La decisión obligada 

El día empezó con el recorrido normal del río, llevando piedras y suciedad por todo su cauce, hoy no todos los pájaros cantaban, como si supiesen del hallazgo que pronto se descubriría; encallada por las rocas, un cuerpo femenino se encontraba siendo samaqueado por las aguas marrones. Al ser un día de verano, la fuerza del mismo era más potente debido a las lluvias que alimentaban su afluente, a pesar de eso, aquella masa seguía allí, esperando que alguien se percate de su existencia.

No fue hasta las 9 de la mañana que un barrendero que volvía a casa la divisó. Con suma celeridad llamó a la policía para que trate de rescatarla, aunque muy a su pesar ya no existía vida -desde hace mucho tiempo- en esa carcasa. A los 20 minutos se acercó un patrullero con una camilla y muchos arneses, intentaron sacar aquel cuerpo del río, pero al ver que la potencia del mismo era demasiado fuerte, solicitaron refuerzos. Llegaron dos vehículos más, ya las personas se habían amontonado cerca de la carretera para tomar fotos, trasmitir videos o por simple curiosidad; muchas sogas se instalaron para que el personal policial pueda sacarla. Luego de tanta insistencia y de la aparición de algunos medios televisivos, se logró retirar de las aguas el cuerpo, lo cubrieron de una bolsa negra y una frazada tigre. Antes de subirla a la camioneta, un suboficial se percató de algo terrible, esta mujer era una adolescente.

Las cámaras y periodistas inundaron la morgue de la pequeña ciudad cercana a la capital, medios de prensa informaban que se había hallado el cuerpo de una joven de entre 14 y 18 años ahogado en ese río caudaloso; dentro, en esos pasillos blancos, los médicos intentaban establecer quién era esta persona. Su estómago se encontraba relativamente hinchado, tenía golpes producto de tantos choques que el cuerpo había sufrido con las rocas del río, su tez trigueña y pelo negro no aportaban mucha información.

- Se ahogó, ¿apostamos?

- Se supone pe, hu3vón.

- Nada, tenemos que abrirla para ver qué pasó, puede que la hayan ases1nad0 antes y la hayan tirado al río.

El enunciado heló aún más la atmósfera tan deprimente. Entró una asistente en ese ambiente lúgubre.

- La fiscal ya entregó la orden, ya podemos empezar.

Empezaron a realizar los procedimientos en el cuerpo dictando todo lo que encontraban, la menor murió ahogada luego de sufrir un terrible impacto en la cabeza que la dejó desmayada. Su cuerpo se veía marcado por golpes y cortes producto de los constantes choques por la fuerza del río y las piedras afiladas; los dos hombres dictaban todo lo encontrado a la asistente quien anotaba y seguía con la mirada todos los procedimientos que los especialistas realizaban al cuerpo. Hasta que uno de ellos se paró en seco y dijo:

- Esta niña ha dado a luz.

Las otras dos personas se quedaron estáticas, ese enunciado había roto todo ámbito de profesionalismo.

- ¿Estás seguro?

- Sí, mira esto. -Señalando las partes del cuerpo marcadas.- Es obvio que ha dado a luz, esto es muy grave, demasiado, car4jo.

La asistente se había quedado en shock, no se movía ni para respirar. Esa sala se había convertido en un cuarto sin vida.


Nicol se encontraba sentada en un banco afuera de una oficina, mientras que dentro de la misma tres adultos discutían; la cabeza siempre gacha desde que había pasado dicho incidente, prefería ocultarla en todo momento, su pelo negro -algo crecido- ya no era peinado desde hace tiempo, su vientre ya había comenzado a abultarse, aunque aún no había adquirido un tamaño prominente.

- Nicol, te vas a quedar acá, ella es la encargada. Te va a decir donde te vas a quedar. Nosotros te vendremos a visitar pronto, el Fran ya bajó todas tus cosas.

Nicol solo asintió con la cabeza -todavía gacha- mientras su madre seguía explicándole cosas, cosas que a ella ya no le importaban, porque ya se habían desecho de ella y de ese problema que cargaba.

- Nosotros te vamos a venir a visitar, aunque ahora no mami, sabes que estamos en cosechas y tenemos que aprovechar. Ya cuando baje, yo y el Fran vendremos a verte.

- Ya mamá, está bien.

Invadieron el espacio un hombre con un polo de fútbol y un jean algo raído, a su lado una mujer con un pantalón de vestir negro y una blusa celeste.

- Hola Nicol, soy Lidia, soy la encargada del Centro de Acogida “La Esperanza de María”, he hablado con tus papás y ya me han dicho y contado toda la situación, no te preocupes, acá nos vamos a divertir y encontraremos la mejor manera de solucionar todo esto.

- Yo no soy su papá, solo soy la pareja de su mamá. -Exclamó el hombre- Solo he venido a traerla, señorita.

- Ah, igual no se preocupe, acá la trataremos muy bien, ya le expliqué como es todo nuestro procedimiento, estará en las mejores manos.

La ubicaron en un cuarto donde había dos camas más, al lado de cada una de ellas, un pequeño ropero.

- Estarás al lado de Marisol y de Juana, ella también es de la selva, como tú. Tal vez puedan ser amigas, pero ella ya tiene 7 meses. Espero la pases bien.

