Lo ocurrido en el bosque  

Venía regresando por la Autopista México-Querétaro a la ciudad de México, era una noche bastante estrellada, acababa de hacer un trabajo en la ciudad de Querétaro, desafortunadamente se averió el auto (eso supuse) y me orillé, abrí el cofre, pero solo fue automático, mis nulos conocimientos de mecánica automotriz no auguraban un buen porvenir, revisé las llantas mas desesperado que esperanzado, pensé para mis adentros “al menos no está cerca el Cartel de Santa Rosa de Lima”. Tomé de la guantera una linterna, revisé que tuviese pilas nuevas, al comprobar que funcionaba correctamente, me adentré en el bosque, todo parecía indicar que era un bosque de Encino, mi esperanza era encontrar a alguien que me pudiese ayudar, entonces vi a lo lejos una construcción iluminada.

La repentina felicidad por encontrar a un grupo de seres humanos, aunque sea lejos se convirtió en temor me pregunté: ¿y si son del cartel? Apagué la linterna y me acerqué agazapado cautelosamente iluminado únicamente por la luz que proporcionaba la luna llena, oí conversaciones y algo parecido a coros u oraciones en grupo, me sentí mas tranquilo al pensar que los miembros de un cartel no cantan, seguí caminando ya confiado hacia la construcción iluminada que al parecer se trataba de una cabaña vieja.

Entonces me asomé al interior de la cabaña, pensé que seguramente estaban orando y no quería interrumpirlos repentinamente. Mi previsión me salvó. Al asomarme por una de las ventanas de la cabaña logré ver a un grupo de entre 10-12 personas que bailaban y cantaban alegremente, en tanto degollaban a 2 chivos uno negro y el otro manchado además de dos gallos, en el centro de la ceremonia se encontraba una especie de olla grande rodeada de velas con lo que estoy casi seguro de que eran fémures, tibias ¿y un cráneo humano? El que supongo era el sumo sacerdote le había añadido manojos de hierbas y tierra.

Sentí un sudor frío recorrerme de la nuca hacia abajo, de ninguna manera quería ser miembro de tan extraño ritual, me volví a agazapar y retrocedí lentamente, pero para colmo oí detrás de la cabaña un aullido ¿sería un lobo o un coyote? No tenía intención ni tiempo de averiguarlo, me alejé rápidamente con dirección a la autopista, oí como salían varias personas de la cabaña y entre ellos gritaban que fueran por mí, corrí como alma que lleva el diablo, alcancé a ver a mi coche estaba como a unos 20-30 metros sobre la autopista y yo me encontraba en el interior del bosque, lo abrí, como pude metí la llave en el coche, arranqué el motor y me alejé a toda velocidad, eso fue todo señor policía.

  • ¿Y eso fue todo?
  • ¡Pues claro!, casi me matan.

El policía movía de un lado al otro la cabeza mientras me decía:

  • Amigo, tuvo suerte, todos por acá sabemos que a veces algunos miembros de los carteles se meten en Santería o Palo Mayombe y modifican sus rituales, acá nadie lo va a ayudar ¡no sea ingenuo!, el cartel nos paga más, debería agradecer que está vivo, mejor regrésese rápido a México, porque si mañana vienen a buscarlo por aquí, lo tendré que entregar al cartel.
  • Si han llegado hasta acá les agradezco la lectura de esta historia y de juzgarlo conveniente, les invito a que iluminen con puntos de luz esta historia.

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