino y me di cuenta que era del mismo Blas García que dobló al personaje en las trilogías, lo cual me llevó a mi infancia porque al principio conocí El Señor de Los Anillos con sus voces en español. Me hubiera encantado ver también a Gandalf diseñado por Kenji Kamiyama, pero el hecho de que sea mencionado por Héra ya me parece algo honorífico para el personaje.
El diseño de los orcos no provoca la misma asquerosidad que en la primera saga, pero sus voces, diálogos y actitudes conmemoran plenamente a las despiadadas e inhumanas criaturas leales a Saruman. Además, la escena donde aparecen es un momento realmente impactante para mi. Cómo sabemos, la historia se centra unos 200 años antes de que el Anillo Único llegase a Bilbo y eso es lo que están buscando sin saber los dos orcos que Héra ve en la nieve. Pienso que es impactante por la conexión que tiene con la historia original dado que en aquel entonces Sauron (bajo la identidad del Nigromante) ha regresado y manda a sus orcos a buscar anillos de oro entre los cadáveres para encontrar el Anillo Único sin saber dónde está en realidad. Es un momento que funciona, como se suele decir, como un Huevo de Pascua para los fans porque muestra que, mientras la gente de Rohan están muy afectados y concentrados en su propia guerra contra Wulf y Los Hombres Salvajes, la sombra de Mordor ya se está expandiendo silenciosamente por la Tierra Media. Fue un toque genial el haber hecho que los actores Billy Boyd y Dominic Monaghan (que interpretaron a Pippin y a Merry en las películas originales) hayan actuado las voces de esos orcos sin que se los pueda reconocer, tanto que me quede sin palabras cuando me entere.
La forma en que fueron dibujadas las escenas de batalla y pelea es tan épica e impresionante que hicieron que vengan a mi memoria momentos de las películas originales: la batalla de Los Jinetes de La Marca contra el ejército de Wulf me recordó a la batalla de Rohan y Gondor contra los orcos y los Olifantes; Héra contra el Olifante me hizo pensar en Arwen contra los Nazgûl y en Legolas contra el Olifante; la pelea de rescate en Isengard en cuando Sam se enfrenta a los orcos para salvar a Frodo después de que fue picado por Ella-Laraña; la tenacidad con la que peleó Helm en la nieve antes de morir en cómo Boromir continuó peleando a pesar de todas las flechas en su cuerpo; la pelea entre Héra y Wulf en Éowyn cuando luchó contra Angmar; incluso me atrevo a decir que la tristeza que se percibe en la escena donde Héra se despide de sus hermanos me hizo recordar en cuando las personas de Minas Tirith se despidieron de Faramir y sus hombres. Sin duda los personajes de La Guerra de Los Rohirrim representan impecablemente el significado de la lucha y el valor en la Tierra Media, pero obviamente no puedo dejar escapar como gemí entre lágrimas cuando Fréaláf apareció con su ejército y vestido como su tío para responder el llamado de ayuda de su prima. Me recordó con una sonrisa a Gandalf cuando apareció con Éomer y sus hombres en la batalla en el mismo Abismo de Helm. Ambos momentos donde se demuestra la esperanza por la victoria y la lealtad hacia los seres amados porque Fréaláf fue desterrado injustamente por Helm y Théoden hizo lo mismo con Éomer bajo la influencia de Lengua de Serpiente, pero aun así ambos sobrinos, lejos de ser rencorosos, conservaron sus noblezas por sus familias.
Otra cosa que me pareció muy hermosísima del anime es una particularidad que no se ve muy seguido. Normalmente hay animes en donde se deja “servido en bandeja” las emociones de los personajes al observar los diferentes gestos que hacen en cada situación. No digo para nada que eso esté mal, todo lo contrario. Pero precisamente lo que más me encantó de la película es que no te das cuenta a simple vista qué es lo que sienten los personajes porque da la impresión que tienen el mismo gesto ya sea cuando sonríen, cuando no sonríen, cuando fruncen el ceño o cuando se quedan boquiabiertos. Sin embargo, si prestas atención y miras con mucho cuidado los rostros centrándote en la profundidad de sus ojos, te das cuenta como si leyeras un libro abierto en qué momento preciso los personajes sienten felicidad, tristeza, orgullo, enojo, valentía, miedo, sufrimiento, amor, arrepentimiento, desesperación y asombro. Cuando yo me di cuenta me conmovió ver quienes están unidos por el amor y la adhesión, y quienes están divididos por la traición y la deslealtad.