Su cama era de una plaza y media con una almohada blanca, sus cosas estaban al costado, dos mochilas mal cerradas y un costal de rafia con ropa. El cuarto tenía dos ventanas por las cuales uno podía ver el jardín y una cruz en el medio de este.

- Bueno, te dejo, hay muchas cosas que hacer. Llegas en buen momento, en una hora tendremos la cena y hoy hay algo muy rico para comer. Cuando acabes bajas al primer piso y te diriges al comedor.

Como si fuese una orden empezó a desempacar todo, apenas le echó un vistazo a su celular, cuando entró una chica al cuarto.

- Ho-ho-hola, perdón, solo vine a sacar algo.

Se acercó a uno de los roperos, abrió uno de sus cajones, cogió una toalla y se marchó, no le dio tiempo a dirigirle la palabra, pero sí pudo ver el crecimiento de su vientre. Comenzó a sentir ese viento -invasivo- tocar su piel, el dolor de cabeza empezó y -ya en la soledad de ese cuarto- lloró como aquel día. Se había cubierto la cara con las manos para que nadie pueda verla en ese estado, aunque en esa habitación solo ella y su sombra se encontraban.


- Chicas, chicas, un momento, un momento. Quiero que todas saluden a nuestra amiga que ha venido desde la Selva. Se llama Nicol y quiero que todas la hagan sentir como en su casa.

Desde aquel estrado improvisado, Nicol pudo observar a todas las comensales, unas 20 aproximadamente, ya tenían servido un pequeño plato de sopa, dos plátanos y un pan. Le indicaron donde debía sentarse, antes de que empiecen a comer, la encargada ordenó que todas se pongan a rezar, levantaron levemente las manos y comenzaron a repetir las palabras que la misma mencionaba. Nicol imitó esta postura, aunque cada vez más sentía que eran palabras sin sentido, palabras que solo se las llevaba el viento sin ningún camino. Ella siempre caminaba como si le pesaran las piernas, a pesar de que tenía una contextura delgada, de tez trigueña, sus manos y uñas tenían determinadas heridas producto del cultivo de yuca, apenas tenía 12 años cuando ese suceso ocurrió una tarde, suceso que con el tiempo se empezó a hacer costumbre por parte de un familiar de Fran, quien venía a ayudar a su familia con el cultivo de dicho vegetal.

Al sentarse notó que todos los ojos de las chicas se habían posado sobre ella, trató de no prestarles atención y se dispuso a comer, mientras a sus espaldas escuchaba vocecitas que -seguramente- hablaban sobre ella. Siempre había sido una chica de pocas palabras, desde que el divorcio de sus padres se había producido. Cuando ya estaba terminando su sopa una voz la llamó.

- Hola, soy Mari, ¿cómo te llamas? ¿Cuántos meses tienes? Porque no se te nota nada.

La pregunta cortó su apetito, le resultaba asquerosa, mencionar algo relacionado a ese tema creaba en ella un sentimiento de culpa. No dijo nada.

- Acá todas sabemos todo, así que tienes que hablar para poder apoyarte y cuidarte mejor, porque en esa situación, nada bueno te va a tocar, mana¹. -Exclamó otra.-

Esa pregunta se había convertido en una especie de amenaza, por lo que ya había vuelto a un ambiente familiar.

- Nicol Orosco, no sé cuánto, tal vez tres meses.

- Uy, entonces estás nueva en esto, jajaja, serás la consentida de la pastora. Cuando te conozca te agarrará un cariño especial. Jajaja. -Dijo una tercera.-

Estas tres chicas habían posado sus ojos saltones sobre Nicol, quien solo deseaba comer e irse a llorar sola.

- Chicas, no molesten a Nicol, primero que se acostumbre. No sean malas pues. Y otra noticia, nuestra pastora no podrá venir estos días, se encuentra bastante ocupada con temas muy complicados, pero pronto estará para ver cómo están todas. Solo eso, terminen de comer para que puedan ir a la otra sala. -Pronunció Lidia desde el estrado.-

Los ojos se esfumaron; terminó la hora de cenar y la encargada indicó que ya podían acercarse al cuarto de entretenimiento. Salieron presurosas del comedor para dirigirse a este lugar, ella -como casi siempre- con su andar lento y pesado demoró más que sus compañeras. En dicho ambiente había 3 sofás bastante desgastados, así como algunas bancas de madera y sillas de plástico sueltas; un televisor de regular proporción se encontraba en un rack suspendido en la pared, algunas cuantas revistas de moda y farándula se encontraban en un estante, también 4 tablets fijas en un escritorio. El televisor se prendió puntual a las 7:00 pm, la novela estaba a punto de empezar, todas se quedaron calladas para ver en qué punto se encontraba la trama. Mientras tanto, 5 chicas se encontraba en las tablets distribuidas en la mesa, y en una esquina -alejada de todas- Nicol, quien sacó de su bolsillo su celular para ver si alguien le había escrito o llamado.

- ¿Te dejaron entrar con tu cel? ¿En serio? ¿Tienes feis²?. -Exclamó una de ellas, mientras las otras cuatro se miraban sorprendidas.

