~ Estertor (2022) de S. Jallinsky y B. Marinaro.
Una de las protagonistas de Estertor es la respiración difícil y sibilante de un genocida que yace enfermo sobre su cama. Es un jadeo que se enuncia en el título y que anticipa un horizonte de expectativas posible desde el tono: tensión, agobio, malestar. 
El estado de inconsciencia absoluta no solo castiga al represor postrado, incapacitado por el Alzheimer. En realidad, este anciano es el pretexto narrativo para hacer vibrar al resto del elenco: un puñado de jóvenes tan impúdicos como inquietantes que no hacen más que concebir ese estadío de sus vidas como un mero pasatiempo. Son dos enfermeros, una cuidadora de mayor edad y una empleada encargada de las tareas de la casa. La falta de conciencia histórica, la actitud acrítica y la automatización del pensamiento en tiempos de urgencia y frenesí, así como la alienación y la pérdida de proyección a futuro, constituyen buena parte de los puntos conceptuales más atendibles de Estertor.
Y es gracias a las capas de sentido formales que despliega la película que podemos vislumbrar estos tópicos: un sinfín de sutilezas y detalles asoman entre la aparente pasividad indolente de los personajes. Ejemplo: la tensión intrínseca que se ciñe en sus miradas mientras sostienen diálogos cuya única finalidad parece ser incomodar (a ellxs mismxs, y al espectador, claro), aletargando silencios y, así, densificando la atmósfera de un departamento estándar que se torna cárcel opresiva. Una jaula que contiene a estas bestias y las sentencia a tan solo existir, sin un ápice de posibilidad de cambio y transformación que habilite una puesta en tensión de su estado de estancamiento absoluto. La escena del baile estrafalario mientras una muchedumbre se moviliza afuera al grito de “¡Alerta, vecinos, al lado de su casa está viviendo un asesino!”, resulta tan explícitamente obvia como crucial.
Recuperando una aseveración de Roger Koza, que hace poco se ocupó de la película en su página: “Advertencia: Estertor es la película argentina más incómoda de los últimos años”. Sobra decir que, lejos de significar esto algo negativo, se trata del principal atributo de la película, que merece ser vista.





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