El querido y popular director David Fincher se pronunció en contra de las salas actuales y apoyó de forma incondicional a Netflix. Claro, todo en el marco de su última película “El Asesino”, estrenada en la plataforma.
El director estadounidense es palabra mayor en el mundo del cine y sus palabras no pasaron desapercibidas:
“El cine tendría que convertirse en un lugar de vanguardia, y no en ese lugar húmedo, maloliente y grasiento que sigue siendo, con muy pocas excepciones, escatimando en todos los gastos necesarios”.
A ver, todos nos topamos con salas de cine en pésimos estados: butacas incómodas, sonidos bajos o pantallas más chicas. Y claro está, la comodidad del hogar pocas veces se puede igualar.
O el poder de frenar una película en el momento que quieras, ajustar el volumen a gusto y placer y tener todo el control posible de la situación, sin ruidos molestos de otras personas.

Pero, ¿una cosa combate a la otra? Mi respuesta es firmemente un no. Son experiencias totalmente diferentes en las que ambas están bien. Si Fincher está atacando directamente a los dueños o responsables de las salas en mal estado, estoy en completo acuerdo, pero ponerse en contra de la experiencia de ir a ver una película a un establecimiento no me parece lo más acertado.
“Netflix es el futuro del cine”, remató el director, haciendo énfasis en que si no hay salas en buen estado, no se podrá “salvar el cine a nivel cultural”.
¿Opiniones? ¿Ustedes qué prefieren?




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