- Que raro que no te lo hayan quitado, a todas nos lo han quitado, menos a Ale.

Nicol se sentía hostigada ante las preguntas de las chicas, cuando una encargada del sitio entró a la habitación. Viendo que las 5 chicas rodeaban a la nueva, preguntó qué estaba pasando.

- Es que tiene un celular, misscita³.

- ¿Qué? ¿No te dijeron las reglas? En la institución están prohibidos los celulares. Dame, ¿cómo te llamas?

- Nicol Orosco. -Respondió tímidamente- Lo siento, no sabía que estaba en las reglas, recién llegué hoy.

- Sí, me dijeron que había una nueva, pásame el celular, lo tendremos en la oficina general. No te preocupes, cada fin de semana tienen un par de horas para usarlo. Solo queremos que te relajes.

Alcanzó el celular a la encargada; las otras chicas ya se encontraban viendo las tablets, donde veían tutoriales para crear peinados nuevos, en el fondo las otras chicas seguían atentas a la novela que no prestaron atención a la pequeña requisa que se había armado. La encargada estaba a punto de retirarse cuando Nicol la alcanzó.

- Miss, disculpe, nadie me ha explicado nada acá; qué es lo que debo de hacer, recién llegué hoy y toda la tarde estuve ordenando mis cosas. Lo poco que me dijo mi mamá es que acá estaré bien hasta …

- Claro niña, a ver, dame un rato y te llevaré a la sala de coordinación para explicarte.

Ambas salieron de la sala, caminaron por un pasadizo oscuro dirigiéndose a la oficina de coordinación, había dos mesas y unas cuantas sillas, un retrato bastante grande de Jesús se encontraba en la cabecera de una de las mesas. Pudo ver el nombre de la encargada: Lucinda Pérez - Trabajadora Social.

- A ver mami, mira, en este centro nos encargamos de las chicas que al igual que tú han sufrido un pequeño problema y ahora se encuentran embarazadas, nosotras no creemos en el ab0rto, por lo que ayudamos a que ustedes tengan un embarazo saludable y una vez que nazca el bebé, decidan si quieren tenerlo o darlo en una adopción. Todas las vidas cuentan, es lo que nos enseñó Dios.

Señalo con orgullo el cuadro que se encontraba en sus espaldas, continuó:

- Yo sé que es difícil, me pongo en tu lugar, pero para Dios todas las vidas son importantes. Por eso no queremos que nada se pierda, todas las vidas valen lo mismo. Ahora, acá tenemos un plan para que te sigas educando, en las mañanas hay clases como si fuese tu colegio, ¿de dónde vienes?

- De La Merced.

- La Merced, no conozco eso, mami. ¿Dónde queda?

- En Junín, en su selva.

- Ah, ya, está cerquita no más; una vez fui a Huancayo, para un Santiago, hace tiempo ya. Pero no importa ahora eso, ¿cuántos años tienes?

- 13 años, señorita.

- Mira, estás toda jovencita, tranquila mami. Han habido chicas más menores acá. Incluso llegó una chica de 11 años, era bien chiquita, hasta pena daba.

La noche se había adueñado del ambiente, los grillos acompañaban esa charla.

- Ya no estés triste mami, muchas más han pasado por lo mismo y han salido adelante. Ya verás que Diosito todo lo pondrá en su lugar. ¿Tú rezas?

El llanto invadió a la menor, quien apenas pudo responder a esa pregunta con un sí.

- Tranquila mamita, todas las cosas Dios las hace por algo. Tranquila, ya verás que con nosotros todo esto pasará.

Pero para ella nunca pasaba, siempre recordaba las veces que él entraba con alguna excusa a su casa. Que si traía un encargo, que para ver una película, para ayudar en casa; a pesar de que ya había hablado con su mamá, ella poco o nada podía hacer, ya que no quería pelearse con su conviviente por su sobrino. Él era mayor por 5 años, empezó un día cuando no estaba nadie en casa, ella se había quedado cuidando a sus gallinas, cuando él se acercó por detrás.

- Ya pe Nicol, un besito no más, no pasará nada. Nadie se enterará y tampoco se lo diré a nadie.

Ella siempre callada solo lo alejaba con sus brazos, pero él ese día estaba muy decidido.

- Ya pe flaquita, siempre me dices que no, hoy debe ser el día. Además, nadie sabrá.

Los recuerdos siempre llegaban a ella, aunque quisiera borrarlos; siempre pensaba en ese día, en qué hubiese pasado si gritaba o si salía corriendo, sin embargo, eso nunca pasó y el silencio, poco a poco, comenzó a convertirse en su tumba. Ella pensó que esa sería la única vez que eso pasaría, pero no; al inicio trató de no coincidir con él para que esto no se repita, ya que le generaba bastante asco y se sentía tan sucia que procuraba bañarse para limpiarse el olor y el sudor de aquel muchacho. Ese acto empezó a repetirse cada dos semanas, en las que él aprovechaba que no se encontrara ningún adulto para hacerlo. Empezó a amenazarla, si ella decía algo, él diría que fue ella quien lo provocó y que sería la vergüenza en su familia ya que ellos eran bien religiosos. Tal vez estas palabras la rompieron tanto que optó por el silencio como único medio para hablar, hasta que un día -después de varios meses- el periodo menstrual desapareció, Nicol era una chica con el periodo irregular, por lo que al inicio pensó que nada pasaría.

