Mis Piernas son de... Plastilina? 

DayDream - Capitulo 2

Esta puede ser una de esas historias que le pasó al amigo de un amigo. El evento que les voy a relatar sucedió bajo supervisión médica profesional. De ninguna manera intente recrear estos hechos sin el consentimiento y la supervisión de personal calificado.

No podría decir que simplemente ocurrió un día, ya que los factores que dieron como resultado este evento no sucedió de un día para el otro, sino que se gestaron de un tiempo a esta parte desencadenando dicho punto de quiebre, a.k.a El Evento.

Así que a falta de fecha precisa comenzaré con la moraleja de esta historia;

-EN CONTRAPOSICIÓN A LOS ESTADOS DE MORFINA Y ANTIPSICÓTICOS, DESCUBRO QUE LA REALIDAD ES IGUAL DE HOLOGRAFICA QUE LA REALIDA-

1

Despertó, el sol entraba diáfano en la habitación, aunque solo podía ver el techo blanco de esquinas redondeadas. Desde su posición era evidente que había una gran ventana a una corta distancia de la cama. Pestaño lentamente tratando de recordar cualquier evento previo a despertarse pero su mente simplemente estaba en blanco y aunque cerraba los ojos y sacudía la cabeza para recordar, solo consiguió un recuerdo borroso de una cara deforme en la misma habitación pero con luz de noche y palabras que no lograría comprender ni, aunque su vida dependiera de ello; El dolor y la desesperación no le había permitido retener ningún momento. El único recuerdo que sentía tangible era una enorme aguja en el brazo, entre forcejeos con camilleros y enfermeros, seguido de un frío espectral en todo su cuerpo y luego… nada, todo negro.

Intentó alejar la sensación de trauma y desistió en intentar recobrar la memoria, no valía la pena. Miró a su alrededor, junto a la cama sobre un sillón individual se encontraban sus objetos personales, bolso, zapatos, abrigo, todo metido apresuradamente en una bolsa transparente no muy apta para la tarea.

Se miró el pecho, tenía puesto un camisón de hospital sobre la ropa del día anterior, ¿Acaso era el día siguiente? ¿Qué hora era? ¿Qué día era? Miro hacia los lados en busca de su celular, no estaba, busco entre las sábanas, ahí tampoco, su mirada cayó en el sillon con la bolsa e imagino que ahí se encontraba.. Justo aquí, ocurrió el primer inconveniente; su cerebro quería levantarse pero su cuerpo era incapaz de ejecutar la acción, como si se hubiera desinflado y se encontrará hundiéndose lentamente en el colchón de aquella cama de hospital… ¿Qué le habían dado? De todas las drogas y combinaciones que había experimentado ninguna se sentía como esta.

2

Quiso expresar sonido, tal vez alguien la escuchara, pero su cuerpo ni siquiera se sentía propio recordó a Uma Thurman en Kill Bill en el asiento de atrás de la Pussy Waggon y se concentró en recobrar la sensación de su cuerpo.

Primero movió las manos, ahí estaban, entre sábanas suaves que se sienten resbalosas sobre el colchón de cuerina, en especial con sus largas uñas, luego siguió con los pies, ahí estaban, sedosos y regordetes, envueltos al final de la cama… Taaaaan suuuuuuuaaveee..

La mujer movía los dedos de los pies lentamente y sonreía, casi como si hubiera descubierto por primera vez en la vida que podía mover los dedos, sin previo aviso la invadió una risa tonta y hasta ella se sorprendió ya que, en los últimos tiempos la risa se había vuelto ajena y hasta algo extraña, aun así, ahí estaba, estrepitosa y juvenil; acostada sin poder moverse y riendo como un niño pequeño… no podía parar; no solo, no controlaba su cuerpo, sino que tampoco sus emociones. Abrumadoramente asaltada por estas sensaciones injustificadas a flor de piel, la risa se transmutó en llanto, casi desconsuelo.

¿Qué le habían dado? No solo era fuerte, definitivamente no era un medicamento, era alguna clase de estupefaciente, no lo sabía, tal vez alguien se lo había dicho, aunque ahora no lo recordaba.

Con esta conclusión sintió palidecer. Era imperioso levantarse… y sin sospecha alguna…. BUM BUM BUM!! BUM BUM BUM!! Su corazón, lo sintió latir hasta sus oídos, PUTA MADRE… Esa taquicardia, cómo pánico dormido la sacudió, como una verdad impecable, como una epifanía en blanco que no existe entre el tiempo y el espacio; Así nada más, por inercia se agarró de las sábanas y con mucho esfuerzo logró sentarse en la cama.

