Mas desamor que amor en la Universidad 

Yo iba en la Universidad en la ciudad de México, mi amada UAM Iztapalapa mis profesores de la Universidad, los cuales me enseñaron a cuestionar la realidad y a pensar, me ocurrió más en esos años cuando tienes las hormonas a tope, pero lo mío fue diferente, muy diferente.

Vi a Mina y la primera atracción de admiración fue casi natural en un veinteañero soltero: un par de piernas que parecían columnas griegas, facciones definitivamente preciosas, un cuerpazo escultural me convencí de que era obvio lo siguiente: Fidias había hecho un viaje en el tiempo y el espacio para inspirarse en Mina para sus esculturas femeninas, por si fuera poco, un par de ojazos y coronada por una cabellera rubia. Si Mina llega a leer esto sin duda que se va a reír mucho.

¡Que les cuento!, Las órbitas de mis ojos se me pegaban contra los cristales de mis lentes de admiración al verla pasar.

Me puse a hacer poemas como loco (sin duda muy malos) uno de mis cuates leyó un poema y se rio a carcajadas, me dijo que Mina “no era para mi” (algo así).

Pero venía lo mejor, no recuerdo bien si Mina estaba algo mas adelantada que yo, el caso es que fui a una presentación suya sobre Bioquímica, no recuerdo bien el tema en específico, y honestamente la chava ¡un genio!, que Bo Derek en la La Chica 10 La Mujer Perfecta o Brigitte Bardot en Y Dios Creo a la mujer. Para nada, ellas era un par de perdedoras, una chava no solamente guapa sino además muy inteligente: Mina. Y encima de eso ¡en mi carrera y la misma Universidad!, me dije a mi mismo que la suerte me sonreía, eso era indudable.

Me acuerdo esa noche estuve planeando que decirle. Soñaba despierto con que nuestros hijos serían de un café con leche extraordinario y encima de ello inteligentes.

Le comenté mis planes a otro amigo y su respuesta fue una mueca sonriente al mismo tiempo que decía “No estás a su nivel”. En definitiva, el misterio que rodeaba a Mina la hacían más deseable, como una fruta prohibida.

Tenía que perfeccionar lo que le pensaba decir, hice al menos 5 ensayos diferentes con mis ideas para expresarle a Mina lo que sentía por ella, pero siempre estaban los recuerdos de esas frases lapidarias: “No es para ti”, “No estás a su nivel”.

Le mostré mis “ideas” a una amiga bastante franca, la cual vendía perfumes y lociones en la Universidad en la clandestinidad, razón por la cual conocía a bastante gente del campus, la conversación fue más o menos así:

  • ¡Estás pendejo! ¿No sabes?
  • ¿No saber qué?
  • ¡Mina es judía wey!, ¿no te has fijado en su apellido?
  • ¡Me vale madres, no se su apellido! Me importa que es guapa y lista.
  • Si, a ti te vale madres, pero a ella y a sus papás no.
  • ¿Y porque no?
  • Pues porque los judíos solo se casan con judíos y tú no eres judío, no naciste judío.

Si hubiera una similitud con una pelea de box, se podría decir que sus palabras fueron un recto de derecha a la mandíbula, seguido de un gancho al hígado, caí directo a la lona con cuenta de protección incluida. Como en esa serie Salvado por la campana, me salvó la campana.

Desde entonces vi a Mina como en la antigüedad los atenienses veían a la escultura que Fidias hizo de la diosa de la guerra y la sabiduría Atenea Pártenos o sea admirándola, pero de lejitos a una distancia respetable, porque la realidad me había noqueado como pocas veces en mi vida.

Pero yo volvería meses después a intentarlo, con una chava de mi misma Universidad, la diferencia fundamental es que ella estudiaba Ingeniería, ¿Por qué reincidí? Pues porque a esa edad uno es reincidente en ese tema.

Bueno a todo esto ¿Cuál era el nombre de la chava? Diana Selene ¿Cómo la conocí? Pues por medio de la misma amiga que me hizo saber que Mina era inalcanzable. Yo creo que le dio algo de remordimiento, el caso es que mi amiga un día en que salía de la biblioteca se me acercó y comenzó su labor de celestina:

  • ¡No se me achicopale hombre!, hay mas mujeres.
  • Pero Mina es la más guapa y además la más inteligente.
  • Yo sé que lo tuyo son las güeras, ¿ya viste esa chava sentada allá? ¡tiene lo suyo la güerita!, ándale hazle la plática me dicen que ella se llama Diana Selene, que estudia una ingeniería, pero no se cual.

Por aquellos ayeres mi debilidad (al igual que la de Alfred Hitchcock) eran las rubias, Mina es rubia y Diana Selene también, como un jugador compulsivo me volví a aventar a la ruleta, solo a hablarle, sin un plan preestablecido, me medio arreglé el pelo (que lo traía despeinado como siempre), sacudí el polvo de mis ya desgastados jeans y pensé “lo peor que puede pasar es que me mente la madre”, mientras me acercaba a Diana Selene rezaba porque no se fuera a levantar y al mismo tiempo revisaba el interior de mis bolsillos para asegurarme de que me iba a alcanzar el dinero para invitarle algo (ojalá y no pidiese algo muy caro).