Sin embargo, un día, en clase de Ciencias empezaron a explicar sobre los ciclos de la vida cuando ella corrió al baño a vomitar, salió tan intempestivamente que dejó a la profesora con cara de extrañeza. Al retornar, fue abordada por la maestra quien preguntó qué estaba pasando, ella solo atinó a decir que era algo malo que había comido la noche anterior, pero por dentro empezaron los miedos. ¿Estaba embarazada? ¿Por qué ese Dios que tanto había rezado estaba permitiendo esto? Esa noche lloró mucho más, pensando que todo esto era una pesadilla y que pronto despertaría. Para su desgracia, todo esto era real; empezó a sentir más mareos y vómitos, su mamá estaba preocupada por los cambios que su hija experimentaba. Una noche de lluvia decidió contárselo, al inicio ella no le creía, pero al ver las lágrimas de su primogénita se convenció que todo esto era real; la madre empezó a llorar -desconsolada- porque todo esto era su culpa ya que no se había dedicado a su hija en todo este tiempo.

Fueron donde el pastor de su iglesia, él las consoló y preguntó quién había sido el culpable, ella empezó a contarlo todo; el pastor se encontraba colérico ante el testimonio que mando a llamar inmediatamente al muchacho, pero, aunque lo buscaron, él se había esfumado, conocidos suyos aseguraron que se fue de viaje un par de días antes a otro poblado, tampoco contestaba las llamadas. Mientras tanto, el cura hablaba con la madre, aconsejándola sobre el cuidado que debía tener con la menor, ya que tenía una vida dentro. Nicol protestó.

- No quiero tener este bebé, no quiero saber nada de esto.

Las caras desencajadas de su madre y el pastor quedaron retratadas como fotografías en su memoria, él intentó convencerla que ella debía tener al bebé, porque -guste o no- esto era la voluntad de Dios, y que el bebé no tenía la culpa de todo lo que estaba pasando. Su mamá acompañaba estos argumentos con palabras para que ella lleve correctamente su embarazo y tener al bebé, le dijo que explicaría todo esto en la escuela y que no se preocupe por eso. Por el contrario, Nicol seguía en pie con su idea, no quería tenerlo, le generaba tanto asco tener dentro una vida que ella no deseaba. Hizo oídos sordos a todas las palabras que inundaban esa oficina, cuando el pastor comentó:

- Mira Nicol, yo te entiendo, pero ese bebé no tiene la culpa. Mira, hay una solución, recuerda que matar es pecado, por lo que ese bebé no tiene la culpa, ¿no? Hay un refugio para niñas que han pasado por este tipo de situaciones, es un refugio bien bonito y que cuida a todas las chicas en tu condición. Allí tendrás todo, encima es bien barato, ya que tiene ayuda del Estado, incluso su fundadora es una congresista, que a su vez es pastora y …

- No, no quiero, no quiero a este bebé; lo odio y me odio tanto, no quiero estar aquí ni en ningún lugar.

- Mi niña, cálmate, es mi culpa; yo debí cuidarte más, pero ese bebé no tiene la culpa, no puedes seguir cometiendo más pecado, hijita. -Lloraba la madre, tratando de abrazar a la menor.-

- Sí niña, debes escuchar a tu mamá que te quiere mucho, y nosotros en la iglesia también te queremos mucho. La pastora no es conocida mía, pero sí del encargado de la región de Pasco, quien es mi amigo. Conversaré con él, tienes que pensar que Dios está contigo y que tiene un plan para que todo esto salga bien, no pienses en más pecados, niña.

Antes de irse, el pastor abrió una pequeña cajuela, sacó un par de billetes y se los otorgó a la madre de la menor, quien agradeció toda la ayuda que él les estaba dando.

- No hay nada que agradecer. Todas las ovejas del Señor debemos estar unidas y fuertes para afrontar los problemas. Compren comida y vayan a casa.

El regreso a la misma se dio con una lluvia torrencial, mientras su madre trataba de no mojarse, y tampoco mojar la comida, a la menor le importaba poco, pues sentía que la lluvia la llevaría hasta el río, donde desaparecería finalmente.

- Pronto ocurrirá, yo lo sé, pronto. -Pensaba en sus adentros.-


Los días de agosto en esta pequeña ciudad eran fríos, todos sus habitantes debían dormir con tres o más frazadas para tener algo de calor; las niñas en la institución no eran la excepción, todas tenían sábanas y colchas gruesas para que puedan taparse, incluso con ese cuidado, siempre estaba la posibilidad de amanecer helada. Algunas solicitaban las frazadas tigre para poder abrigarse de mejor manera, pues era el único medio que encontraban para calentarse en esos días. Las clases empezaban a las 8 de la mañana, las menores despertaban a las 7 con alguna de las encargadas gritando desde la puerta de los cuartos que se apuren, que ya debían ir a desayunar.

Marisol se acercó a la cama de Nicol, quien seguía durmiendo, la tocó para avisarle que debía despertar, porque se perdería el desayuno del día.