Simultáneamente aparecieron el inconveniente número 2 y el número 3.

3

Inconveniente número 2: La simple acción de sentarse le devolvió el alma al cuerpo y su alma sentía la vejiga a punto de estallar. Noble acción a un alto costo. No había duda, quedarse en la cama no era una opción y así llegamos al inconveniente número 3.

Miro sus piernas cubiertas por las sábanas, se sentían raras, levantó la vista con total inocencia del asunto y está se clavó en un reloj redondo, blanco y negro que colgaba en la pared frente a la cama, eran casi las 12 y media del mediodía, el inconveniente no era la hora, era el reloj, se derretía, se derretía en la pared hacia abajo lentamente como líquido viscoso; Abrió los ojos de par en par, pestañeo fuerte, sacudió la cabeza… el reloj no solo seguía derritiéndose como si la pared estuviera caliente sino que la pared respiraba y cambiaba a tonos suaves, rosa, naranja, amarillo, celeste, verde, lila, todo el arcoíris. Cada respiración parecia acercar aun mas la pared hacia la cama mientras saltaba de color a color, una pequeña sensacion de miedo la invadia pero no era mas fuerte la curiosidad de tocar esa pared, abrazarla y sentirla respirar, se veia sedosa como cuero ¿Oleria a cuero? Los ojos abiertos como luna llena babeaban ante el peculiar acontecimiento pero como duelo de western donde se cruzan miradas desafiantes entre contrincantes su vejiga acometió con urgente recordatorio de sus necesidades biológicas, necesidades que no podría disimular ni siquiera alucinando.

Ya no podía aguantar. Sacudió la cabeza por vez número mil o eso le pareció, se cubrió los ojos con las manos, casi como si estuviera asustada y con todas sus fuerzas intentó ignorar el reloj derritiéndose y los singulares colores de la pared, aunque, incluso de reojo podía apreciar los colores cambiantes que envolvían la figura del derretido reloj.

4

Otra vez, volvía al principio, era imperioso levantarse al baño. Entonces recordó sus piernas, volvió a mirarlas, puso sus manos abiertas sobre los muslos, sus dedos se veían muy laaaargos y finos, más que finos algo huesudos, mientras sus largas uñas postizas de color naranja parecían fulgurar y extender la delgadez de sus manos; Tocó sus piernas con suavidad y siendo verdaderamente sinceros no se sentían como sus piernas, sino más bien como largas piezas de jamón cocido, una al lado de la otra.

Ampliamente extrañada de esta situación, tan absurda como improbable, es decir, las piernas humanas no están hechas de jamón fue entonces que con un movimiento brusco destapó sus piernas y… El horror… sus pupilas puntiformes fueron testigos mudos de lo imposible y así llegamos al inconveniente número 5.

5

Sus piernas no solo se sentían ajenas y hechas de jamón cocido, sino que definitivamente parecían hechas de plastilina; Cientos de preguntas colisionaron en su cabeza, ninguna asomaba respuesta, no tenía los medios para comprender lo que estaba pasando. Cobijada por este caos interior levantó la vista y miró a su alrededor, casi cómo buscando un benévolo colaborador que la auxiliara, pero estaba completamente sola.

La pared frente a la cama dejó de parpadear en colores y se detuvo en un rojo rutilante mientras el derretido reloj dejó de escurrir, aun así, lo miró fijo por unos instantes tratando de comprenderlo ¿Qué hora era? ¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que había mirado ese reloj? pero no podía, las agujas giraban locas. Otra vez se sentía cobijada por un pánico intenso que se retorcía en su interior, cómo atrapado, como luchando por salir, podía sentir la rabia recorrer su cuerpo, pero no podía moverse. Una vez más, cerró fuerte los ojos, respiró algunas veces buscando una calma que jamás había conocido y aunque solo, le funcionó en parte ya no había tiempo que perder.

Ignoro el fulgor escarlata de la pared, miro sus piernas, continuaba experimentando una nebulosa y suprema confusión, pero no importaba; su vejiga estaba a punto de explotar. Toco sus piernas descubiertas con las manos algo sudorosas y aun así no podía comprenderlo, se encontraba experimentando la certeza de que sus piernas ahora eran de plastilina, esa textura entre cerosa y húmeda que se adhiere a las huellas digitales, pasaba la yema de los dedos por sus piernas, observando cómo sus uñas largas quedaban marcadas sobre la masa ¿Y ahora? ¿Cómo te levantas de la cama si tus piernas son de plastilina? Era la pregunta más absurda que se había hecho y se sentía como la pura verdad.