No sé de dónde saqué valor para preguntarle si podía invitarle un café o si quería un refresco, el caso es que le dije ¡y aceptó!, bueno objetivamente Diana Selene estaba muy lejos de Mina en cuanto a belleza se refiere.

Diana Selene era delgadita, bajita, la principal diferencia y eso a favor de Diana Selene es que ella era muy risueña y se le podía hacer la plática fácilmente, ambas son rubias y los ojos de Diana Selene son azules, ambas tenían facciones delicadas en eso había un empate técnico, pero ignoré (y todavía ignoro) quien es más brillante, objetivamente pienso que Mina gana fácil en ese aspecto a Diana Selene.

Después de mi amarga experiencia con Mina suponía que las mujeres que me agradasen iban a ser judías, mientras conversábamos, café de por medio de alguna manera logré averiguar que a Diana Selene le gustaba el cine, que no era judía, que su papá le puso así por la luna (Selene), que le gustaría ir a ver al grupo Chicago en concierto en el Auditorio Nacional, porque pronto se iban a presentar ahí. En ese breve diálogo ya había logrado averiguar alguna información sobre Diana Selene.

Bueno al menos había algo que también me gustaba a mi y también a ella: el cine, aunque por aquellos ayeres, mis conocimientos de cine estaban oxidados, los gloriosos años en que iba a la Cineteca Nacional ya habían pasado y por motivos obvios (falta de presupuesto y tiempo) el ir al cine se había convertido en un acontecimiento extraordinario más que en una afición muy querida como antes, pero al menos teníamos algo en común: el gusto por el cine.

Todavía me sorprendo de donde saqué el valor para invitarla a la función de estreno de RoboCop en el cine Lido también conocido como Bella Época, recuerdo que cuando le comenté a uno de mis tíos que había invitado a salir al cine a una chava me dijo ¡ese es mi gallo, ese día será tu día! Y sin decirme mas, me alargó un billete, por un lado, que bueno que yo haya conseguido dinero tan fácilmente y por el otro mi tío me comprometió y lo peor, no sabía bien a que, y esto debido a mi casi nula experiencia al respecto (invitar a mujeres al cine). La película ¡no le gustó!, la razón era que a ella le gustaban las películas románticas o cómicas y RoboCop le pareció muy sanguinaria.

Bueno, me quedaba una última bala en el cartucho y esa era el grupo Chicago que según me dijo ella le gustaría verlos en su gira en el concierto que darían en el Auditorio Nacional, primero averiguar la fecha en la cual se presentaría Chicago y luego averiguar el costo de los boletos para ver si podía hacer ahorros y comprarlos. Para colmo por aquellos ayeres mis conocimientos sobre el grupo Chicago eran los mismos que sobre la mecánica cuántica: poco o nada.

Logré averiguar el costo de los boletos y la fecha de la presentación de Chicago en el Auditorio Nacional, hice cuentas y si podía ahorrar para un par de boletos y algo que comprar para Diana Selene en el Auditorio Nacional, afortunadamente me salieron favorables las cuentas, le dije a Diana Selene que la invitaba al concierto de Chicago todavía me acuerdo de esa risa de ilusión me contestó:

  • ¿De veras? ¿en vivo? ¡Chicago en vivo!, claro que sí, le voy a decir a mis papás que me dejen ir.

Bueno yo ya no tenía que pedirle permiso a nadie (los papás), adquirí los boletos y allá vamos, por estos caminos de Dios, yo no solo estaba nervioso por llevar a Diana Selene, sino porque iba a ser el primer concierto al que fuese de una banda de rock en mi vida (y lo sigue siendo), los que hayan vivido en México por aquellos ayeres, saben que para un estudia-hambre de una Universidad Pública “el horno no estaba para bollos”.

Todo iba muy bien, canciones como 25 or 6 to 4, Questions 67 & 68, Alive Again, Saturday in the Park me gustaron mucho, el ambiente era muy bueno, el concierto cerró con Love me tomorrow y en ese momento Diana Selene me abrazó, ¡si me abrazó cariñosamente!, pero la carroza se convertiría en calabaza cuando dijo: “Ojalá el Popeye estuviera aquí”, bien estoico pasé a dejarla al departamento donde vivía. Planeaba al día siguiente preguntarle a mi amiga celestina quien era el Popeye, pero se me adelantó Diana Selene al día siguiente.

Apenas llegar a la Universidad se me acercó Diana Selene junto con un chavo como una cabeza mas alto que yo y muy fuerte.

Me dijo:

  • Mira te presento a mi novio El Popeye ¿Cuánto llevamos 2 o 3 años? Desde la prepa.

El Popeye le dio un beso a Diana Selene y me dijo:

  • Oye gracias por llevar a mi Dianita al concierto de Chicago, mi chavita se había encaprichado, pero yo tenía examen.

Haciendo una similitud con el box de nuevo:

Salí al segundo round, después de que me salvara la campana en el primer round y en el segundo round cierro la guardia, entonces mi rival me finta con un gancho al hígado, bajo la guardia para proteger el costado del impacto, pero como un relámpago mi rival me lanza una combinación de recto a la cara, después un jab a la cara y finaliza con un volado, tres impactos en la cara en menos de 4 segundos. ¿Resultado? Caigo inconsciente a la lona, me intento levantar abrazando una cuerda del ring, comienza la cuenta de protección, al llegar a diez el referee decreta: victoria del rival por nocaut.

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