En 'La posesión de la Momia, Lee Cronin vuelve a demostrar que su interés va más allá de homenajear al terror de antaño, sino en transformarlo hasta el límite de la incomodidad. Con una premisa que mezcla el horror sobrenatural, la cinta arranca como un drama familiar hasta volverse algo sofocante donde lo demoníaco irrumpe en la narrativa.

Todo comienza con la desaparición de la pequeña Katie en el desierto egipcio. Ocho años después, la familia se ve sacudida por su reaparición aunque algo más oscuro volvió con ella. Aquí no hay templos ni arqueólogos heroicos; el verdadero terror sucede entre las paredes del hogar familiar, donde el anhelado reencuentro se vuelve una amenaza incontenible.
Si algo define a la película, es su apuesta sin censura por el gore extremo. Cronin lleva la violencia física a un lugar incómodo. La cámara no esquiva, insiste en mostrar cada detalle de lo nauseabundo.

El resultado es un terror que no solo asusta, sino que también genera rechazo y fascinación.
Aunque el título remite a la leyenda clásica, la película se aleja totalmente de ese parámetro. No hay una criatura momificada al estilo aventurero; lo que hay es una presencia que posee, que corrompe desde el interior. En ese sentido, el film se acerca más a relatos de posesiones demoniacas.
El paralelismo con ‘Evil Dead Rise’ es inevitable. Cronin repite la fórmula que hizo tan llamativa a su última entrga y acentúa varias de sus manías: la desestabilización de la familia como eje central y el uso del gore como complemento de la historia.

Mientras ‘Evil Dead Rise’ apostaba por un ritmo más frenético, ‘La Posesión de la Momia’ se inclina por un terror más psicológico, donde la incomodidad crece de a medida que el suspenso va en aumento.
‘La Posesión de la Momia’ es una película que no busca agradar. Es cruda, violenta y, por momentos, difícil de mirar, pero también es una muestra clara de la firma de Lee Cronin.



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