La Música: Una Bienvenida a La Vieja Amiga y a La Nueva Compañera
Obviamente lo que nunca iba a faltar en esta nueva visión de Peter junto con Kenji es el regreso de las composiciones de Howard Shore luciendo su poesía con todo su apogeo. Cada latido de mi corazón golpeaba mi pecho con entusiasmo cuando mis oídos escuchaban como la música que tanto conozco daba vida una vez más a cada escena de la historia, pero también experimentaba las nuevas piezas de arte que daban una frescura diferente para esta adaptación japonesa.
Acá valoro el trabajo de Stephen Gallagher (el editor musical de El Hobbit) y su compañero David Long (que compuso “Misty Mountains” para la misma saga), quienes fueron correctamente seleccionados porque conocen y respetan el legado musical de Shore para la Tierra Media mejor que cualquier otro compositor. Como mencione, no solo se limitaron a reutilizar creaciones de Shore (como el tema de Rohan), sino que además se valieron de su propia originalidad para ingeniar temas que queden como anillo al dedo con la trama de forma sublime (como el tema de Héra). No puedo negar que hicieron un trabajo realmente precioso porque siempre me doy cuenta que el anime es un género que a menudo busca una energía y un ritmo distinto al que conocemos del cine de acción real, y ellos supieron darle un nuevo sabor exquisito e insuperable a este nuevo salto a la pantalla que idearon Peter y Kenji para Tolkien.
No puedo descartar que a diferencia de las películas anteriores, que terminan con canciones como “May It Be” de Eyra o “Into the West” de Annie Lennox, en los créditos finales de La Guerra de Los Rohirrim aparecen hermosos diseños del anime, y se escucha una lírica canción titulada “The Rider” interpretada por la voz de Paris Paloma. Una canción que describe de forma bella y con palabras exactas quien es Héra en esta historia: Ella es el viento que llevó a su pueblo a casa.

Héra: Una Personaje Inigualable
La historia original de Tolkien sobre la guerra de los rohirrim contra Wulf la conocí después de haber visto la película y ahí fue cuando supe que Héra aparece solo una vez porque el foco de atención está en Helm y sus hijos. Por un lado me parece un poco triste porque me hubiera encantado como hubiese desarrollado Tolkien a la personaje si le hubiera dado más protagonismo, pero también me doy cuenta que algo así es una oportunidad imperdible para hacer lo que hicieron Peter y Kenji con ella, y debo decir que le dieron un fulgor impresionante como personaje principal.
La primera impresión que tuve de ella fue un comienzo espléndido para la historia de una heroína. Mientras ella cabalgaba a Ashere luciendo la primorosidad de sus rasgos físicos, me maravillaba con la descripción de su identidad: nacida bajo una luna de otoño, montaba a caballo antes de saber caminar, salvaje, testaruda y rebelde. Después al verla confiada a acercarse a una de las águilas me hizo sentirme deseosa de saber qué más voy a ver de este personaje. Fue como si hubiese olvidado todo lo que vi en el trailer y me preguntara qué es lo que tiene esta chica para enseñarme.
Cuando avanzó la película me sentí cautivada por todos los momentos de Héra: la inteligencia que tuvo para salvar a su primo del Olifante; el sacrificio que estaba dispuesta a hacer de casarse con Wulf para salvar a sus seres queridos; el coraje que mantuvo de saltar de semejante altura para llegar a Ashere; lo dispuesta que estaba ante su padre para luchar a su lado a pesar de que él se lo negó; la astucia que mostró de poner a salvo a su gente cuando descubrió la traición de Lord Thorne y de incendiar Edoras para tratar de ahuyentar a los Olifantes; el liderazgo que representó para tratar de darles esperanza a los soldados a pesar de que estos no tuvieron fé en sus palabras; la decisión que tuvo para escalar la montaña y pedirle ayuda al águila; y la proeza que lució para pelear a muerte contra Wulf.