Finalmente, su cuerpo decidió reaccionar y dejarla tomar acción; Agarró una de sus piernas con mucho cuidado, deslizando ambas manos por debajo del muslo y así mover su pierna para dejarla colgar de la cama y bajarse, la movió como si tuviera la liviandad del papel. Primero una y luego la otra, ambas piernas quedaron colgando de la cama, en este punto me encantaría poder decir que nuestra paciente con total normalidad se bajó de la cama, fue al baño y regresó para una siesta con Morfeo pero este viaje estaba a años luz de terminar.

6

Ahora se encontraba sentada en el borde de la cama con las piernas colgando. Frente a ella sobre el sillón se encontraba la bolsa con sus efectos personales, pensó en buscar su celular aunque no sabría bien para que, tal vez ni siquiera estaba en esa bolsa y siendo sincera, no podía importarle menos, tenía casi toda la certeza de que no había ningún mensaje esperando ser leído ni ninguna llamada esperando ser devuelta, sin importar cuánto tiempo había pasado desde aquella madrugada en la que llegó al hospital. Aun así, casi por inercia, estiró el brazo derecho e intentó alcanzar la bolsa y aunque le pareció estirarse un poco más de lo normal no logró alcanzarlo. Fue entonces cuando noto la intravenosa clavada a mitad de su brazo, un largo tubo transparente introducía un fluido incoloro en sus venas, siguió la vía con los dedos de la otra mano, la misma se dividía en dos, el fluido dentro del tubo se sentía frío, uno provenía de una bolsa de suero algo amarillento, probablemente el causante de su inconveniente y el otro provenía de un aparato junto a su cama, algo rectangular con bordes redondeados que se le antojó muy pesado, cada lado tenía el ancho de una mano, tal vez un poco más, jamas habia visto tal aparato. Se acercó, lo examinó de cerca, muuuy de cerca con genuina curiosidad, se encontraba sujeto al portasuero, lo tomó con ambas manos y lo giró lentamente para mirar la parte de atrás donde estaban las instrucciones… que ingenua había sido al creer que podría leerlas, su vista no lograba enfocar ni una letra ni un símbolo, nada. Respiro hondo.

Volvió a mirar la pared, ya no era roja, se veía pálida y distante, el reloj era una mancha gris borrosa, nuevamente observo sus piernas, todavía eran de plastilina, era de no creer; Se asomo un poco y miró sus pies, se veían bastante normales, aunque no los sentía, pero fue una mala idea ni bien se asomó a mirar sus pies el piso bajo la cama se alejó de ella, lo que parecía la distancia de varios pisos, estiró la mano tratando de alcanzarlo inútilmente…. Se alejaba a toda velocidad de sus pies, cómo podría bajar de la cama si se encontraba a varios pisos de altura, era totalmente imposible, ahora si, el miedo se apoderó de su cuerpo, su corazón latía como estampida, quiso gritar y no pudo, quiso llorar pero era como si toda el agua de su cuerpo se encontrara contenida en su vegina. Sentía el vértigo en la boca del estómago o tal vez eran náuseas. Su cuerpo se aflojaba, los ojos se le cerraban y le daban escalofríos, era como estar sentada en el borde de la punta de un edificio con el viento en la cara, casi podía ver el paisaje de edificios desplegados como una alfombra bajo un cielo pintado del celeste más intenso y puro.

Simplemente bajarse se sentía como una estupidez, en verdad estaba convencida de que sus piernas eran de plastilina y no aguantarían el peso de su cuerpo, sentía que se movía en cámara lenta, era evidente que estaba increíblemente drogada, la única pregunta recurrente que parecía tener sentido era… ¿Qué le habían dado?

Cerró los ojos, en sus oídos ni el ruido blanco caló, respiro hondo concentrándose en su respiración, expandió el pecho y exhalo el aire por la boca con lentitud, se preparó para abrir los ojos con la mente en blanco, al abrirlos estaba de vuelta en la habitación, aunque lamentablemente no mucho había cambiado, la pared seguía pálida y distante con su mancha gris borrosa, así que tomó coraje y miró hacia abajo una vez más, el suelo permanencia distante algunos metros más abajo y aunque era un alivio verlo más ¨cerca¨ esos metros seguían siendo una distancia considerable y aún peor no podía sacar de su cabeza la secuencia grotesca de ella saltando para bajar de la cama y aterrizando sobre sus tiras beige de plastilina, las cuales quedarían irremediablemente aplastadas contra el piso. No.

