Hay algo de atractivo y aterrador a la vez en el contar historias. Atractivo porque, como se ha dicho innumerables veces, el arte sirve para que lo otro funcione. Pero aterrador porque nos expone, nos deja en el centro de la escena. Y estar en el centro de la escena es arriesgarse a ser juzgados por los demás. Pero también, nos obliga a buscar el máximo detalle para dejar clara nuestra perspectiva.
Esto, es aplicable a cualquier formato artístico, y aunque parece que no tiene mucho que ver, la película de la que voy a hablar se trata de eso: de contar historias. Historias que pertenecen a algunos personajes, pero que también son de todo el pueblo, y que a través de la figura del locutor de radio toman otras aristas, casi como un collage. Y no es casualidad.
Justamente, La frecuencia Kirliam (2025), es un collage cinematográfico. Una película antológica, dirigida por Cristian Ponce, que expande el universo creado en la mini serie del mismo nombre.
Es preciso iniciar remarcando que la propuesta de la película es híbrida, esto quiere decir que tiene una parte de live action y otra de animación 2D. Lo cual es un recurso muy acertado, ya que nos presentan el espacio principal (la cabina de la radio), y a los personajes principales (locutor e invitados) en live action, para pasar luego al desarrollo de cada una de las historias, en animación.
Ciertamente, el hecho de desarrollar los relatos de los entrevistados en otro formato, les da la libertad de poder mostrar cosas que serían imposibles de plasmar con personas reales (considerando también cuestiones de producción). Entonces, abre el abanico de voces, imágenes, colores y sonidos que se despliegan con maestría en cada una de las historias contadas. Desde la música, hasta pantalla dividida, aproximándose a una estética similar al cómic, el filme nos lleva por diferentes espacios del pueblo perdido de Kirliam, por diferentes personajes, criaturas y climas, para volver al estudio de radio y dar la revelación final en cada una de ellas.
Otro recurso que suma a la idea del collage, es el uso de subtítulos. Mientras el locutor y el invitado están al aire, todo se oye con claridad, pero cuando el programa va a una tanda publicitaria, los diálogos entre los personajes solo pueden leerse. Esto, además de sumar otro elemento al cóctel, también genera un gran misticismo ¿por qué no se oye? ¿Es secreto? ¿Es que nosotros somos la audiencia de “La frecuencia Kirliam”, y cuando no estamos escuchando, los personajes toman aún más protagonismo? Sea cual sea la respuesta, es innegable el efecto que genera: miedo, misterio, distancia.
Retomando el concepto de misterio, es preciso remarcar que el director insiste con las tramas de política, comunicación, control y conspiración. No por nada, el protagonista es un locutor de radio, y otros villanos, además de una amplia gama de criaturas, son figuras muy puntuales que no vamos a mencionar acá, pero que me entenderán cuando vean la película. Esto fue trabajado, quizá de una manera más explícita, en la película anterior de Ponce, Historia de lo oculto (2020). Es una decisión que hace que el filme tenga una variedad de personajes, muy bien usados, que encajan con los relatos narrados. Un acto de amor por la historia, todos los recursos están a su disposición. Entiendo que debería ser algo común, pero no lo es.
Es destacable también la cinematografía: he mencionado que la multiplicidad de recursos la hace dinámica y atractiva, pero tratamiento de la iluminación y el color, no solo la hacen bella a la vista, sino que (fundamentalmente), refuerzan los mensajes del relato. Un personaje que llora y se convierte en toda una silueta, otro que tiene calor y se vuelve completamente rojo a partir de una revista, personajes fantasmales que se contrastan con los vivos, luces verdes que toman control del plano para demostrar esperanza (muy breve), y muchos casos de este estilo.
Otro punto a mencionar, es la propuesta de película antológica (que no es la más original, pero tampoco la más usada) para narrar este relato. Pero tiene una salvedad, en cierto punto, todos los episodios confluyen para contar una especie de superobjetivo. Yo celebro que este tipo de películas se hagan en nuestro país, porque si bien, no es nada nuevo, lo cierto es que no abundan.
Para cerrar, es preciso retomar el punto del atractivo del contar historias: porque la película es un pague para ver. Todos los entrevistados, si viene n principio fueron invitados, terminan por necesitar algo del enigmático locutor, que para darles lo que buscan, precisa una narración, un racconto, una descripción de los hechos según otro punto de vista. Está claro que hasta se reivindica la idea de la “Historia de terror”, la escena del final es una demostración.
Al futuro espectador, decirle que tenga cuidado cuando tome las antiguas rutas provinciales, porque la verdad está allá afuera, en un pequeño pueblito perdido. Y que lo disfrute, porque el 30 de abril (estreno oficial) es la última noche, y todo final incluye un nuevo comienzo.


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