Die Hard 2 y por qué es inferior a su predecesora 

Navidad. Desde hace décadas, muchas películas utilizan esta época de fiestas como un tema central para contar una historia. Desde It's a Wonderful Life, de Frank Capra, hasta películas más recientes como Spirited, con Will Ferrel y Ryan Reynolds o las fallidas secuelas de Home Alone (Mi pobre angelito en Hispanoamérica y Solo en casa en España), las películas navideñas no son extrañas de las salas de cine. Pero una de las películas navideñas más populares no es, técnicamente, una película navideña: Die Hard. Y es que a pesar de estar ambientada en Navidad, esta no era relevante para la historia. Pero lo importante es que este clásico de 1988 y su secuela, sobre la que voy a hablar, son sinónimos de la Navidad para mucha gente.

1988. Die Hard se estrenaba en Estados Unidos. Luego de considerar a varios actores para el papel, Bruce Willis se convertía en la estrella de la que iba a ser una de las películas de acción más influyentes de la historia del cine.

En aquella época, el cine de acción nos ofrecía nada más que máquinas de matar, violencia gratuita y lluvias de balas durante 90 intensos minutos. Era un entretenimiento tonto y casual que no iba más allá de rellenar una tarde aburrida de domingo o perder el tiempo cuando no se tiene otra cosa que hacer. Pero Die Hard era diferente: realista, seria, más o menos dramática y con un protagonista perfectamente humano, que sangraba, se lastimaba, se equivocaba y, sobre todo, podía morir.

La película fue un éxito en taquilla y la huella que dejó en el cine de acción se puede ver incluso hoy en día, con muchas películas que, a grandes rasgos, pueden compararse con lo que hizo Bruce Willis a finales de la década de los 80. Y, siendo un éxito comercial, era evidente que iba a tener una secuela. “Las secuelas nunca son buenas”, se dice a veces. Y esta no era una excepción.

Die Hard tenía un gran impacto porque era algo que no se había visto antes. Die Hard 2, por otro lado, era más de lo mismo. Una premisa sospechosamente similar, escenas de acción que casi dejan al espectador con una fuerte sensación de déjà vu y muchas situaciones ya vistas.

Die Hard 2 era una tomadura de pelo de parte de Hollywood. Porque lo que funciona una vez, tiene que funcionar 2 veces, ¿o no? No debería ser así. Como espectadores, deberíamos exigir más. Más calidad, y más variedad. Poder ir a tu cine de preferencia y encontrar en cartelera una película de la que no sabes qué esperar, pagar tu entrada y maravillarte frente a algo nuevo y original es una experiencia invaluable que creo que todos deberían poder tener algunas veces en la vida. Die Hard era exactamente esto; su secuela es el perfecto paradigma de todo lo que está mal en la industria cinematográfica: repetición, repetición, falta de nuevas ideas, abuso de nombres y licencias ya existentes, guiones flojos y, sobre todo, repetición.

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