Su mente se dispersaba constantemente, hasta lo más trivial parecía un estímulo, pero ella estaba decidida, cumpliría con su misión, observó la pared blanca frente a ella, se concentró en la blanca pared y comenzó a repetirse entre susurros,

EL SUELO ESTÁ CERCA DE MI,

MIS PIERNAS NO SON DE PLASTILINA, NO SE VAN A APLASTAR.

EL SUELO ESTÁ CERCA DE MI,

MIS PIERNAS NO SON DE PLASTILINA, NO SE VAN A APLASTAR.

EL SUELO ESTÁ CERCA DE MI,

MIS PIERNAS NO SON DE PLASTILINA, NO SE VAN A APLASTAR.

Esto no fue tan útil como le hubiera gustado, pero sabía que sus palabras eran ciertas, era momento de dar un salto de fe al infinito. Respiro hondo, tomó coraje y sin pensarlo, ¡SAZ! ¡¡¡¡SALTO!!!!… Para su gran alivio, tocó tierra firme y sus piernas, aunque flojas ya no eran de plastilina, feliz se enderezó casi orgullosa, la cabeza le dio algunas vueltas, las náuseas volvieron, se ayudó del borde de la cama para avanzar en dirección al baño, pero no era tan fácil, solo unos pasos después un jalonazo, seguido de un ardor a mitad de su brazo la obligó a retroceder. El aparato agarrado del porta suero estaba enchufado a la pared, ay.. la frustración de la derrota.

Envalentonada se dio vuelta y caminó hasta la pared, buscó el cable y tiró del enchufe, ¡VICTORIA! Ahora solo debía arrastrarla consigo hasta el baño y en la emoción del momento agarró el aparato con ambas manos, aunque debió sujetarlo del portasuero, sus manos sudorosas no lograron arrastrarlo en el primer intento, su mano derecha resbaló y la larga uña de su pulgar salió volando, miró su dedo que rápidamente soltó líneas color rojo oscuro calientes, una parte de ella comprendía el suceso, pero definitivamente no era la parte capaz de reaccionar.

Observó su pulgar por unos instantes con suprema atención, la mitad superior de su uña ya no estaba, buscaba el dolor de media uña faltante pero no lo encontró… no sentía nada y mientras la extrañeza se agudizaba, la sangre caliente y espesa que parecía humear llegaba hasta su codo y goteaba sobre la bata, la cama y el piso.

Sin duda no hay como un poco de sangre fresca para despertar la mente y vigorizar el espíritu. Aunque comprendía que estaba herida la ausencia de dolor, ausentaba el pánico y el sentido de urgencia seguía controlado por su vejiga.

Una vez más se concentró en completar la misión de llegar al baño ¿Qué más podía hacer con una vejiga llena y un dedo herido? Tomó la porta suero con la otra mano y recorrió los dos metros y algo que separaban la cama del baño y placer absoluto.

7

Llegó hasta la puerta, la luz estaba apagada, asomo la cabeza sin motivo alguno, estaba vacío y algo oscuro, encendió la luz, entró y se sentó en el inodoro, finalmente alcanzó el profundo y placentero alivio de vaciar su vejiga, solo faltaba la música ominosa de fondo, un canto de ángeles, algo por el estilo en honor a tan grandioso acontecimiento, eso si fue verdaderamente revitalizante. Miro hacia los lados y encontró el papel higiénico a su derecha para redescubrir su mano ensangrentada junto con el rastro de sangre que había dejado en el suelo y el interruptor, experimento un poco de vergüenza por el desastre que había hecho, tomó algo de papel higiénico para envolver su dedo, se limpió y se levantó algo mareada, chocando con su reflejo en el amplio espejo del baño que iba de lado a lado de la pared del vanitory. Tenía el pelo ondulado y enmarañado, los ojos hinchados de llorar y el maquillaje corrido, los ojos grandes, abiertos como platos y las pupilas diminutas resaltaban el tono avellano veteado de su iris. Junto a la pileta encontró un kit con jabón, cepillo de dientes descartable, una pasta dental verde de un solo uso y un pequeño peine. Sacó el papel de su dedo y se lavó las manos, ya casi no sangraba, se lavó la cara e intentó peinarse con las manos mojadas, ya que ese pequeño peine no era rival para el revoltijo que tenía en la cabeza, era inútil, no importaba.

