Mi disyuntiva tener un cuerpo perfecto o uno poco agraciado  

La sustancia es una película de terror corporal bastante dramática y triste.

Hoy en día, las mujeres más que todo buscamos conservar la juventud a cualquier precio, ya sea por un hombre, por un trabajo o por nuestra propia autoestima.

Tuve que vivir en mi cuerpo algo parecido a La sustancia, no por mi pareja, sino por mi autoestima, que la tenía abajo. Cada vez que me ponía un traje de baño en la playa, me veía como una tabla y observaba a mi alrededor a mujeres bien formadas con cuerpos bien diseñados por los ejercicios o por la naturaleza.

Esa naturaleza que me tenía rabia a mí y la sentía como mi enemiga. El mismo destino me había diseñado un cuerpo de tabla; me hacía sentir que todo estaba en mi contra. Soy joven y me considero linda. Maquillo mi rostro y me queda hermoso, como las chicas de las revistas antiguas que uno ve en esas cestas llenas de revistas en la sala de espera en las clínicas odontológicas.

He visitado varias clínicas odontológicas por mis problemas de caries y ortodoncia, siempre buscando el odontólogo que me haga sentir que mi boca está en buenas manos y no me haga doler nada y no vea algo que no me guste, ya sea en su trato, higiene o manera de tratar mi problema de caries, etc.

Con tantas visitas a diferentes clínicas odontológicas, empecé a animarme para hacer cambios radicales a mi cuerpo, algo muy tonto porque ponerse siliconas no es tratarse un problema de caries y yo confundí mentalmente mis experiencias de una cosa con otra, pero en el lado mental de que sí, vivo cambiando de clínicas odontológicas para tratar las caries, entonces mi lógica tonta es: tengo experiencia de estar dentro de una clínica y pasar por cosas desagradables que después me harán sentir bien conmigo misma y verme bien. Podría decir que me hice un lavado mental yo misma para poder afrontar mis deseos de entrar a un quirófano para que me pongan lo que quiero. En resumen, agarré fuerzas para afrontar lo que deseaba.

Escogí una clínica de buen nombre y con un médico con tiempo ejerciendo su trabajo; todo lo estudié, no me fui de buenas a primeras, con el susto en mi alma de tantas cosas que uno ve en internet, me fui a hacer los glúteos y me puse siliconas en las mamas, para verme espectacular y sentirme feliz de mi belleza corporal completa, pero después de seis años comenzaron unos dolores en los dos dedos gordos de los pies, algo considerado raro por mí y eso me asustó.

Me aconsejaron personas ajenas a la medicina que me extraigan las siliconas de los pechos y glúteos; el médico decía que era mi calzado, apretado de tacos. Me los quité y caminaba con las toreritas y después con zapatos de goma. El dolor seguía ahí; me dejé llevar por los consejos de mis familiares y amigos y también por el dolor que sentía y me fui a que me sacaran todas las siliconas que me costaron una buena plata para luego verme al espejo y ver mis pechos y glúteos flácidos y arrugados como los de una anciana, quedando peor a la vista, cuando antes al natural tenía mi piel bonita y en su sitio.

Yo lloraba y sufría, pensaba que no tenía derecho a nada y era la única persona en el mundo sobre la que la naturaleza había puesto su daga encima. Sabía que a otras mujeres les había ido peor por problemas de belleza y hoy en día no tenían ni cómo contar lo que les pasó porque estaban muertas. El extraño y desagradable dolor en los dedos gordos desapareció; soy de buena genética siempre y cuando no meta objetos o cosas extrañas dentro de mi organismo, y puedo vivir hasta la ancianidad; así me lo dicen siempre mis familiares.

Pero mi dolor de belleza brotaba de nuevo al no poderme bañar en la playa con hilos como antes, sino que me bañaba con chores y franelas para que no me vieran el exceso de piel que me quedó después del estirón por causa de las siliconas.

Siempre me decían que mi problema era mental; no era mental, era visual. Era como yo me percibía.

Mis familiares siempre abrían la llaga en mi alma, al hablar puntualmente sobre mi suerte con las siliconas y el recordarme que se va a un quirófano por algo importante; ya me tenían aburrida con sus conversaciones de siliconas peligrosas. No podían verme con los shorts y la franela porque era su hora de hablar de lo mismo, de que ahora me tenía que forrar y decir que, al quitarme las siliconas, se me quitó el malestar de los dedos gordos de los pies. Mi tía me decía: "Uno debe aceptar su cuerpo tal cual es".

Sus cuerpos eran mayores y al natural, pero yo quiero ser igual a las que veo en internet y en la playa. Quiero que yo, al caminar, me sienta segura de mí misma y mi sombra en la arena, al verla me haga sentir hermosa y sentirme feliz y mujer. Nací mujer, pero sin flotadores; yo soy fácil de ahogar, soy una aguja o una lanza, llego rápido al fondo del mar.

En La sustancia, protagonizada por la actriz Demi Moore, ella encarna a un personaje que también es actriz, pero envejecida, y ella no se aceptaba tal cual era y tiene lógica; ella no nació vieja, su edad se la estaba consumiendo y haciéndole perder su puesto de trabajo. Fue usada y desechada por la industria del cine y ya su rostro no atraía fans ni aplausos.

Eso en su desesperación la hizo cometer un error, el mismo que yo cometí, solo que el de ella fue extraño y fatal. Terminó comprando algo que ella misma se extraía y con eso creaba a un ser artificial que la terminó reemplazando y obteniendo todas las oraciones que eran para ella. Hasta que el monstruo de bello rostro y fuerza increíble terminó matando a la original.

