De Acapulco, Guerrero, México para el mundo entero:
- Artículo dedicado a ti, a mí, al arte 🎥
Elegí escribir para el tópico sobre Retrato de una mujer en llamas (2019) porque, para mí, es una de las películas románticas más memorables del siglo XXI y en general contiene los elementos cinematográficos que la vuelven trascendental. De hecho, está considerada por críticxs y cinéfilxs como una de las mejores de las últimas décadas (aparece recurrentemente en diversos rankings).
Lo más destacable es su guion, escrito por Céline Sciamma, y sin temor a equivocarme, el trabajo de escritura realizado por la directora es simplemente perfecto, no existen fallas en él.
El guion es un ejemplo magistral de economía e inteligencia narrativa, profundidad emocional y sutileza queer. Las líneas, silencios, intenciones, miradas (eróticas) están colocadas con un ensamble naturalista y equilibrado, sin desperdiciar el más mínimo segundo (imposible parpadear).
No obstante, más allá de la técnica, este peliculón me empodera como mujer, persona y en particular, como ser humana; y justamente me permite asimilar que las historias de amor entre mujeres (contadas desde una mirada femenina), pueden ser intensas, reales y complejas (igual que las hetero) sin la gastada necesidad de caer en clichés o en la constante cosificación (filmes hechos para el consumo masculino, con tendencia pornográfica).
Vale el tiempo rescatar y compartir historias creadas por mujeres, especialmente cuando rompen moldes heteropatriarcales.
En un cine que históricamente ha sido dominado por hombres, películas como esta (dirigida, escrita y protagonizada mayoritariamente por mujeres) son acciones afirmativas para las mujeres, tanto que, consolidan aún más la lucha feminista (normalización y empoderamiento).
Nos devuelven agencia (poder), en el momento en que muestran que nuestras experiencias, deseos y dolores merecen ser proyectados con verdad (SI lo crea una mujer), resaltando que las mujeres pueden amarse, y sí, ello es visualmente bellísimo.

TEMA:
EL CINE LÉSBICO DERRUMBA PREJUICIOS SOCIALES
Subtema:
Lo que duele en la ficción, es un punto de inflexión fuera de la pantalla


La máxima exponente del siglo XXI
Técnicamente, como lo dije en el introductorio, es espectacular, con la fotografía de Claire Mathon que captura la luz natural de Bretaña, en un intento artístico de ejemplificar la esencia de la historia, es decir, los planos se asemejan a una pintura y a la vez, son un personaje que se encuentra observando, y bueno, me refiero a los encuadres simétricos y los contrastes entre los tonos (paleta de colores) el azul frío del mar y (literal) el fuego, que representa la pasión que las protagonistas generan en una atmósfera de mesura y (deliciosa) erupción sexual.
Narrativamente, Sciamma construyó una trama minimalista cargada de capas: y ojo, a ver, el guion como les digo es preciso, los diálogos son escasos debido a la pretensión de ajustar los subtextos (lo que no se dice de forma textual), y las actuaciones de la pareja de mujeres protagonistas, transmiten ese erotismo con su propia corporalidad (suspiro acá).
No hay banda sonora invasiva, lo que le da un realismo orgánico, al estilo documental (soy fan de tal); únicamente se escuchan el aire, las olas, las llamas y las respiraciones, obligándonos a sumergirnos en la intimidad de estas mujeres con cero distracciones (Si lo piensas, la sobrecarga de musicalización, es un recurso tramposo de producciones que buscan la lágrima fácil).



El simbolismo es sutilmente poderoso (en lo personal, le aprendí demasiado).
El lenguaje que forjan entre ellas a través del arte, refuerza el amor en un umbral de “Comunicación idiosincrásica”, similar a cuando Marianne dibuja su autorretrato en la página 28 del libro de las Metamorfosis de Ovidio, convirtiéndolo en un código secreto de su relación (para hacerlo trascender en el tiempo). Ese detalle se manifiesta después en una exposición de obras de arte: el retrato final de Héloïse con su hija, donde el dedo marcando esa misma página revela al espectador (y a Marianne) que el recuerdo está presente e inmortalizado en la pared (e incrustado en el corazón de su amada).