- Párate ya, ya se hará tarde; no tomarás desayuno y nos gritarán a nosotras por no avisarte.

- Perdón, hola, no pude dormir. Hace mucho frío acá, donde nací dormimos con pocas frazadas, pero acá hace mucho frío.

- Yo igual, los primeros días son fregados⁴, pero te acostumbras. Vamos Nicol, ya no llegaremos.

- ¿Cómo sabes mi nombre? Apenas te dije un par de palabras ayer y me metí a mi cama.

- Porque ayer todas estábamos hablando de ti, me llamó Marisol. Ya conoces a Juana, creo que se parecen, tienen esa misma forma rara de hablar, jajaja. Apúrate, ya me iré a abajo.

Salió rápida del cuarto, se podía ver su vientre, calculaba ella que eran aproximadamente unos 5 o 6 meses, ¿así quedaría ella? ¿Y si no solo era un bebé, sino dos? Esas preguntas invadían su mente y la torturaban constantemente. Se puso un vestido desgastado y bajó al primer piso, ya todas se encontraban desayunando, recogió su bandeja saludando a todos los encargados del comedor, se sentó y se dispuso a comer; callada, triste y miserable como lo había sido desde el día del incidente. Al terminar el desayuno, todas caminaron hacia un salón contiguo, una especie de aula improvisada, con carpetas de melamina que tenían pegadas en sus espaldas un sticker -o más bien una publicidad- de una mujer: María del Rosario Palacios - Congresista.

La clase era de Historia, la maestra era una jovencita con lentes y cabello largo, vestía con una especie de hábito, que mezclaba dos colores, el blanco y el celeste. Empezó a hablarles sobre la Época Republicana, sobre fechas y héroes que poco o nada importaban a las chicas sentadas en la habitación. Las edades eran variadas, pero siempre dentro de los 13 a los 17, uno podía ver lo diferentes que eran entre todas, cada una tenía un rasgo distintivo: lentes, lunares, color de piel, entre otras características; sin embargo, todas compartían un detalle que era imposible pasar por alto.

La clase terminó, Nicol había escrito muy poco en su cuaderno. El curso que seguía a este era el de Lectura, la profesora encargada era una señora algo mayor, quien comentó que ese día leerían unos pasajes de la Biblia, para tratar de encontrar más calma y tranquilidad en sus vidas, ya que siempre era bueno tener a Dios cerca. Llamó a una de ellas, Alejandra, de tez blanca, la única que tenía brackets y una vestimenta diferente, con ropa en buen estado. Se paró, subió al pequeño atrio en frente de todas y empezó a leer algunos versículos.

- Salmo 139, versículo 13: Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; e-estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien. No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. -Tomó una breve pausa.- Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas.

- Lo ven chicas, los bebés desde mucho antes sienten a Dios, son el milagro de la vida, son parte de la misma bendición de Dios.

Un silencio bastante incómodo invadió la sala, Alejandra volvió a su asiento, por la forma de su vientre uno podía intuir que tendría unos 5 o 6 meses de embarazo. La profesora -por llamarla de alguna manera- siguió y siguió con su palabrerío sin sentido, colocando más y más ejemplos de porque un bebé era una bendición. Todas las alumnas miraban a su profesora, mas no prestaban atención a sus palabras, sus preocupaciones eran más importantes que aquello que se encontraba escrito en un libro de hace más de mil años.


Al finalizar el almuerzo, todas pasaron al patio general, había una serie de anuncios que debían darles. La encargada -Lidia- saludó a todas, y empezó a decirles cuáles eran los nuevos cursos y talleres que tomarían, habló de confección y de computación, puesto que el Gobierno había donado algunos equipos para que el refugio mejore sus condiciones; las mujeres que la escoltaban -todas trabajadoras del centro- aplaudieron vehementemente estas declaraciones.

- Y no solo eso, el próximo fin de semana viene nuestra pastora con un grupo de personas que se encargará de ver cómo trabajamos, por el bien de todas ustedes. De verdad, todo esto es por ustedes, mis niñas. Muchas gracias por confiar en nosotras.

Las menores aplaudieron, algunas más convencidas que otras, Nicol solo hizo el ademán de hacerlo, ya que esas palabras le resultaban tan huecas, tan vacías, que no le generaba ningún tipo de emoción. La encargada habló un rato más, sobre la salud de las chicas, ya que dos de ellas ya estaban cerca de cumplir los 9 meses, y que debían estar atentas ante este tipo de acontecimiento; al finalizar, las chicas recibieron un nuevo horario con cursos y talleres que llevarían a partir del día de mañana.

Toda esa semana fue de aprendizaje, tanto de las clases como de las personas que la rodeaban. El cuarto era compartido con Marisol, una chica trujillana de unos 16 años que sufrió una v1olac1ón por parte de un vecino, sus padres no quería que esto se supiera y la mandaron a este refugio para que su hija no sufriera más; y con Juana, una chica de Tingo María -de 15 años- que sufrió lo mismo por el enamorado de su hermana mayor, quien la obligó a tener relaciones mientras él vivía en la misma casa, sus padres la mandaron a ese refugio para que no exista más problemas familiares, y acusaron al tipo en una fiscalía, pero el proceso fue dilatado hasta ahora. Ambas eran bastante buenas con Nicol, quien siempre callada, intentaba evitar las conversaciones largas.

