8 ½ es una de las películas más personales de Federico Fellini, una obra sobre su imposibilidad creativa ante la presión de la celebridad alcanzada por filmografía previa. En la película Fellini está extrapolado en Guido Anselmi (que interpreta Marcello Mastroianni), un cineasta agobiado por productores, prensa y por sus demonios internos.
Los recuerdos de infancia que alternan su tormentoso presente también son un contrapunto entre sus amores del pasado y sus pasiones actuales. Esas pasiones incluyen relaciones amorosas volátiles: un divorcio, amantes y actrices fetiche, todas ellas comparsa de la inestabilidad emocional del protagonista.
Los primeros amores del personaje están ligados al despertar sexual. Desde la fijación edípica con la madre y el figura hipnótica de La Saraghina, sus sentimientos se encuentran moldeados por estructuras sociales como la escuela, la iglesia y la familia. Esa infancia atormentada se convertirá progresivamente en una juventud tumultuosa, de amoríos intermitentes, un matrimonio con amor pero agobiado por las formas sociales (entiéndase fidelidad). Como cineasta Guido es un autor de éxito, con una capacidad creativa impresionante y un éxito que lo acompaña. Con ello se vuelve un obsesivo por crear y aprovecha la admiración que genera en otros para rodearse de personas que lo veneran, porque Guido es melancólico pero también vanidoso. Esas características lo llevan a evocar constantemente a sus amores, los reales y los ficticios.
El momento de la película que mejor muestra el universo amoroso del personaje es la escena del harem. Asumiendo la imagen de un domador y el ideario del macho italiano, Guido es atendido por las mujeres de su vida hasta que su vanidad se vuelve tiranía y sus musas se rebelan para acabar con él. Previamente, cada mujer se le había aparecido, en medio de su tormento creativo. La presencia de cada una de ellas representa un momento de alivio, un reposo dentro del sopor de los días de rodaje, un consuelo para un artista con heridas de infancia.
Claudia Cardinale, Anouk Aimée, Sandra Milo, Giuditta Rissone y más son algunas de las actrices que interpretan a las mujeres que acompañan a Guido en su letanía. En el final de la película las vuelve a ver, reconciliado con todos los fantasmas de su vida. Una palabras amables de su esposa, el encanto de su amante y un gesto amoroso de su madre son suficientes para reconciliarse con ellas. Temporalmente, claro, mientras dure este momento de éxtasis creativo y todo retorne a un momento de tormento, tedio y sopor.
En este relato metacinematográfico, Fellini logra el punto más alto de sus primeros años como cineasta. Extraña la ausencia de su esposa y actriz Giulietta Masina, a quien decide dejar fuera de esta película. Una ausencia considerable pero entendible quizá por la propia naturaleza de la película. En el último tiempo se ha descubierto a un Fellini con una personalidad tirante y obsesiva, siendo 8 ½ su descargo más personal ante actitudes cuestionables dentro y fuera del cine. Sin proponérselo, Fellini fue un poeta del desamor y la nostalgia.





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