A lo largo de nuestra vida tenemos muchas lecciones que nos dejan enseñanzas que debemos tomar, estas nos indican caminos que debemos elegir y cuáles evitar, creo que es difícil en ocasiones poder aprender de experiencias ajenas, casi siempre le damos más relevancia a las propias, y a partir de allí evolucionar hacia la persona que queremos ser. Un pensamiento como este supongo que tuvo Christopher McCandless (12/02/1968 - 18/08/1992), quería obtener experiencia en primera persona sobre las cosas que leía en sus libros, la experiencia de vivir en soledad rodeado de la naturaleza, conocer a personas increíbles a través de su viaje, y dejar atrás a su familia, sobre todo a sus padres de quienes obtuvo decepción, humillación y dolor.

Chris tuvo una epifanía, lo material es irrelevante, lo realmente importante es el espíritu humano, y quería experimentar esa sensación con toda el alma, y para ello tenía que desprenderse de todo en su vida, incluso de su propia identidad, es por ello que antes de partir corta todas sus tarjetas, identificaciones e incluso las fotos de sus padres. Ya que dejó atrás a Chris, necesitaba un nuevo nombre, que fuese más a juego con la persona que quería ser de ahora en adelante, así que se hizo llamar Alexander Supertramp, y la verdad que sí tiene poder ese nombre, al escucharlo la primera vez se me vino a la mente un nómada, un trotamundos, una persona que no está en un solo lugar, sino que su hogar es el mundo entero.
Desde niño siempre fui de ver películas de comedia, ciencia ficción o acción, o incluso todos esos géneros juntos en una sola, veía el cine como mero entretenimiento, una herramienta para curar los males del día a día, algo para pasar el rato, lo que nunca me imaginé es que, teniendo unos 22 años, llegaría una película que me hiciera cambiar esa percepción, y llegó, es la historia de Christopher McCandless aka Alexander Supertramp, Hacia Rutas Salvajes (2007). Fue la primera vez que sentí que el cine podía darme algo más que una historia divertida o entretenida, sentí que el cine también tenía algo que enseñarme, cosas de verdad valiosas que contarme, y no solo una historia más.

Cambió mi vida porque, al ver la experiencia a través del viaje de Alex, me di cuenta que el ser humano en su incansable búsqueda por entender las cosas que pasan por su cabeza, necesita vivirlas in situ para poder tener el panorama completo. En cada una de las ciudades a las que fue Chris, se topó con personas que lo ayudaron de forma desinteresada, pudo obtener mucho más cariño, comprensión, afecto, de lo que pudo recibir de sus padres en los 22 años que compartió con ellos.
Él quería obtener las respuestas de las preguntas que cruzaban su mente al leer esos libros que le maravillaban tanto, quería saber si de verdad podría ser feliz rodeado de la naturaleza, de esa belleza divina que nos regaló Dios y que, en muchas ocasiones no sabemos apreciar, porque la belleza de este mundo no solo está en el gusto por una mujer o por un hombre, también está en esos pequeños momentos en los que conectamos con este mundo en el que habitamos, luego de esa película trato de capturar esos momentos en los que me siento feliz de estar aquí, vivo, con mi familia, con una novia que amo, con una mascota con la que disfruto jugar, y con un paisaje que parece que nunca dejará de asombrarme.

Cuando veas Hacia Rutas Salvajes, mira más allá de la majestuosa fotografía, de la maravillosa banda sonora y de las brillantes interpretaciones, fíjate en los contextos de cada momento, en las conversaciones, lo que se dice y lo que no, porque también hablan las miradas y los gestos, el lenguaje no verbal también es importante en las relaciones humanas. Chris se dio cuenta que debía regresar a la civilización para poder completar el círculo, luego de haber vivido todas esas experiencias quería tener un hogar, un empleo, hacer felices a los demás, y formar una familia con una buena esposa, no siempre es mala la soledad, pero tampoco es buena, esa enseñanza la obtuvo Chris de mala manera, atrapado en la naturaleza.

Al final él se da cuenta de que para que una persona pueda tener una felicidad completa necesita de otros, de allí su célebre frase que escribió justo antes de morir: “La felicidad solo es real cuando es compartida”, también comprendió que todo debía llamarse por su nombre, de allí que no dejara este mundo como Alexander Supertramp, sino como Christopher McCandless.




¡Comparte lo que piensas!
Sé la primera persona en comenzar una conversación.