No eran las únicas chicas de provincia, casi todo el Perú se encontraba reunido en ese reclusorio, con una mayoría de chicas de Lima -unas 4 en total-, quienes siempre andaban juntas y eran las que interpelaron a Nicol en su primera cena. Pero la más curiosa era Alejandra, quien -aunque conversaba con casi todas las chicas- prefería estar sola, era la única que tenía un celular y podía usarlo, su padre era un pastor importante en una región al sur de la capital, con bastantes contactos y poder económico, cuando ocurrió el hecho movió cielo, mar y tierra para dar con el culpable, quien fue capturado unas semanas después y golpeado hasta el hartazgo, siendo posteriormente encarcelado por la Policía. Era lo poco que se sabía de esta chica, pero siempre era la que más mimos recibía por parte de las profesoras y la encargada, tal vez porque su padre era correligionario de la congresista, quien aparecía en un montón de fotos que se encontraban a lo largo y ancho de todo el refugio.


El dichoso fin de semana llegó, todas se encontraban esperando la visita de la congresista-pastora, ella fue quien fundó este refugio para acoger a niñas víctimas de v1olac1ón. Desde muy temprano dos camionetas arribaron al refugio, eran técnicos que se encargaron de armar un escenario, así como colocar cables para una transmisión; luego de un par de horas, 6 camionetas llegaron al refugio, bajaron de estas una comitiva integrada por personal del Ministerio de la Mujer así como agentes de seguridad y en el medio de todos ellos una mujer de un metro cincuenta -aproximadamente-, la congresista María del Rosario Palacios, quien -con una voz aniñada y patética- ordenó a los camarógrafos tomar fotos del refugio y de ella, posando ante este complejo y exhibiéndolo como una de las tantas obras que ella había ideado.

La comitiva recorrió los pasillos tomándose fotos con todas las menores. Algunas de las chicas que ya habían dado a luz fueron alentadas a posar con sus bebés, por indicación de la congresista, los camarógrafos debían fotografiarlas al momento que ellas levantaban a los neonatos ante el foco de la cámara, exhibidos como un trofeo. Cuando se filmaron las declaraciones de la congresista para que puedan ser emitidas por señal abierta, las únicas frases que repetía eran:

- Es que todas las vidas importan, Dios nos dio la vida para que todos respetemos la vida de otros. Porque se ha cometido un error, no debe cometerse otro.

Nicol no fue ajena a las fotografías, los encargados le indicaron que se siente en el comedor -junto a otras chicas- y haga la simulación de comer, todas accedieron a las señalizaciones que los camarógrafos hacían. Toda esta jornada acabó con un pequeño mitin en el cual la congresista y los representantes de este ministerio hablaban sobre la importancia de este tipo de refugios y la oportunidad que se les brindaba a las chicas de poder continuar con su embarazo y -a la par- seguir estudiando, además de capacitarlas en alguna que otra actividad para que puedan recursearse⁵. Todo terminó en más fotos, con globos, abrazos y donaciones que brindaba el ministerio a este refugio. Esa misma noche, todas se empezaron a repartir estas últimas, Nicol lo único que deseaba era que le toque una frazada, pues el frío que sentía ya empezaba a afectar poco a poco su salud; lamentablemente solo le tocó otra colcha que no abrigaba nada. Aunado a esto, ese ambiente tan húmedo traía a su memoria a esas situaciones tan asquerosas que quería olvidar, sin embargo, hay cosas que uno simplemente no puede olvidar y solo debe seguir.


Los meses pasaron, la relativa monotonía ancló su vida a ese sitio, donde -de alguna manera- empezaba a sentirse cómoda; muchas de las chicas que había conocido ya habían dado a luz y habían tomado la decisión de quedarse con el recién nacido, eran muy pocas las que optaban por darlo en adopción. Pero había algo que notaba siempre, todas las chicas pasaban por este proceso, podían quedarse unas 4 o 5 semanas más en este refugio y luego partían a sus tierras.

Su mamá solo la visitó un par de veces, pues las dificultades económicas impedían que estas visitas se den, debido a que ya no estaba conviviendo con Fran, por lo que era mucho más difícil todo; asimismo, las donaciones -que siempre llegaban con cámaras y gente operándolas- nunca habían sido significativas para ella. Siempre ganaba ropa, calzado, pero nunca una frazada en condiciones para abrigarla, y si bien, poco a poco el verano se aproximaba, el frío nocturno era su peor enemigo. En sus controles natales, trataba de no oír las opiniones de los doctores, quienes visitaban el refugio, incluso no sabía cuál era el género del ser que llevaba en su vientre.

En la época navideña, y con un verano que ya se aproximaba, la congresista les llevó un montón de juguetes y ropa, los juguetes eran para los futuros bebés, como carritos, peluches o muñecas y la ropa para las menores. Se quedó para la cena, ese día comieron algo atípico para ellas, pollo a la brasa; antes de que empiecen con el banquete la congresista se paró adelante de todas las mesas y dijo:

- Chicas, espero que con el nacimiento del niño Jesús encontremos el camino y tengamos fuerzas para seguir adelante, Dios nos pone desafíos y debemos superarlos.