No hay villanos caricaturescos, sin embargo, si vemos una realidad opresiva del siglo XVIII, y que como sabemos, priorizaba el deber, la herencia y el matrimonio heterosexual sobre la autonomía de las mujeres.
La motivación conjunta
Aquí también hay sororidad, una que se refleja al auxiliar a Sophie con su aborto clandestino. En una acción de solidaridad femenina que une a las tres en medio de una sociedad que de por si ya era hostil e insensible.
El amor romántico, pasional y sano entre Marianne y Héloïse no las acerca por una química en sí, es una cosa más elevada, uf, realmente las motiva a apoyarse mutuamente, inspirándose para resistir al fuckin sistema opresor que las reduce a roles preestablecidos (casamientos arreglados y conductas heteronormativas).

Un paréntesis. En esta nueva era, en 2026, con los avances en visibilidad lésbica, el filme termina impactando fortísimo. Lo que me lleva a pensar que, el amor entre mujeres redefine a la sororidad contra las estructuras patriarcales que tratan de mutearlo o borrarlo (tales alianzas pueden transformar vidas en contextos adversos).
La dirección de Sciamma, junto a un equipo prácticamente de mujeres (productora, directora de arte, etc.), infunde originalidad y evade cualquier escena desproporcionada o innecesaria; es una resignificación del "female gaze"(concepto feminista en cine) que pone a las mujeres en el eje central, mirándose con deseo (naturalizándolo).

El desencuentro melancólico
Y ahora, el desenlace, donde la cinta alcanza su punto más devastador y (brutalmente) hermoso. Sucede en un desencuentro amoroso emblemático, de esos que la consigna de la mejor plataforma mundial de cine Peliplat, te invita a escribir con libertad creativa (gracias, tqm).
El reencuentro final en el concierto es desgarrador porque no es un reencuentro pleno (o feliz). Ya que podemos ver que Marianne observa de lejos a Héloïse desde su asiento en la audiencia, en un silencio.
Marianne, como Orfeo en el mito que discuten durante la película, decide (o se ve obligada a) mirar atrás para preservar la imagen de ella, sabiendo que eso significa perder la probabilidad de un futuro juntas.

La "Tormenta" del Verano de Las cuatro estaciones de Vivaldi irrumpe (la primera canción prominente de la película), no en un fondo externo, es más bien un aspecto que sirve de desahogo y al mismo tiempo, de “manifiesto” de la pasión de ellas.
La escena es así: en la ópera, la orquesta en vivo pasa a conmemorar lo que vivieron juntas (valores entendidos entre ambas).
Y sí, es un amor que falló y no por falta de anhelo, tal vez, fue por llegar en el momento y lugar equivocados, (obviamente) condenado por las circunstancias machistas de la época.