Las alucinaciones afortunadamente se habían detenido, aunque continuaba sin poder sentir nada, eso era demasiado extraño para ella. Se dio la vuelta para ver como las manchas rojas resaltan en el piso claro color crema, se arrodilló junto a las gotas y noto como la vía de su brazo estaba roja hasta la mitad, la miró sin reaccionar, no sentía nada, de todas formas no sabría qué hacer. Sentada en el piso tomó el rollo de papel higiénico y limpio las manchas lo mejor que pudo, se incorporó muy despacio, limpio el interruptor aunque lamentablemente no utilizaría la palabra limpio para el resultado que obtuvo, pero supuso que era el mejor trabajo que podía hacer dadas las circunstancias, tiro el rollo de papel salpicado de rojo al inodoro y presiono el botón, se sorprendió al ver el agua girando tan rápido y desapareciendo por la cañería.

8

Salió del baño casi tan confundida como había ingresado, la única diferencia era una sensación de alivio supremo. En el camino de vuelta observo la pared frente a la cama de la cual colgaba el reloj, se veía ¨normal¨, el reloj señalaba la 1 y veinte, para ser honestos de nada le sirvió esa información ya que no recordaba qué hora marcaba cuando despertó, su vista saltó a la pared junto con una pregunta ¿Olera a cuero la pared? La inundó la curiosidad imperiosa y arrastrando el portasuero rápidamente llegó a la pared, la observó muuy de cerca y con cuidado, la tentación era ineludible, la acarició con la mano herida pero para su decepción parecía cuero, pero ni se sentía como cuero ni olía como tal. Decidió regresar a la cama, tenía frío.

9

Volvió a conectar el aparato en la pared, la pantalla parpadeo con una luz azul, la luz se apagó y los números se quedaron ahí. En la mesa de noche encontró su uña, la agarro, la miró con la mente en blanco y la dejó donde la había encontrado, lentamente se sentó en la cama sin poder hilar un pensamiento completo o coherente y mientras esto ocurría, una enfermera corpulenta irrumpió en la habitación e inmediatamente noto las manchas de sangre por todas partes, hasta huellas había dejado sin darse cuenta. La paciente se sintió avergonzada nuevamente y aguardó inmovil, algo encorvada, observándola fijamente con los ojos muy abiertos, casi como si intentara comunicarse sin hablar, como gato asustado. La enfermera con extrañeza y algo de mal humor al tiempo que seguía con la vista el rastro de sangre, ingresó al baño, prendió la luz y salió, se acercó a la mujer preguntando con calma y algo de prisa, en un tono firme que se escuchó en cámara lenta haciendo eco en la habitación ¿Que había pasado? Pero desafortunadamente la mujer continuaba sin ser capaz de articular palabra, solo pudo levantar el brazo para mostrarle su uña cercenada, la enfermera frunció el ceño y salió en cámara rápida de la habitación, la paciente aún algo asustada permaneció inmovil sentada en la cama con el pulgar levantado. En su ausencia una pequeña mujer con atuendo de limpieza entró en la habitación para limpiar las manchas de sangre, pero como fantasma mudo, sin hacer un solo ruido desapareció, sino fuera por el piso limpio hubiera creído que vio un fantasma.

10

La corpulenta enfermera regresó con cara de póker y una bandeja plateada, rectangular de bordes redondos y altos, probablemente de acero inoxidable cargada con elementos de botiquín; Algo de gasa, cinta, agua oxigenada y unas tijeras de enfermería. Le ordenó meterse en la cama con un tono calmado y hasta la ayudó a taparse, una vez hecho esto, tomó las tijeras, las abrió y con parte del mango empujo la sangre dentro de la vía de vuelta al brazo de la paciente, quien se sorprendió ante la sensación de ardor sin previo aviso, el líquido frío le provocó escalofríos, hasta piel de gallina, sintió erizados los pelos de la nuca; la auxiliar de medicina prosiguió a curar su dedo ante los fascinados ojos de la paciente, este vendaje se veía hermoso, perfecto, parecía apretado pero continuaba sin poder sentir nada, la auxiliar preguntó ¿Estás bien?, quiso responder al menos, darle las gracias pero articular palabra era una frontera inalcanzable. La mujer no espero respuesta, toco algunos botones en el aparato enganchado en el portasuero y la vista de la paciente comenzó a nublarse, sintio ese frio espectral otra vez y luego calor, el sopor la abrazó y ella se dejó llevar, observó la figura borrosa de la sanitaria saliendo de la habitación al tiempo que le decía, - Vuelvo más tarde con el doctor! Sin poder moverse o siquiera ser capaz de abrir los ojos se acurruco en la cama y regresó a su sueño con Morfeo.

Fin

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