-¿Puedo confiar en ti?
-¿Por qué yo?
- Porque tú eres mi sueño y yo soy el tuyo
Reconstrucción (dir. Boe, 2003)
Lo sé, es un cliché hablar de amor en febrero pero qué mejor oportunidad para exponer la cursilería, la tragedia, el arrebato o cualquier mínimo pensamiento romántico atorado sin parecer tan ridícula. Sí, “…estoy romántica y repleta de clichés…”
En el amor, cada cosa importa y aún más si no se hace presente. Cualquiera que haya estado enamorado sabe que la ausencia marca igual, que el camuflaje desespera por mostrar más.
En el cine, esos detalles convertidos en canciones, frases y gestos nos deleitan o hieren como un vicio a los que habremos de volver una y otra vez.
Ahora, no tiene que gustarte la película o siquiera haberla visto para apreciar esos guiños románticos. Así que, acompáñame a echar un vistazo.
Océanos de tiempo
De los seres más seductores y trágicos que puedan existir, sin duda son los vampiros.
En Drácula (dir. Coppola, 1992), este mítico enamorado dice pausado y con total convencimiento a Mina:
He cruzado
océanos de tiempo para encontrarte…
Más allá de la ficción que rodea a la figura del vampiro, la frase habla de un profundo sentimiento de búsqueda, paciencia y certeza sobre un amor irremplazable. No puede ser otra que Mina, la que hace a Drácula amar.
El momento que le sigue, la pausa antes de la mordida que no se consuma, demuestra la consideración y el afecto genuino del Conde para que ella no atraviese la misma condena eterna, a pesar de todo el tiempo que la ha esperado.
Sin duda, una frase que derrite.
Hechizado
Orgullo y Prejuicio (dir. Wright, 2005) tiene varias líneas irresistibles, pero me centraré sólo en una.
Vemos a un señor Darcy que ha tenido que sortear obstáculos para aclarar su reputación ante Elizabeth.
Y, como en un sueño, aparece caminando al amanecer entre la niebla matutina.
… Debe saber con certeza, que todo fue por usted. Es demasiado generosa para jugar conmigo.
Su conversación de anoche con mi tía me ha hecho recobrar la esperanza que ya creía tener totalmente perdida.
Si sus sentimientos son los mismos que en abril, dígalo de una vez, mis afectos y deseos no han cambiado pero una palabra suya me silenciará para siempre.
Sin embargo, si sus sentimientos hubiesen cambiado, tendría que decirle que me ha hechizado en cuerpo y alma y la amo, la amo, la amo, no quiero estar sin usted otro día.
El carácter, el cuidado y el afecto contenido hacen de ésta, una declaración limpia, valiente y honesta que cualquier mujer romántica, cursi o simplemente enamorada apreciaría.
Osadía perfecta
Cuando Patrick debe reparar el desaire hecho a Kat, una chica dura y filosa, en 10 cosas que odio de ti (dir. Junger, 1999), elige Can’t take my eyes off you para cantarle sin pena alguna con los ojos fijos en ella, frente a la escuela.
He escuchado esta canción miles de veces, como estoy segura todos. Can’t take my eyes off you, el increíble clásico de Frankie Valli de 1967 es una de las canciones con más covers en el mundo. Su letra dulce y melodía pegajosa, la hacen perfecta para pedir una disculpa osada a Kat.
Heath Ledger, como Patrick, ofrece una interpretación que logra sentirse sincera, valiente y sentida. Las primeras estrofas, sin música, dejan el sentimiento en su voz. Algo mucho más valioso que su calidad como cantante.
You're just too good to be true.
can't take my eyes off you.
you'd be like heaven to touch.
i wanna hold you so much.
at long last love has arrived.
and i thank god i'm alive.
you're just too good to be true.
can't take my eyes off you.
Algo que pudo resultar ridículo o cursi, lo volvió osado, galante y divertido.
Ternura clandestina
Ciertamente, Pulp Fiction (dir. Tarantino, 1994) no es una película romántica pero tiene un gesto aislado, tierno, que vale la pena nombrar.
Después de que Mía es prácticamente revivida por una sobredosis de heroína, Vincent le pide no decir nada a su esposo Marselus. Ella, en agradecimiento, le cuenta el mal chiste que se había negado a contar durante la cena. Parece algo insignificante pero él lo entiende, ella le da su confianza sin importar que tan boba sea, y cuando le da la espalda, él le lanza un beso. Sólo eso.
El romántico silencioso.
Ella
Anna Scott, la inalcanzable actriz que mantiene a William Thacker enamorado y suspendido en la incertidumbre en Notting Hill (dir. Michell, 1999). Representa el misterio de la persona idealizada, la que le muestra todas las caras del amor.
La icónica canción She interpretada por Elvis Costello para Notting Hill, cuenta con varias versiones previas y posteriores. La original de Charles Aznavour, Tous les visages de l'amour (1974), tiene un par de líneas que cambian ligeramente, casi imperceptibles, el sentido de la canción. Tal vez la versión más apegada (o la que recupera esa línea) sea la del grupo español Presuntos Implicados lanzada en 2011. Y, aunque no forma parte del soundtrack original de Notting Hill, se incluye en álbumes de recopilación o bandas sonoras alternativas de Warner Music.
Esta aclaración es importante porque cada palabra en el amor importa, se diga o no.
Tú ¿Quién eres? Nunca lo sabré
Tu rostro cambia cada vez
Si eres un ángel o un demonio, no lo sé
Tú traes a mi piel la sensación
del hielo y del rayo de sol
Cuando me muestras cómo son
todas las caras del amor
…
Thacker padece a Anna tanto como la ama. Si bien el deseo no lo consume, es imborrable. La lleva en su andar al atravesar todas las estaciones.
Aquí la canción completa.
Y así como hay versiones traducidas que, para algunos, son más bellas. Hay otras que no deberían cambiar.
Hopelessly devoted to you
Esta canción en Grease (dir. Kleiser, 1978), interpretada por Olivia Newton, hace vibrar sólo con el título. Un poderoso enunciado que no necesita más versos o explicación para sostener la total entrega que siente Sandy por Danny: Hopelessly devoted to you.
No importa la época, la ficción o el contexto, el amor es el amor, es siempre un deseo. Se reconoce cuando sube del estómago a la garganta y se queda ahí, deambulando como deleite o tormento.
Recordemos que sólo hablamos de las sensaciones que dejan en uno algunos gestos románticos, esos de película que no podemos olvidar porque, por un instante, saben a miel.
Porque el cine nos presta eso, sensaciones.
El resto, nos toca vivirlo.




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