La escena más triste del cine: Benjamín dejando atrás a su familia 

Cuando retratamos a la soledad en nuestra mente y muchas veces en el cine así también lo vemos, la mayoría imaginamos una escena de un individuo donde no se encuentra nadie más que aquél. Sin embargo, la soledad no solo ve, también se puede sentir o entender y podemos encontrar esto muy marcado en el Curioso caso de Benjamín Button. Aquí, nos narran la vida de este intrigante personaje quién llega al mundo en una condición muy particular. Nace como una persona mayor (al menos en apariencia), su reloj gira al revés, pues él no envejece con el pasar de los años, sino lo contrario, rejuvenece.

Ahora bien, no es hasta casi el final de la película que en mi opinión encontramos el momento más solitario que vive nuestro protagonista y es cuando muy tristemente tiene que abandonar a su familia para tratar de darles algo que el nunca tuvo, una vida normal, al menos a su hija. Una vida en la que ella no creciera con confusiones, no se sintiera diferente y tuviera estabilidad. Pienso este momento es más solitario que cuando emprende su viaje con el capitán Mike en su barco y son atacados en la guerra, más que cuando vive un tiempo en Rusia o incluso en las dos ocasiones que Daisy lo rechaza, porque en ninguno de estos momentos había perdido algo verdaderamente importante para él.

Honestamente creo que toda esta película aborda el tema de la soledad. Empezando con la etapa del asilo, donde a pesar de que su apariencia lo ayuda a camuflarse, él sabe en el fondo que no encaja totalmente. Es viejo, pero no ha vivido…, no puede contar historias similares a las que escucha, ya que no ha experimentado los portentos, alegrías o tristezas de la vida en realidad y tiene una mentalidad de niño, pero no la energía o las fuerzas de uno, físicamente. Por lo que, le es difícil formar un vínculo cercano con cualquier persona, cuando parece que siempre estás en desface con ellas.

Y si bien, comparte momentos hermosos y memorables en muchos instantes de su vida, al escuchar a los ancianos contar infinidad de aventuras, aprender piano con la Sra. Maple, tener a una madre que lo cuida, etc.; a su término siempre despierta y se da cuenta que no hay nadie igual a él o que haya pasado por lo mismo de la misma manera que él lo hace, de cierta forma está solo en el mundo. Su gran conflicto no solo es físico, sino también existencial.

No es hasta que por fin puede estar un tiempo al lado de Daisy como pareja y viven su romance que empieza a sentir que pertenece a algún lugar de verdad, que es suyo y real, lo está viviendo y no es sólo una fantasía. Ambos finalmente se encuentran justo a la mitad, se eligen. La promesa de la conexión cósmica se cumple. Benjamín y Daisy están construyendo algo significativo.

Y cuando la noticia del embarazo de Daisy llega es absolutamente sorprendente e intimidante para nuestro héroe, sin embargo, igual lo hace tremendamente feliz imaginar formar una familia al lado del amor de su vida y él llegando a la cumbre de su existencia con la mejor apariencia posible. Pero, ese es justo el problema, él no se verá así por siempre. Nada es infinito y él mejor que nadie lo sabe. Pues sabe que no puede quedarse, no puede ser una verdadera figura paterna o esposo, no la que ellas necesitan, ¿cómo podría serlo viéndose como un adolescente en un par de años?

Desde que Caroline (la hija) ata los cabos explícitamente, pasando por Daisy y Benjamín viéndose seriamente sin despedirse, sin decir nada y todo a la vez y él sale en su motocicleta, hasta donde este último brinda algunas reflexiones finales sobre la vida para su hija son momentos que componen la parte más trágica y desoladora de la historia de Benjamín. Porque el único lugar en el que deseaba estar más que nada en todo el mundo era con su familia, ese era el lugar al que innegablemente pertenecía, en él que lo conocían y aceptaban.

Pero la vida, su condición, le arrebató esa oportunidad, mucho antes de que él tan siquiera lo supiera. Nadie te prepara para ser padre, pero mucho menos para tener que despedirte de tus hijos, de su hija en este caso. Ninguna maravilla allá afuera jamás sería comparable con poder estar ahí para ellas, criar a Caroline o envejecer junto a Daisy. Y sabía que no podía volver y cargar a su hija nuevamente, estar con Daisy como su amor en público, abrazarla. No podía volver, por la misma razón que se fue, por amor. Un amor que jamás podría tener, no otra vez al menos.

Debido a esto, la escena de Benjamín dejando atrás a su familia es profundamente solitaria, no tanto porque pase la mayor parte de sus décadas finales solo perse, sino porque abandona la esencia de lo que es. Deja a las personas que más lo marcaron en su vida. Es una muestra de qué a veces el amor también significa dejar ir, aunque eso nos haga perder quiénes somos.

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