De alguna forma también me sentí identificada con ella, sobre todo al rechazar a Wulf cuando él le pidió matrimonio. Me doy cuenta que su negación a casarse con ningún hombre tiene que ver con que ella es un ser insumiso que lo que más la impulsa en la vida es demostrar que el mundo no es solo para los hombres, y por eso está dispuesta a desafiar todos los obstáculos que le ponen para romperlos en mil pedazos y hacer ver su propio valor. Me hizo pensar en todas las veces que tuve que rechazar a un hombre o una mujer que me pedía ser su novia porque siento que si yo aceptara algo así sería ser infiel a mi misma. Siempre me consideré una persona que se entrega en cuerpo y alma a todo lo que le gusta hacer (la escritura, el cine, la música, la lectura, etc), y a retar a aquellos que cuestionan quién soy. Sí yo adoptara una relación tradicional estaría sacrificando esa libertad creativa y emocional que dedico a lo que amo. Negarme a ella es una forma de proteger mi esencia. La escena en la que Wulf le pregunta a Héra con quién está comprometida y ella responde que con la muerte me recordó a cuando una vez hable con mi abuela que me preguntó “No te enamorarías nunca?” y yo le respondí “Yo ya estoy enamorada: de mis pasiones. Yo solo me entrego al destino que decidí tener”.
Al final de la película, cuando Héra se despide de su primo, fue un momento en donde la adore aún más porque es verdad que ella pudo haber sido una gran reina, pero sabe bien que no es lo suyo, sino que está hecha para sumirse a las maravillas y los peligros de la Tierra Media. Pero no abandona su postura de jinete y guerrera de Rohan porque le dice con una sonrisa a su rey “El rey siempre tendrá mi espada, mi lealtad y mi amor”. Al verla irse de Edoras cabalgando y uniéndose a los paisajes, me encandile mientras su porte era embellecido por la luz del ocaso, por la música épica de “Adventure Beckons” y por la narradora que decía nuevamente sus cualidades: Salvaje, testaruda y libre.
Para mi Héra fue diseñada como una mujer hermosa y no lo digo por los atuendos que le hicieron, su cabellera roja, sus brillantes ojos o su linda sonrisa. Lo digo por el rol que tiene en la historia como una protagonista que inspira esfuerzo para alcanzar metas y amor por uno mismo, una hija digna de ser admirada, una hermana que da un gran ejemplo, una prima fiel, una princesa amorosa y protectora, y más que nada una heroína rohirrim audaz cuyas hazañas y nombre merecen ser cantadas.

Haleth y Háma: Dos Nombres Imposibles de Olvidar
Cuando escuché esos nombres mientras miraba la película sabía que los conocía de algún lado, y después de pensarlo tanto se me prendió el foco y dije “¡Claro! ¡Aquel muchacho!”. En Las Dos Torres, Aragorn conoce a un chico en el Abismo de Helm que se prepara para la guerra, le pregunta su nombre y él le dice “Haleth, hijo de Háma”. ¿Cómo olvidarlo? En la misma película y en el libro, Háma es el Capitán de la Guardia Real de Théoden (el mismo que le dijo a Gandalf que deje su vara antes de entrar al salón).
Es muy dulce que los guionistas Fran Walsh y Philippa Boyens hayan hecho ese homenaje a la historia antigua de Rohan en la segunda de El Señor de Los Anillos tomando en cuenta que Théoden no desciende de su linaje, sino de la segunda línea que tuvo comienzo con el reinado de Fréaláf. Es como un eco poético e histórico considerando que en Las Dos Torres la historia de La Guerra de Los Rohirrim de alguna forma se repitió porque el Abismo de Helm vuelve a ser el refugio de Edoras en una situación desesperada y nuevamente estos dos nombres tienen lugar en una batalla que parece perdida.