Las palmas continuaron luego del agradecimiento, todo era un ambiente -relativamente- festivo, sin embargo, en su cabeza seguía la duda de si quería tener al bebé. En su último control le dijeron que ya tenía 8 meses, y que pronto el bebé nacería; aunque siempre querían decirle el género, ella se negaba, se excusaba diciendo que deseaba que fuese una sorpresa, aunque muy en el fondo ella no quería ver a ese ser.

Esas dos semanas siguientes fueron un verdadero calvario, su vientre estaba enorme, realizaba las cosas de una manera lenta, sus nuevas compañeras del cuarto le ayudaban a bajar las escaleras, a limpiar su cuarto y algunas otras labores que debía hacer. A pesar de ser enero, mes caracterizado por el verano, ella siempre se sentía helada en las noches, nunca había llegado a sus manos una de esas frazadas tigre que tanto había deseado desde el primer día que estuvo allí. Así como el frío permeaba su alma, también lo hacían los recuerdos, quienes siempre la visitaban antes de dormir, con preguntas y posibles escenarios en los cuales ella nunca habría sufrido. La última vez que su madre fue a visitarla, le llevó un par de fotos, una de ellas era cuando -con su uniforme escolar- había marchado en su ciudad, y la otra, su primera foto, con apenas 3 años, en una especie de caballito de juguete, con una sonrisa que hace mucho tiempo ya no se veía.


Las contracciones empezaron en la tarde, luego del almuerzo; ella empezaba a gritar de dolor, las encargadas ayudaron a que llegue al tópico, donde la única enfermera responsable se apresuró a llamar a la obstetra quien no se encontraba ese día. Todas se apresuraron para que el tópico se transforme en una sala de partos, trajeron todos los implementos médicos necesarios para que se dé de la mejor manera. Ella solo sentía dolor, como si algo rasgara su piel y la empujara desde adentro, trataba de soportar esto, pero era casi imposible. A las dos horas llegó la obstetra con otra enfermera, quienes preguntaron cómo se estaba dando el parto, le alcanzaron una hoja con los datos de Nicol. Las horas pasaban y las contracciones solo aumentaban, ella sentía que moriría en cualquier momento. A las 3 de la mañana la recostaron de una forma diferente para que se dé el nacimiento, ella solo gritaba del dolor, mientras que las enfermeras guiaban el proceso; media hora más tarde, la bebé había nacido. Mientras era limpiada por el personal de salud, Nicol se encontraba tirada en la cama, exhausta, muerta de cansancio, habían pasado poco más de 12 horas, el sueño y el cansancio se apoderaban poco a poco de ella; una enfermera le trajo a la criatura y la puso en sus manos para que le dé de lactar.

- Felicidades, es una niña.

Nicol, con las pocas fuerzas que le sobraban, agarró a la bebé y cuando quiso ver su cara, quedó horrorizada, se parecía a ella en esa foto que su madre le había traído, sentía que toda la historia se daría de nuevo, se odiaba y odiaba a la niña, no quería saber nada de ella. Mientras tanto las enfermeras celebraban e incluso tomaban fotos para enviárselas a la pastora y encargadas en su grupo de WhatsApp.

- Vamos Nico, dale un poco de teta⁶

Ella actuó tan mecánicamente, tal y como le habían enseñado en esos talleres que impartía el refugio. Al cabo de un par de minutos, ambas se quedaron dormidas.


- Nico, tienes que escoger un nombre para esa criatura. Ay, es tan adorable.

Lidia levantó en sus brazos a la recién nacida, mientras Nicol se encontraba aún recostada, habían pasado 2 días desde el nacimiento; todas querían alzar a la bebé porque la consideraban muy bonita. Por el lado de ella -de Nicol- no sentía nada por la recién nacida, solo cólera por todo lo que había tenido que pasar.

- Yo digo que le pongas, Rosario, como la pastora; a ella le gustará que una bebé tenga su nombre. Últimamente puro varoncito ha nacido. -Exclamó la profesora de Lectura.-

- Sí, me encanta ese, o qué nombre se te ocurre, Nico. Mira que ya debemos ir a registrar a la niña, para que puedas cuidarla bien.

- E-e-está bien ese nombre, misscita. -Exclamó con voz casi apagada.-

- Perfecto, entonces iremos mañana temprano. Ay, no quiero dejar a esta bonita, pero debo trabajar. Nos vemos más tarde.

Dejó a la recién nacida al lado de su madre, quien aún no tenía las fuerzas para valerse por sí misma. Las enfermeras y encargadas la atendían en todas sus necesidades; de igual forma, sus compañeras del refugio también iban a saludarla y a ver cómo estaba.

- Y Nico, ¿qué harás con tu bebé? -Preguntó una chica que había llegado hace un par de meses.-

- No lo sé, ya no sé nada.

- Mejor que se lo lleve otra familia, ya que siento que no lo quieres.

Esas palabras destrozaron a Nicol, quien inmediatamente se puso a llorar.

- No, no la quiero, ya no quiero a nadie; no sé por qué Dios me trata así, siempre debo estar mal, estoy cansada.