Los crescendos de la pieza se intensifican con la emoción de las personajes (y contigo), precisamente por la asociación que podemos otorgar a la historia; la música nos enfatiza la tensión acumulada de SU deseo; digamos esa "tormenta" que yace dentro y que nunca se apaga (ni apagará).
Héloïse, al escuchar la melodía que una vez compartieron, va de la contención a un desbarate emocional; sus lágrimas son incontenibles, su sonrisa busca la calma, y, con mucho esfuerzo, culmina con un dolor disfrazado de alegría en su rostro. Es un clímax sosegado y paralelamente ruidoso, en el que la banda sonora se materializa en memoria y en arte, y tristemente, no en una unión física (¡JODETE patriarcado!).
La ficción es triste. La realidad es una posibilidad
Aunque en la ficción el final es doloroso, no deja de ser precioso en su (artística) melancolía. Nos enseña que el amor vive en lo que queda, como lo es un retrato, una página marcada, una partitura.
Y acá está mi conclusión:
En la vida real, con las nuevas posibilidades que hemos conquistado las mujeres, ese final feliz sí es realizable.
Hoy las mujeres podemos estar juntas, amándonos abiertamente, edificando vidas compartidas, y no, no tenemos que escondernos ni renunciar. Los avances en derechos humanos y de las mujeres, la visibilización LGBTIQ+, las miles de comunidades que se siguen formando en redes y en la calle, las modificaciones legales y culturales que han roto muchas trabas del pasado; permiten que el desencuentro que vemos en pantalla no tenga por qué repetirse en nuestras historias.
Basta ser valiente, segura, realizar aquella llamada o mensaje directo por la persona amada (Tú dale si lo anhelas).
No esperemos el día ideal ni que el destino lo resuelva mágicamente; demos el paso, quebremos el silencio, hay que elegirnos a nosotras mismas (sólo tú y yo viviremos en nuestro lugar) y a quien nos mueve y hace palpitar y humedecer el cuerpo.
Retrato de una mujer en llamas no es propiamente un lamento negado; es una invitación de por qué es indispensable que las mujeres continuemos luchando. Es una película de motivación, para que notemos que el amor entre mujeres es capaz de transformarse en una realidad cotidiana, placentera, sin miedo.
Lo que en el siglo XVIII era un sueño, en el nuestro ya no lo es (¡despertemos amor!).
Y eso, lo anterior, consigue que esta película mantenga una atemporalidad con más fuerza. Conforme los cambios sociales y practicas de inclusión se vayan incorporando a la normalidad, será más sencillo besarnos hasta que amanezca.
El final que elijo crear

En el siguiente video se muestra la escena final de la que hablé en el artículo.
Nota: Los recuerdos presentados en el video no aparecen en la toma original, pero si pusimos atención a la historia, deducimos que Héloïse al escuchar la partitura llora, se emociona y desborda por añorarlos.
Poema: •El diálogo (Autoría)
"Ella encendió una llama
en una habitación que no sabía
estaba a oscuras.
Al principio costaba apartar la mirada,
y paradójicamente
moríamos por cerrar los ojos.
Ella era sabia,
con calma y seguridad
que da haber vivido más,
pero sin esa arrogancia.
Una tarde cualquiera,
pusimos una película de Mary Shelley,
nos recostamos cerca
en un muro acolchado e inerte,
y uf, palpitaron intenso
mi corazón y el suyo
como si acabáramos
de nacer a una nueva vida,
traspasamos la barrera del sonido
podíamos escuchar el latido
de la otra,
la tensión incrementaba
y pasó:
fue amor a primera noche.
Ella era bellísima, sí,
con una sensualidad callada,
y ahí, me enseñó a gritar
te quiero y te deseo.
Creamos un templo
repleto de éxtasis espiritual.
Cuando el amor nos hacía,
le susurraba poesía y curiosidades,
entregarnos era un ritual de placer
al conocimiento.
Lo que realmente me desarmó
no fue el roce de la piel,
o el compendio de bagaje cultural
mi cuerpo escurría
una certeza irrevocable:
que yo tenía un alma y la suya respondía
a la misma descolocación.
En el charco, nos disfrutamos
sudadas y desordenadas,
en una paz que parecía doler,
y al final,
era la aproximación del alivio
dulce como sus labios.
Horas y días después,
la libido seguía reaccionando:
en la entrepierna una brisa fresca
al evocar su nombre
en voz baja.
Me habitó por completo.
No fue una deducción intelectual,
era metafísica.
Supe que la amaba
porque dejé de ser persona,
y me convertí en un ser humano
que se entregaba entero
a la esencia más mística del amor.
Por primera vez
no existía distancia
entre mi cuerpo y mi corazón:
Ella los puso a dialogar".
-ARAL ❤️🔥
Por. Alma Raquel Alonso Lucena
Ingeniera, Mtra Admón, Podcaster y Amante del cine
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