A pesar de que en la nueva versión de anime Haleth y Háma no tienen mucho papel o diálogo en la historia, no pude evitar llegar a quererlos intensamente por lo que representan: dos hermanos mayores cariñosos y dos rohirrim valerosos que enfrentan el peligro sin dudar. Como ya mencione, no conocía la historia original antes de ver la película, y por esa misma razón sentí con profunda tristeza cómo se rompió mi corazón al ver sus vidas interrumpidas a manos de Wulf. Me recordaron a las vidas perdidas en la trilogía. A pesar de eso, al ver a Héra darlo todo para vengar sus muertes y la de su padre, me reconfortó imaginar que desde algún lado ellos ponen sus esperanzas en ella, la protegen y la acompañan cuando decide irse de Edoras al final.

Háma: El Bardo de Rohan
La primera vez que vi a Háma en la película, ahí sentado en los establos cantando una bonita balada, por un momento pensé en los gauchos cantores. Al observar que tocaba una lira y luego verlo usando un arco, pensé en Apolo. Y ahí fue cuando me reí de mí misma porque sabía que Tolkien se basó más que nada en las culturas anglosajonas y nórdicas para crear a los rohirrim, aunque también me habría encantado saber que tipo de creaciones hubiera hecho inspirándose en la cultura gaucha.
Aun así no podemos negar que ver a Háma usando una lira (vida y arte) y un arco (defensa y muerte) es como si representara el equilibrio entre la senda del combatiente y la sensibilidad del alma. Esta dicotomía lo eleva por encima del soldado común, dándole un aura de elegido o protector de la historia de su pueblo. Esta imagen de Guerrero Poeta para Háma fue creada bellamente bien, tanto que me sentí flechada por esa belleza. A pesar de que solo se lo escucha cantar una vez a Háma, me enamore plenamente de su voz y los versos que cantaba en los establos que tejen un destino misterioso. Es como si él ya hubiese sabido de antemano que la paz de Rohan tendrá su fin pronto, y bendice a su hermana con la danza de sus palabras dándole la fuerza necesaria para enfrentarse a aquello que amenaza con superarla y protegiéndola espiritualmente para que no lo haga sola.
Cuando él eligió una yegua vieja para la batalla y le dio su lira a Hera para que se la cuide, algo en mi interior me decía que era una señal de que no volvería y rezaba con el deseo de estar equivocada. Pero me angustié al ver que la yegua ya no corría más y él, lejos de huir, sacó una flecha para apuntar a Wulf que lo venía siguiendo. Lo vi tan decidido y confiado que creí que iba a salvarse, pero dijo “Cantos de valentía, viejita. Hasta aquí llegamos”. Incluso cuando sabía que tenía que prepararme para algo muy triste, no aguante más el llanto cuando vi a Wulf cortándole la garganta a pesar de las súplicas de Héra y su padre. Un destino muy injusto y triste para un personaje como Háma (muy diferente a la historia original, que desaparece en la nieve del Largo Invierno). Me sentí aún más herida cuando Héra entregó la lira de Háma para que la usen como leña, pero en parte tenía razón al decir que no tiene sentido tenerla si él ya no estaba para darle vida. Aun así, la anciana de la biblioteca no la quemó y se la entregó a un niño para que la cuidara. Eso me sacó una sonrisa con lágrimas de felicidad y me dio un tierno sabor de esperanza para Héra y la gente de Edoras. Más alegría sentí cuando la volví a ver también intacta en el lomo de Ashere cuando Héra cabalga lejos de su hogar. Esto lo veo como un mensaje de que será ella quien cante las baladas sobre su hermano, y además hizo realidad lo que profetizó Háma al principio: Su hermana jamás cabalgara sola.

Helm: La Viva Imagen del Error y el Honor
Me asombró el diseño que le hicieron a Helm de rey glorioso y magnífico, casi parecido a Odín. Y con sus hijos al lado pensé “Una auténtica familia de jinetes nobles y valientes”. Pero, fuera de la imagen, lo que más irradia en Helm es su personalidad cuando rechaza el ofrecimiento de lord Freca y lo desafía a una pelea mano a mano, cuando destierra a su sobrino, le prohíbe a Héra pelear y cuando lidera a los Jinetes de La Marca contra Wulf y Los Hombres Salvajes. En esos momentos vemos a un hombre que se muestra orgulloso de quien es, cuestiona las capacidades del enemigo y las de su propia hija, no distingue bien quienes son sus aliados y quiénes no, y cree saber lo que es mejor para su familia y Rohan. En otras palabras, demuestra ser alguien que no se inclina ante nadie, no se deja convencer tan fácil y posiblemente esté destinado al fracaso.
