Pinocho: diferencia, infancia y exclusión Spoilers

La nueva adaptación cinematográfica de “Las Aventura de Pinocho”, el clásico cuento del escritor italiano Carlo Collodi, llega a los cines el próximo 19 de marzo. Dirigida por el actor y realizador ruso Igor Voloshin, la propuesta ofrece una reinterpretación del famoso personaje de madera que sueña con convertirse en un niño de verdad, aunque esta vez bien alejada de la inocencia a la que otras versiones nos tiene acostumbrados. Esta historia no abandona su estructura de fábula moral sobre el crecimiento y el aprendizaje pero la excede para convertirse en una reflexión honesta y a veces incómoda sobre las condiciones reales en la que viven muchas infancias.

Poster oficial de Pinocho

Uno de los aspectos más interesantes de la propuesta es la manera en que trabaja la diferencia y la exclusión. Pinocho, al ser un niño de madera, no es visto simplemente como raro o singular: su sola presencia despierta fascinación, pero también incomodidad y rechazo. Ser distinto, en ese universo como en el nuestro tiene un costo y ese costo se vuelve visible en los espacios que, en teoría, deberían ser los primeros en ofrecer integración.

La escuela, por ejemplo, no aparece como un lugar de bienvenida sino como un escenario de exclusión, dónde la apariencia de Pinocho lo convierte en blanco de burlas y maltrato. Los otros niños, lejos de integrarlo, lo desplaza hacia los márgenes. Y la institución, incapaz de contener aquello que se aleja de lo “normal”, termina reflejando, en menor medida, las dificultades de una sociedad que todavía no sabe bien cómo convivir con la diferencia, incluso cuando es parte de la vida misma.

A partir de esa exclusión surge una pregunta más amplia y difícil de responder: ¿Hasta dónde es posible proteger a las infancias del mundo real? En el intento de cuidarlos, los adultos suelen armar a su alrededor una suerte de burbuja, un espacio donde las cosas tienen sentido y los peligros parecen lejanos. Sin embargo, ese mundo seguro pocas veces coincide con la realidad, que con frecuencia es injusta, impredecible y hostil.

La película no escapa a esa tensión; por el contrario, la sostiene, la deja respirar, y la convierte en uno de sus ejes más importantes. Porque la historia no habla solamente de Pinocho, sino también de su padre Geppetto y de todos los adultos que en algún momento intentaron cuidar a alguien sin saber muy bien cómo hacerlo ya que la crianza aparece como un aprendizaje y muchas veces bastante desorientados. Nadie nace sabiendo ser padre o madre, de la misma forma que nadie aprende de un día para el otro a ser hijo o hija. Ambos roles se van construyendo en el camino, entre errores, las cosas buenas y malas, sumado a la experiencia que se transmite de generación en generación.

Geppetto, padre de Pinocho

En ese recorrido también aparecen situaciones que remiten directamente a la explotación infantil y laboral, lo que amplía el sentido tradicional del cuento. El mundo adulto, lejos de funcionar siempre como un espacio de contención, aparece con frecuencia atravesado por intereses, desigualdades y abusos de poder donde los más vulnerables terminan quedando expuestos. En ese contexto, Pinocho acaba trabajando con el director de teatro Karabas Barabas, quien lo ve ante como una curiosidad rentable, una rareza capaz de juntar público y generar plata. Y acá la historia señala algo que es importante: muchas veces la sociedad no rechaza la diferencia, sino que la tolera cuando puede convertirla en algo útil o en espectáculo. Pinocho es observado, celebrado e incluso aplaudido, pero rara vez es comprendido. Su singularidad se vuelve visible, aunque eso no implique ser reconocido como un igual.

Dentro de ese mundo teatral también aparecen otros jóvenes que atraviesan distintas situaciones de maltrato. Aunque Pinocho no siempre termina de entender las dinámicas de abuso que afectan a sus compañeros, si percibe la injusticia que viven, y en ese momento intenta defenderlos y plantarle cara a quien ejerce sobre ellos. Esa reacción nos revela algo esencial del personaje: incluso desde su ingenuidad, mantiene una sensibilidad frente a la injusticia. Aunque, paradójicamente, ese mismo desconocimiento del mundo es lo que lo expone a situaciones cada vez más peligrosas.

En ese sentido, se va acercando a espacios vinculados con la delincuencia, donde vuelve a caer en dinámicas de manipulación por parte de quienes buscan sacar provecho de su inocencia. Porque muchos de esos chicos no terminan en esos lugares por decisión propia, sino porque fueron empujados hacia ellos. Cuando los espacios que deberían contener -la escuela, los adultos responsables, incluso ciertos entornos de trabajo- fallan en esa tarea, el límite entre la inocencia y el peligro se vuelve una línea cada vez más delgada.

A pesar de todo, las acciones de Pinocho están movidas por un deseo afectivo. En el fondo, lo que busca es recuperar el amor de su padre y demostrarle que es digno de él. Por eso, su mayor anhelo -convertirse en un niño de verdad- no surge únicamente de una aspiración personal, sino de una convicción dolorosa: Pinocho cree que su padre merece tener un hijo “real”, y que transformarse sería la única manera de devolverle todo lo que hizo por él. Ese deseo deja ver una inseguridad más profunda porque Pinocho empieza a creer que, para ser querido y aceptado, necesita dejar de ser lo que es. Lo que no logra ver es que, para Geppetto eso nunca importó. Lo único que su padre quiere, genuinamente, es que viva una vida feliz.

Pinocho, el niño de madera

Aquí aparece una de las ideas centrales de la historia: la dificultad de la comunicación entre padres e hijos. Ambos actúan movidos por el amor y el deseo de cuidar al otro, pero ninguno logra expresar con claridad lo que siente. Esa distancia, construida sobre buenos sentimientos mal comunicados, alimenta los malentendidos y profundiza las inseguridades del protagonista.

De esta manera, la película no se limita a retomar el relato clásico, sino que lo transforma en algo más amplio y más urgente: una reflexión sobre la diferencia, la aceptación y la necesidad de sentirse querido. Más que contar el deseo de un muñeco de madera que quiere convertirse en un niño de carne y hueso, termina preguntando qué significa realmente ser humano, y hasta qué punto la mirada de los otros moldea la forma en que cada uno se percibe a sí mismo.

"Pinocho" es una versión distinta, más incómoda y más cercana a ciertos aspectos de la realidad que otras adaptaciones suelen evitar. Vale la pena verla, sobre todo por las preguntas que deja abiertas más que por las respuestas que da.

A continuación, les dejo el tráiler oficial:


FICHA TÉCNICA

  • Título original: "Buratino" / “Pinocchio”
  • Título en español: “Pinocho”
  • Director: Igor Voloshin
  • Género: Fantasía / Aventura familiar
  • Basada en: "Las aventuras de Pinocho" (Le avventure di Pinocchio), de Carlo Collodi
  • Estreno: 19 de marzo

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