Hay películas de películas. Hay películas que hacen recordar momentos vividos, como también hay películas que impactan y despiertan emociones inéditas. Otras suelen trasladar el pensamiento humano a imaginar nuevas realidades e incluso hay películas que inspiran, motivan e infunden alguna esperanza deseada o que simplemente consiguen alegrarnos cada vez que se consigue mirar un largometraje de esos que dibujan “un mundo posible” a través de una gran pantalla.

Y en consonancia, con un artículo compartido en el portal de Peliplat, titulado “el arte de reiniciarse frente a la pantalla”; me atrevo no precisamente a la apuesta existencial de vivir ahora en adelante, a partir de un nuevo comienzo, sino más bien de “continuar mi historia de vida, partiendo desde el lugar en donde ahora me encuentro, sin saber exactamente el como debería de proceder”.
Por lo que doy una recomendación cinematográfica, quizás no tan atractiva o ejemplar como pudiera ser el mirar películas al estilo The matrix, ¿Qué pasó ayer?, Harry Potter, X Men o Star War; pero si con algo que guarda cierta relación con títulos como “En busca de la felicidad” o “Réquiem por un sueño”, para quienes se identifican con la idea de pagar el precio excepcional de ir donde se quiere ir y de ser ese alguien que verdaderamente siempre ha querido ser; a pesar de tener todo a su alrededor en su contra y con el riesgo de morir tras surgir algún fallido intento.
Me refiero a una obra cinemática que me recuerda ahora mismo, que más allá de las cosas que he vivido y de esas muchas cosas que vivo actualmente, es necesario que considere detenidamente en mi intimidad, ¿Quién soy y qué quiero ser? ¿En donde estoy y en donde me gustaría estar (no solo al final de este año, sino también de ser posible al final de mi vida)?. Se trata nada más y nada menos que de “Into the wild”, que traducido al español significa “Hacia rutas salvajes”.

Un film producido por Sean Penn, Art Linson y William Pohlad en el año 2007, protagonizado por Emile Hirsch como Christopher McCandless; quien interpreta la historia de un joven aventurero que abandona su vida rutinaria en la localidad donde inicialmente habita, para lanzarse por cuenta propia a explorar y recorrer libremente Norteamérica hasta llegar a Alaska, como si de una locura se tratase.
Dicha obra cinematográfica basada en hechos reales, muestra la vida de una persona que quiere destinarse a vivir continuamente en contacto con la naturaleza y disfrutar de su inmensa belleza, mientras viaja y conoce distintos lugares del mundo; sin considerar previamente los riesgos, las limitaciones y las dificultades que deberá afrontar a lo largo del trayecto que ha intentado emprender.
El entusiasmo, la valentía, el espíritu libre y soñador son dignos de admirar en el personaje de este rodaje; aunque su exagerado irracionalismo, su poca experiencia en actividades campestres, entre otras imprudencias, dan mucho que pensar a la hora de tomar decisiones importantes.

Nada más de imaginar la posibilidad de vivir la aventura de mis sueños, hace que dicha aventura sea utópicamente deseable. Y quien no desea tener consigo, todas las cosas que siempre ha querido para sí mismo. Sería bastante maravilloso, fantástico y espectacular, por no decir una vida perfecta.
Soñar es gratis y no cuesta nada. Hay cosas en la vida humana que son posibles y convenientes realizar, mientras otras realidades solo pueden ocurrir nada más en nuestra imaginación. Por lo que un mundo soñado es lo más bello que nos puede pasar.
Por eso me atrevo a confesar sinceramente, que desde aquí y ahora mismo; mas que nuevos comienzos, me interesa hacer que sucedan aquellas cosas que verdaderamente me gustaría fuesen parte de mi vida, sin caer en falsas esperanzas, hazañas imposibles o cuentos de hadas innecesarios.

Y pueda que esta propuesta, resulte un tanto complicada de concretar, porque sé que quiero mirar muchas cosas que intentando llevarlas a cabo, todavía siguen siendo parte de aquello que aún no existe, por más que anhele la existencia de las mismas.
Por esta razón, veo apropiado primeramente entender quien soy y porque estoy donde estoy, para luego determinar qué cosas aspiro y estoy dispuesto a conseguir, sin que nada de ello pueda perjudicar mi vida y el entorno en donde vivo. Y finalmente, encontrar las mejores maneras o los pasos más adecuados para obtener lo que quiero obtener y llegar a donde quiero llegar.
Quizás el amigo Christopher McCandless quiso hacer de su vida, la mejor de las aventuras y aunque logró gozar de buenos momentos, también padeció penurias por amor a su propia causa. Es cierto que somos imperfectos y que no hay fórmulas exactamente calculadas para triunfar en la vida, pero no por ello debemos renunciar a querer que nos pasen cosas buenas y poder ver también cómo suceden algunas de esas cosas que a veces se creen improbables.





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