Sin embargo, su esplendor se modifica después de haber perdido a sus dos hijos varones. El honorable rey se da por vencido cuando Wulf amenaza con matar a Háma. Se humilla a sí mismo para pedir que le perdone la vida, pero es inútil. Después lo vemos tendido en una cama sanando físicamente mientras está absorto en un sueño del cual parece que no quiere despertar. El peso de la tristeza le hace pensar que ya no hay esperanza porque no toma en cuenta que su hija, quien no confío para pelear, todavía no baja los brazos.
Fue inesperado para mi que luego se haya creado el rumor de que Helm se convirtió en un espectro que busca venganza asesinando de a uno a los hombres que siguen a Wulf. Me preguntaba “¿Realmente se convirtió en un ser sobrenatural? ¿Qué hay realmente detrás de todo eso?” Cuando lo vi en carne y hueso salvando a Héra de los orcos y entendí que sigue siendo el mismo Helm, volví a llorar a mares en ese reencuentro donde padre reconoce lo que es realmente su hija arrepentido de sus necedades y ella con sus dulces palabras le expresa que, a pesar de sus errores, siempre fue un gran rey y padre. Aquel abrazo que él le da me llenó de emoción y me hizo recordar que Héra también fue abrazada por su hermano Haleth, pero por Háma no. Pero sé que no fue por falta de amor, él le dejó algo más que un abrazo suyo.
Creí que iban a continuar juntos hasta el final, pero sentí una mezcla de dolor y ternura cuando Helm salva por última vez a Héra, y se despide de ella dándole confianza para terminar la guerra y demostrándole lo orgulloso que siempre se sintió de ella desde que nació. Tal como he dicho, su esplendor se modifica, no disminuye. Y eso queda demostrado en ese adiós, y cuando se enfrenta en toda su gloria y magnificencia a Wulf mientras grita lleno de furia sus últimas palabras que suenan como ecos en la montaña: “Te juro por mi vida que Rohan sigue en pie ¡Helm Mano de Hierro sigue en pie!” En esa última pelea, su aspecto y sus ojos le dan la apariencia de un fantasma, pero su fuerza de cien hombres y su resistencia llena de vigor lo hacen ver como un hombre que agonizo en la debilidad y resurgió con una fortaleza indomable que conservó hasta el final. Un rey que da su vida con un honor tan grande merece que su lugar de muerte tenga su nombre.
Por alguna razón Helm me hizo recordar a la obra de Hamlet de William Shakespeare. Al principio pensé que era una comparación sin sentido, pero después de analizarlo entendí por qué mi mente hizo esa conexión. Al igual que Helm, Hamlet entra en un estado de melancolía y comportamiento errante en las sombras tras la muerte de su padre. Osea que en ambos casos el protagonista parece desconectado de la realidad, lo que genera una atmósfera de recelo entre quienes lo rodean: ¿Están presentes o ya se han ido mentalmente?. Helm se mueve de forma casi sobrenatural, saliendo de una habitación cerrada y cazando enemigos en la nieve como si fuera una aparición, y esa cualidad de “muerto viviente” que busca venganza antes de partir recuerda mucho al fantasma del padre de Hamlet. Ambas historias son tragedias sobre una casa real destruyéndose porque Helm vive el tormento de no haber valorado a su hija a tiempo y eso es similar a como Hamlet se lamenta por la ruptura de su relación con su madre o con Ofelia. Ambos personajes reconocen su error, se reconcilian con los suyos y mueren después de cumplir con sus propósitos: Hamlet muere envenenado tras limpiar a su reino de la corrupción de Claudio y Helm muere congelado tras asegurar el futuro de Héra.

Fréaláf: La Fidelidad a Pesar de Todo
Apenas apareció el primo de Héra lo primero que hizo fue sacarme una risa, hasta diría que me pareció admirable que tenga una conexión tan simpática y tierna con su prima. Me hizo pensar en la relación que tengo yo con mis primos, cercana con algunos y con otros no tanto porque la distancia nos lo impidió. Además ese lazo de primos parece que es lo que más lo impulsa a que deje salir su lado guerrero porque las escenas en donde aparece Fréaláf peleando siempre son para protegerla a ella: Cuando se enfrenta al Olifante, cuando la rescata de Isengard y cuando apareció con su ejército para que Héra no enfrente la guerra sola.