Después ese ser no humano que no sé que era, un clon, un ser sintético, un monstruo hermoso, creación artificial, se terminó dañando solo, por falta de la sustancia que le extraía a Elizabeth, que es la mujer original y no tenía como extraer esa sustancia porque la mató y en pleno escenario, hecha un híbrido porque se inyectó una sustancia no pura sino una mezcla de sustancia de ella misma y Elizabeth, Sue la doble de Elizabeth con una máscara absurda de una foto vieja de Elizabeth se sube al escenario y da unas cuantas palabras para celebrar el año nuevo y la foto se le cae de su rostro apareciendo un rostro repulsivo de un monstruo mitad Sue y mitad Elizabeth, pero con una fealdad al máximo.

Alguien del miedo la decapita y el cuerpo de este horrendo ser explota, esparciendo órganos y sangre por todos lados, cayendo a todos los presentes. Fue algo asqueroso, pero bastante tirado a la realidad del sufrimiento humano sobre la edad y la inconformidad con el cuerpo.

Después que en el 2024 vimos La sustancia, mis familiares, que me acompañaron para ver esa película de terror corporal, me decían qué buenos, mal que la tecnología todavía no había llegado a ese punto de poder crear un clon, porque si no yo ya tendría como veinte paseando por la playa en traje de baño. Yo oía sus críticas contra mí, porque tenían razón y soy una tonta buscando belleza; me puse más fea, boté a la basura una buena plata y pudo haber sido peor para mí en mi salud.

La sustancia marcó un antes y un después en mi sufrimiento, porque yo, igual que el personaje en la película, deseaba algo que era imposible tener, y no por falta de plata, sino que en mi caso el organismo, pasados los seis años, ya no soportaba cargar con algo que no le pertenecía, pero yo quería bustos grandes y trasero grande y busqué el bisturí y me puse silicona.

En la película, la actriz Demi Moore se buscó crear una doble para retomar de una manera rara la juventud perdida, aunque pienso que el retrato de Dorian Gray es mucho mejor que crear un clon que va a vivir por ti lo que tú quieres seguir viviendo y disfrutando: “la felicidad de ser joven".

Por lo menos en El retrato de Dorian Gray, creo que no hay consecuencias letales.

Yo quería la perfección y la conseguí de manera artificial y me trajo problemas igual que en la sustancia le trajo problemas a la actriz, solo que la actriz no sobrevivió. Para mí sí, hubo un después, un aprendizaje: que es mejor quedarse tal cual está uno que estar buscando cosas artificiales. Lamentablemente, en La sustancia, Elizabeth no tuvo un después para tener un aprendizaje y continuar con su vida.

Mis familiares piensan que quererse a sí mismo es aceptarse a sí mismo. Yo sigo con mis pensamientos confusos porque el espejo dice otra cosa y mi autoestima no hace juego con esas palabras de autoaceptación. Mis amigas me dicen que cometí un error al quitarme las siliconas, pude haberme puesto unas más pequeñas; el tamaño hubiera quitado mis dolores de dedos. ¡Es posible!, pero fui drástica y me quedé plana otra vez.

Uno, al ponerse cosas artificiales, a la larga trae males al cuerpo, pero ¿cómo combatir esa percepción de uno mismo, que uno se ve pobre de cuerpo, de silueta? ¿Cómo combatir esa baja autoestima de uno mismo, con terapias? Mis amigas me aconsejaron ponerme rellenos; eso es lo que he estado haciendo y mi autoestima ha crecido algo.

Yo sé lo que sentía el personaje de La sustancia, conozco esa mirada, esa angustia, ese deseo ferviente de querer algo de vuelta y en mi caso abombar el norte y el sur que los tenía desinflados y sé que no es algo que sufre la mujer solamente sino el hombre también, pero la mujer quiere brillar, ser bella a toda hora, despertarse bella, bañarse en el baño o en la playa y sentir que uno está completa en todo y no sentir unas planchas atrás y adelante y mirarse en el espejo y ver un cuerpo de apariencia de niñita de doce años.

Sí, sigo con mi disgusto de mí misma y al parecer no he aprendido nada de la sustancia y de mi propia experiencia. O sí aprendí, porque tengo miedo de volver a entrar a un quirófano y modificar mi cuerpo, pero el mundo de hoy día es visual y todos buscan la perfección y belleza física; nadie quiere salir feo en una selfie, van a la playa para mostrar su belleza corporal. No todos, pero las miradas los atraen los cuerpos perfectos y esta película de body-horror me hizo sentir eso, me mostró lo mismo que sufro. Todavía, a pesar de haber aprendido tanto y vivido lo que viví, dentro de mi interior me queda la sensación de ser físicamente fea.

A veces pienso por mi propia experiencia y sentir si Elizabeth hubiera sobrevivido y a pesar de la lesión aprendida, el estímulo esterno, la invasión visual de la perfección y belleza la haría recaer de nuevo en querer crear una nueva ella, con la esperanza de poder está vez no perder el control sobre ese ser salido de su espalda. Ya sabemos anticipadamente que esa recaída si hubiera una segunda parte de La sustancia terminaría mal. Por eso no haré una segunda parte mía poniéndome silicón de nuevo.

La sustancia no solo te muestra un sufrimiento que es compartido por todos de manera diferentes o iguales, que es la belleza, en el caso de Elizabeth la belleza de la juventud, sino que también te demuestra como puede terminar todo en un body-horror que te puede llevar a la muerte o sobrevivir con mal formaciones en el cuerpo y rostro o peor con agentes extraños dentro del cuerpo como los polímeros.

No se habla aquí en esta película de polímeros, pero eso en la vida real produce mal formaciones volviendo el cuerpo en la vida real un body-horror y con la amenaza latente en algunos casos de no poder ser removible.

Quiero ser hermosa y perfecta, pero está película me hizo ver una realidad, pero la influencia visual que vivimos en todos lados me sigue atacando.

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