
Gaspar Noe se calza la túnica del filósofo para hacer Irreversible.
Al invertir el orden del relato plantea un doble juego al espectador. Por un lado quiebra la lógica de las causas/consecuencias y plantea que en ese mundo no existe la ley de la acción/reacción de Newton. Por otro lado nos deja con un amargo sentimiento de determinismo en la boca. Lo que me sucederá en el futuro ya lo dejé escrito con las acciones de hoy.
Y la violencia explícita solo viene a remarcarnos con crudeza esa moraleja.




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