La forma en que desarrollaron a Fréaláf como miembro de la familia real de Helm no me hizo dudar en ningún momento que él sería el séptimo rey de Rohan en lugar de Héra. No solo porque ella demuestra que no está destinada a una corona, sino también porque, a pesar de haber sido despreciado y desterrado por su propio tío, Fréaláf fue fiel con su prima y demostró ser digno de reinar con amor y clemencia.
El final de la película tiene un toque triste porque ambos se despiden, pero es un desenlace adecuado para ambos personajes: ella sale al mundo con su espíritu aventurero y el se queda en Edoras reinando. Me consoló un poco que no sea una despedida para siempre porque Fréaláf valora y confía en su prima como una guerrera devota a él y Héra le asegura que siempre contara con ella cuando la necesite. No hubo lágrimas, pero mi corazón se sintió embriagado por ese amor fraternal.

Wulf: Del Amor Débil al Odio Mortal
Tengo que admitir que no puedo quedarme sin mencionar a Wulf. No es que piense que su naturaleza como personaje enemigo es algo que nunca haya visto, la verdad no siento esa sensación. Pero eso no quiere decir que el diseño de esa naturaleza no me haya parecido portentosa. Por ejemplo, cuando aparece por primera vez y le propone matrimonio a Héra daba como un aire de que lo hacía por obligación o deber, pero después cuando ambos hablan a solas su expresión pareció cambiar a una que mostraba un deseo verdadero de casarse con ella. Él le dice que la ama y que siempre quiso estar con ella, lo cual admito que me dio un poco de ternura, pero no pareció ser un amor suficientemente inquebrantable y eso se confirmó cuando demuestra su odio al ver a su padre muerto a causa del golpe mortal de Helm. La forma en que miro a Héra comprobó que aquel amor que aseguraba sentir por ella se rompió para siempre.
El recuerdo de Héra de cómo fueron ambos cuando eran niños, más específicamente cuando le provocó la cicatriz a Wulf en el ojo, para mí simboliza que la historia que comparten esta marcada por la violencia desde el inicio dado que, a pesar de que fueron amigos, ella es una rohirrim y él un dunlendino: dos pueblos destinados a la enemistad. También parece como si la cicatriz fuese una metáfora del rencor y rechazo que Wulf siente hacia Héra y su familia, y eso lo convierte en un reflejo de cómo la influencia de la oscuridad y el poder corrompe a los hombres.
Cuando se volvieron a ver en Isengard fue evidente que él ya no era el Wulf de antes. Lo que sentía por Héra ya no estaba para nada intacto, fue reemplazado por una sed de venganza y un deseo de obtener algo que no merece a cambio de vidas perdidas. La poca ternura que me dio al principio también se desvaneció cuando lo vi masacrando los pueblos de Rohan, convirtiendo a Edoras en ruinas, y matando a Haleth y a Háma sin piedad, a quienes deseaba tanto que regresen vivos.
Cuando se puso la corona, se creyó invencible, pero cuestionaba lo que Helm aún podía hacer y lo que Héra era capaz de hacer. Pero ese cuestionamiento y sus malos manejos se pusieron en su contra, lo cual se dio cuenta después de pelear con Héra y se puso de rodillas esperando a que ella lo mate. Impulsada por el aprecio que le tenía, ella no se sentía capaz de matarlo, pero Wulf no compartía lo mismo y la siguió atacando hasta que Héra acabó con su vida asfixiándolo con el escudo de Olwyn. Un final que no se si esperaba para él o no, pero se lo merecía y era lo que tenía que pasar para que todo termine.

Olwyn y Lief: Dos Secundarios Magistralmente Bien Creados
Diría que era de esperarse que en una historia de Tolkien, aunque sea una adaptación más desarrollada y con algunas diferencias, nunca debe faltar una figura mentora y un amigo humilde. Me imagino que eso pensaron los guionistas de la película y por eso se les ocurrió crear a Olwyn y a Lief para acompañar a Héra en su aventura, lo cual le dio a la historia un sabor muy especial.