Su compañera trató de consolarla, pero era imposible.


A la mañana siguiente, Nicol subió a un carro junto a la encargada y a una enfermera, para ir a registrar a la recién nacida. Empezó a ver todo el trayecto desde el refugio, que se encontraba algo alejado de la pequeña ciudad, hacia la entidad pública que emitía los documentos de identidad.

- Nombre de la niña. -Exclamó el trabajador de dicha institución.-

- Rosario, Rosario Orosco. -Habló la encargada, quien escoltaba en todo momento a Nicol.

- Nombre de la mamá.

- Nicol Orosco.

- Nombre del papá.

Ese viento corrosivo volvió a tocar su piel, una pregunta más sin responder.

- Verá, esta niña es un caso especial, usted me entiende. -Replicó la encargada.-

- Ah, otro caso del refugio, entiendo, bueno. -Y siguió tomando los datos de la recién nacida, para luego tomarle una foto y crear su documento de identidad.

En todo ese proceso, Nicol siempre estuvo callada, solo cargando a la menor. De regreso al refugio, esa pregunta seguía en su cabeza, ¿esa bebé tendría papá? Era invadida por un sentimiento de tristeza tan profundo que sentía que en cualquier momento podría morir.

- Caracho⁷, olvidé comprar un par de cosas. -Exclamó la encargada.-

- Me hubieses dicho a mí, por las puras me quedé toda la mañana en el auto, encima con este calor asqueroso. -Respondió la enfermera.-

- Sí pues, que bruta soy, tendremos que volver.

El carro giró, volviendo a la ciudad, al llegar a esta, ambas mujeres bajaron, no sin antes decirle a ella que espere junto a la bebé, que no se tardarían mucho. Fue allí que la asaltó la duda, ya estaba fuera, podía huir. Por primera vez esta idea cruzó su cabeza, antes no podía hacerlo porque estaba embarazada, pero ahora era libre, podía hacer lo que quiera. Estuvo pensando un rato, mientras miraba a la recién nacida, dormida, ¿ella tendría la culpa de la suerte que le había tocado? La veía y solo podía ver esa foto, en su caballito de juguete, la invadió un sentimiento de odio que quiso acabar con la bebé, era tan fácil como ahorcarla y ya. Pero algo la detuvo, la niña no tenía la culpa de nada, la culpable siempre fue ella, desde el primer día. Poco a poco tomó distancia de la pequeña, y abrió la puerta del carro. Sacó un pie, dudando siempre de si la decisión era la correcta, recordó que ella se había quedado estática la primera vez que pasó todo, no pudo correr, esta era su única oportunidad, a nadie le importaba su vida, nadie lloraría si ella escapara, el mundo seguiría igual. Agarrando valor propio, sacó todo su cuerpo y cerró el carro; se fue caminando despacio, cuando ya se encontraba a una cuadra, giró para ver por última vez ese carro, y empezó a correr.

La tarde empezaba a cerrarse, la oscuridad comenzaba a devorar la ciudad, una garúa -bastante impropia en época de verano- comenzó a caer. Ella seguía corriendo, sin mirar atrás, ya nada ni nadie le impedía volver, cuando empezó a sentir esas pequeñas gotas que pesaban de una manera sobrehumana. Sentía tanta culpa de estar cometiendo esto; dudo de seguir huyendo, hasta que escuchó las aguas del río -ahora más cargado que de costumbre- con una fuerza atroz parecía que se llevaría todo. Vio un puente a lo lejos, caminó hacia él y se puso en medio, la noche se apoderaba de todo, cubriendo de negro la atmósfera.

Empezó a pensar en sí estaba tomando la decisión correcta, si alguna vez había tomado alguna decisión correcta. Todas las respuestas parecían converger en que nunca había sido tan libre como lo era ahora, pues ella -por fin- podía decidir si vivir o morir. Aún aterrada por sus pensamientos, recordó todas las veces que había rogado a ese Dios que la ayude, mas nunca había sido socorrida, ordenó más y más sus ideas. Miro al cielo, totalmente oscuro, y dijo.

- ¿Por qué me odias tanto? -Lágrimas que empezaban a caer de sus ojos.- Yo solo quiero ser feliz.

Pero una vez más, ese día, aquel Dios tampoco quiso.



Glosario

(1) Mana: Jerga usada en el Perú, siendo la apócope de hermana.

(2) Feis: Palabra usada para referirse a la red social de Facebook, descrita así por la formación fonética.

(3) Misscita: Palabra que resulta de la mezcla entre el inglés y español; siendo: a) miss usada en el Perú para referirse a un docente -principalmente de inglés-; y, b) su diminutivo (-cita), resultando la palabra en cuestión.

(4) Fregados: Peruanismo usado para referirse a una situación adversa, aunque el significado es contextual.

(5) Recursearse: Peruanismo que se refiere a la actividad -o actividades- que realiza una persona para conseguir una cantidad monetaria adicional alejada de su trabajo convencional.

(6) Teta: Peruanismo usado para referirse a los pechos femeninos, usado de forma coloquial.

(7) Caracho: Eufemismo de la palabra “car4jo”, usado principalmente por adultos cuando se encuentran en compañía de un menor.

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