El horrible y nunca ansiado momento de una ruptura romántica inesperada. Entregar tu corazón, tiempo y cuerpo sale mal, tus esperanzas y sueños se desvanecen en un instante después de escuchar o leer un par de palabras, y el futuro que creías estar construyendo con la otra persona se derrumba para nunca volver a erguirse.
300 Cartas nos arroja de cabeza a ese momento en la vida de Jero (Cristian Mariani), sin mucho más contexto que el hecho de que ese día es su primer aniversario con su novio, Tom (Gastón Frías). En vez de un regalo, su novio le dejó una carta, a través de la cual corta con Jero, y una caja con otras 299 cartas que escribió a lo largo de su relación a modo de explicación. Es así como la película, que empieza por el final de la relación de la pareja, nos guía por un camino de retrospectiva narrado por ambas partes. La voz de Tom está congelada en el pasado, escribiendo las cartas a medida que ve a Jero una y otra vez, expresando sin filtro alguno lo que él pensaba de Jero en esos momentos. A Jero, en el presente, se le alteran todos los recuerdos que tenía de su relación; la perspectiva y la experiencia de Tom, tan vastamente diferentes a las suyas, dan vuelta todo para Jero y le hacen ver cuál era la realidad de su relación.
La película, dirigida por Lucas Santa Ana (Yo, adolescente) es una suerte de anti-comedia romántica. A través de los relatos de Tom, vemos como su relación con Jero progresa de meros encuentros sexuales hacia algo más serio, con momentos compartidos que se alejan de eso y se acercan más a citas románticas. Pero Tom (y, por ende, la película) desafía nuestras expectativas de una situación así, más que nada porque ya sabemos cómo termina esta historia de amor.Es esa ruptura la que también plantea un dilema para Jero: ¿Leer todas las cartas o no? Por un lado, leerlas lo hiere, al encontrarse con la verdadera opinión de Tom sobre él, y prolonga y dificulta su proceso de duelo por su relación. Al mismo tiempo, siempre está la esperanza de que, continuando la lectura, encuentre las respuestas a todas sus dudas y termine de entender por qué Tom lo dejó.
Sin embargo, en la vida raramente llegamos a entender por completo el por qué de las acciones de los demás, y esa parece ser la reflexión que propone 300 Cartas sobre los vínculos socioafectivos. Podemos esperar lógica del mundo, un momento donde encontramos una explicación clara y todo tiene sentido. Un momento en el que, después de tanto cavar, al fin llegamos a la racionalidad y podemos arreglar lo roto o aprender a evitarlo en el futuro, para que la próxima vez las cosas salgan como nosotros queremos. Pero muchas veces nunca llega ese momento y tenemos que seguir como podamos con la información que tenemos.
El guión de la película hace un buen trabajo de situarnos tanto en el lugar de Jero como en el de Tom y hacernos empatizar con ambos dentro del contexto de su ruptura, aunque obviamente favorece a Jero, al ser él el protagonista. Sentimos el deseo de Jero por llegar a la razón por la que Tom lo dejó y, como él, no podemos esperar a que lea la siguiente carta, para ver si ahí hay alguna revelación importante. Por otro lado, las palabras de Tom lo delatan, una y otra vez, como el villano de la historia, pero lo entendemos hasta cierto punto; vemos sus pasión por la poesía, pero también llegamos a sentir lástima por él por sus problemas con los vínculos románticos.
Más que nada, 300 Cartas es una película sobre los vínculos amorosos hoy en día. La tecnología está muy presente en la relación de Jero y Tom: se conocen por Grindr, documentan su relación en un instagram conjunto, Jero gana plata minando criptomonedas y, obviamente, trata de contactar a Tom a través de WhatsApp repetidas veces después de la ruptura. Pero también Tom es como un síntoma de esta época en donde prolifera el aislamiento, el individualismo y, sobre todo, la falta de responsabilidad afectiva. Al fin y al cabo, es una persona que piensa que desaparecer de un día a otro y dejar a Jero a través de una caja de cartas suyas en su aniversario es una mejor idea que dar la cara y decirle que se quiere separar de él.
300 Cartas se puede ver todos los miércoles de marzo y abril a las 20:30 en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.



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