Olwyn cumple un papel que mezcla la sabiduría de una autoridad femenina y la tradición de las Doncellas Escuderas. Una guerrera que aún con una espada pequeña y un escudo “utilizado” en lugar de “dañado”, demuestra ser más fuerte y habilidosa que el enemigo mismo. Es como una madre para Héra, pero no porque lo sienta como una obligación, sino porque ve en ella un futuro prometedor para Rohan y por eso siempre le enseñó a sobrevivir y a ser una líder laudable. En la escena donde le dice “Puedes elegir cómo termina esto” y el contexto en el que se lo dice casi se sintió como si se lo dijera al espectador de la película porque en ese momento me hizo rever lo que siempre me dije a mi misma: Que puedo elegir entre rendirme por la falta de posibilidades o pelear por el éxito de mis sueños. Como mencione, es como una madre, pero no una que se preocupa o es muy sobreprotectora. Se queda al lado de Héra para salvarla si es necesario, pero siempre deja que ella haga lo suyo porque tiene fe en su determinación.
Algo que me encanto de Lief es que en toda la película se muestra nervioso y un poco vulnerable, lo que hacía sentir un poco de pena por él. No obstante, cuando ayudó a la gente de Edoras a no tener miedo mientras Wulf y sus hombres atacaban, me maraville al verlo sereno y confiado mientras relataba quienes fueron las Doncellas Escuderas afirmando indirectamente que Héra será la doncella que los salvara. Fue un momento en el que me sentí orgullosa de su personaje. Pero antes de eso no me daba solo esa impresión, también me llamó la atención que él no empieza siendo un guerrero, sino como un joven que se preocupa por sus deberes en la corte, y que muestra una valentía que nace de la lealtad y el cariño en vez de la sed de gloria. Esta personalidad y sus características físicas me hicieron recordar mucho a los hobbits de la Comarca, más específicamente a Frodo, Sam, Pippin y Merry. Me preguntaba si a lo mejor Lief está basado en ellos y cuando lo busqué dije “¡Lo sabía, carajo!” porque resulta que los guionistas usaron como referencia a Sam
Sin duda, Olwyn y Lief fueron creados con un cuidado muy perfecto para que se los pueda ver como personajes dignos de ser de la Tierra Media. Dos compañeros de la heroína que comparten la misma integridad por ellos mismos, por su lady y por su pueblo, pero que sus caminos los llevan a destinos diferentes: Lief se queda en Edoras al lado de Fréaláf en su reinado y Olwyn se queda al lado de Héra en su vida errante.

Me siento muy orgullosa de los creadores de esta nueva reinterpretación que, a pesar de que no es exactamente igual a la historia original, siento que honra mucho a Tolkien. Cada personaje que mencione se convirtió en mi nueva inspiración para escribir muchas cosas que tengo ganas de crear: sobre mujeres fuertes que se niegan al matrimonio, amigos que se convierten en enemigos, criaturas fantásticas, amor entre hermanos y primos, padres orgullosos de sus hijas, pequeños amigos leales y valientes, muertes tristes, amores lejanos, peleas épicas, lugares mágicos, enfrentamientos a peligros. Y ahora más que nunca lo quiero hacer porque todo el empuje y confianza que me contagió La Guerra de Los Rohirrim me hizo darme cuenta que no importa que haya gente que sospeche de mí genuinidad porque yo se muy bien que mis creaciones vienen de todo lo que aprendí en mi vida y de todo el talento que forma parte de mi espíritu, y no voy a parar de sacarlas a la luz nunca. Este es el mensaje que te quiero dar a vos ¿Alguna vez dudaron de lo que podes hacer? ¿De tu veracidad? ¿Acaso también fue por esta moda de la IA? ¡No dejes que eso te mortifique! Porque si yo tengo que rivalizar contra un robot para demostrar quien soy y todo lo que tengo para dar, lo voy a hacer sin dudar. Si sabes que lo que haces es auténtico y que merece reconocimiento, no permitas que un robot haga que los demás te cuestionen ¡Demostra que tu espíritu humano es mucho mejor!




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